Davos. El foro de Davos, que empieza este martes y va hasta el viernes, llega este año a su edición número 50 con la ambición de reinventarse y convertirse en un centro de ideas para el futuro del planeta, pero su imagen de “club de ricos” para la élite mundial podría dificultarle la tarea.

Para la edición de 2020, la número 50, los organizadores han invitado a jóvenes activistas como la sueca Greta Thunberg o el estadounidense Micah White, uno de los fundadores del movimiento Occupy Wall Street. Desde que en 1971 el economista alemán Klaus Schwab organizó el primer foro en Davos, la población del mundo pasó de 3.700 a 7.700 millones de personas, de las que más de la mitad usan internet. 

En paralelo la temperatura terrestre aumentó de un grado, la cuota de China en el PIB mundial se ha multiplicado por cinco y terminó la Guerra Fría sin que haya nacido todavía un nuevo orden mundial. Como apunta el historiador Pierre Grosser, “a partir de 1989 hemos sido incapaces de calificar el mundo”.

La nueva edición del Foro de Davor llega además en momentos en que el crecimiento económico global pierde fuerza y aumentan los conflictos comerciales, mientras se anuncian grandes cambios debidos a la digitalización.

"Cada uno de estos temas supone, por sí solo, un reto enorme”, dice Borge Brende, antiguo ministro noruego de Exteriores y actual presidente del Foro Económico Mundial de Davos (WEF por sus siglas en inglés). "En total, se trata de una tarea ingente, que no puede llevarse a cabo solo con trabajo conjunto”.

De hecho, falta cada vez más la voluntad de cooperación. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es un declarado enemigo de los acuerdos multilaterales y el nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, también recurre a los argumentos nacionalistas. En Europa, todo parece girar alrededor del "brexit”. En Italia mandan los populistas, en Francia protestan los "chalecos amarillos”, Cercano Oriente sigue siendo un polvorín y China exhibe músculo hacia Taiwán.

Klaus Schwab, presidente gestor del WEF, considera el encuentro de Davos, fundado por él en 1971, como un lugar de entendimiento. "El diálogo para facilitar el entendimiento del contrario es hoy más importante que nunca", dice Schwab.

Mirada hacia el futuro. El WEF se dedica este año temáticamente a los efectos de la globalización y la digitalización industrial. El objetivo es prefigurar el futuro bajo el lema "Globalización 4.0. A la búsqueda de una arquitectura global en la época de la cuarta revolución industrial”.

"El mundo carece de visiones”, dice Klaus Schwab. "El WEF puede contribuir en este sentido”, asegura, aunque dice ser consciente de que las propuestas de las elites son vistas por muchos ciudadanos con creciente escepticismo. "Las elites no parecen ser dignas de confianza  cuando hay unas elecciones a la vista o se avecina un nuevo informe trimestral de cuentas”, dice Schwab. "En Davos, por el contrario, buscamos de forma consciente un enfoque a largo plazo. Nos orientamos hacia las oportunidades y queremos darles forma”.

Schwab considera que, aunque la globalización sea un hecho y muchos hayan salido ganando en el proceso, ni él ni el WEF piensan que todo deba someterse a las libres fuerzas de los mercados. Schwab dice que él ya advirtió en 1996 de que la globalización en su forma actual no era sostenible. "Creo que la ‘globalización 4.0' debe ser más inclusiva y sostenible”, asegura. "Y debe basarse más en principios morales. Necesitamos una moralización o una ‘remoralización' de la globlalización”, concluye. 

*Con información de DW y El Espectador.