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Ucrania, ¿por qué ahora?
Lun, 14/02/2022 - 09:28

Farid Kahhat

Las buenas noticias que trae el fallido atentado a Times Square
Farid Kahhat

Peruano, doctor en Relaciones Internacionales, Teoría Política y Política Comparada en la Universidad de Texas, Austin. Fue comentarista en temas internacionales de CNN en español, y actualmente es profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la PUCP (Perú) y analista internacional.

Pese a su rivalidad geopolítica, la Unión Soviética no usaba sus exportaciones de gas a la Unión Europea como instrumento de negociación política: esa práctica comenzó en 2009 con la Rusia post-soviética, cuando ese país cortó los suministros a Europa que atravesaban territorio ucraniano. Los países de la Unión Europea derivaron dos lecciones de esa experiencia. La primera fue diversificar sus fuentes de energía, para depender menos del gas ruso. Por ejemplo, desarrollar energías renovables o construir plantas de regasificación para importar gas licuado de otros proveedores. La segunda lección fue diversificar los gasoductos a través de los cuales obtenían gas de Rusia, para depender menos de aquellos que atraviesan Ucrania (para lo cual se construyeron gasoductos con nuevos trayectos).

El problema es que esas dos lecciones no se implementaron con la misma celeridad. La razón es que, mientras cuando comience a operar el gasoducto Nord Stream 2 Europa dejaría de depender de los gasoductos que atraviesan Ucrania, obtener gas de Rusia sigue siendo la mejor combinación de costo y eficiencia para cubrir las necesidades energéticas de Europa. Por eso, más de un tercio de las importaciones europeas de gas natural aún provienen de Rusia.

Pero, aunque lenta, la tendencia es a que la Unión Europea dependa cada vez menos del gas proveniente de Rusia, lo cual provee la primera respuesta a la pregunta del título: mientras más tiempo tarde Rusia en resolver sus conflictos de interés con la OTAN en torno a Ucrania, menor será la importancia de sus exportaciones de gas como instrumento de negociación. De hecho, es probable que hoy esas exportaciones de gas le den a Rusia un poder de negociación que no le volverán a proveer en el futuro. Por ejemplo, desde su punto más bajo en 2020, los precios del gas que importa Europa se incrementaron en más de un 800% hacia fines de 2021, según el diario Financial Times.

Otra razón para explicar el momento de esta crisis, es el cambio en la relación de fuerzas militares. Cuando en 2014 Rusia ocupó y anexó la península de Crimea, Ucrania ni siquiera intentó resistir. Y, aunque siempre tendrá una fuerza convencional inferior a la de Rusia, las fuerzas armadas ucranianas se han beneficiado desde entonces del armamento y adiestramiento que han obtenido de países integrantes de la OTAN. Además, desde 2014, decenas de miles de ucranianos han obtenido experiencia de combate en la región de Donbás, enfrentando a las milicias aliadas de Rusia. Mientras más tiempo pase, mayor será el costo que las fuerzas ucranianas estén en capacidad de infligir a Rusia por buscar sus objetivos políticos a través de medios militares. Dicho sea de paso, esa es una razón por la cual una ocupación integral y prolongada de Ucrania no es verosímil: en ese escenario Rusia enfrentaría una insurgencia pertrechada y respaldada por países de la OTAN, como la que enfrentó la Unión Soviética en Afganistán (con las consecuencias que conocemos).

Me encuentro entre quienes creen que, aunque ciertamente desde una posición de fuerza, Rusia busca una solución negociada a la crisis de Ucrania. Pero en la medida en que emplee la coerción, sería con objetivos acotados y apelando a combinaciones ad hoc de los múltiples medios a su disposición (desde ataques cibernéticos hasta operaciones militares convencionales, pasando por acciones de sus aliados locales). Y, si Rusia decide emplear blindados en territorio ucraniano (es decir, si decide invadir), el momento más propicio (aunque no el único posible), sería después de que lleguen a su fin tanto las negociaciones como las olimpiadas de invierno en China (a las cuales Putin planea asistir), pero antes de que se inicie el deshielo primaveral (es decir, entre fines de febrero y mediados de marzo).

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