Buenos Aires. Desde la mirada de Juan Carlos Magliati, un kiosquero argentino dedicado al comercio en Buenos Aires desde hace unos 30 años, la fuerte devaluación del peso registrada este año en el país ha deparado en restricciones en el consumo y en una generalizada sensación de inestabilidad que arroja incertidumbre dentro de la población frente al año 2019.

Menores recursos destinados a la recreación y el esparcimiento, sustitución de marcas de alimentos por otras de menor calidad, y anulación de gastos "innecesarios", son parte de las medidas que toman los argentinos para hacer frente a la inflación, tras la abrupta alza del dólar que vivió el país con picos en mayo y agosto pasado.

También fotógrafo, Magliati narró a Xinhua que su primer emprendimiento en la capital fue un estudio de fotografía instalado a escasas cuadras del Congreso nacional, en el año 1987. En los años siguientes pudo ampliar su negocio a tres tiendas, de las cuales hoy queda sólo una "por razones técnicas y económicas del país".

"Estamos finalmente, (desde) hace dos años, con un agregado que es el kiosco. (Trabajamos con) fotografía y kiosco, es un nexo para sumar por el tema actual de la economía, con todo el epicentro que tiene en este año", comentó.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el comercio mayorista y minorista fue la actividad más golpeada este año por la devaluación, con una caída durante octubre de 11,2% respecto al mismo mes de 2017.

Para Magliati, el impacto "fue bastante considerable; en escala se fueron incrementando los precios, es difícil la compra y sostener los precios. Se impacta nuevamente a los 15 días, con todas las marcas, con todos los proveedores. Eso hace difícil que como comerciantes tengamos una economía estable, viable y manejable".

 

A principios de año, el dólar estadounidense se cotizaba en unos 18,74 pesos por unidad, y pasó a valer 39,05 pesos por unidad el 20 de diciembre; mientras tanto, la inflación acumulada a noviembre fue de 43,9%, y analistas consultados por el Banco Central (BCRA) estiman que sobrepase el 47% al cierre de año.

Aunque ya el año pasado Argentina había cerrado con la segunda inflación más alta de América Latina (25%), sólo superada por la de Venezuela, el 2018 fue cumbre en materia de suba de precios, lo cual también ha impactado en el empleo y, por ende, en un clima de inestabilidad generalizado.

"El tema es muy inestable (...) Yo como comerciante veo estados de ánimo muy cambiantes en la gente que día a día viene a tomar un café, y ya no compran una caja de cigarrillos, sino cigarrillos sueltos", ejemplificó Magliati.

Pero el traslado a precios del factor devaluación impacta, en versión del comerciante, con mayor ahínco en las familias con hijos pequeños, donde las restricciones llegan inclusive a los alimentos, considerando no sólo las marcas sino las cantidades de consumo.

El costo de la Canasta Básica Alimentaria en Argentina aumentó en noviembre 54,1% interanual, mientras que si a ésta se incorporan servicios (Canasta total) llega a un incremento del 57,3%, según datos oficiales.

Un hogar de cuatro miembros, conformado por dos adultos y dos niños requiere actualmente ingresos por 10.122,9 pesos (US$259,5) sólo para satisfacer necesidades alimentarias básicas.

 

Ese mismo grupo familiar debe contar con ingresos por 25.206,03 pesos (US$646,3) para costear alimentos más servicios básicos, y así no descender por debajo del umbral de la pobreza y la indigencia.

Pero sumado a los cada vez más cuantiosos ingresos que se requieren, otro problema generado por la devaluación es el desempleo, que aumentó cerca de un 1% en el tercer trimestre de 2018.

"El tema laboral también se ha visto afectado, hay un tema social muy marcado; hay que ver en qué tiempo se repara este impacto social. El epicentro es el tema económico que hace impacto en el estado de ánimo de las personas, que es de lo que más se habla hoy entre la población", manifestó Juan Carlos Magliati.

La expectativa generalizada es que en el año 2019 se logre controlar la inflación, y que desde la dirigencia política y económica se apliquen medidas que apunten al crecimiento y no al enfriamiento o retroceso de la actividad económica.

Para Magliati, la situación actual de Argentina requiere "una mirada equilibrada" desde la dirigencia, junto a más "sensatez en las medidas económicas" y mayor protección a los sectores vulnerables.