West Orange. Megan Helsel, kayakista especializada en vida salvaje, tiene el trabajo de sus sueños, y T’angelo Magee está avanzando hacia él: ser piloto comercial. Ambos dicen que su empleo es fundamental para su identidad. Ambos tienen una discapacidad.

En los últimos meses, estadounidenses con impedimentos tanto físicos como cognitivos han entrado a la fuerza laboral a un ritmo más rápido que aquellos sin esas características, según datos recopilados por organizaciones que trabajan con personas con capacidades diferentes.

El Día del Trabajo de este año puede ser la primera vez que las personas con minusvalías de Estados Unidos recuperen una tasa de empleo que fue alterada por la Gran Recesión de 2008.

Los avances son resultado de nueva tecnología y mayor flexibilidad, con menores barreras para el desplazamiento, según expertos. Pero también reflejan un mercado laboral ajustado -apenas un 3,7% de desempleo- en el que los empleadores consideran a candidatos previamente desechados.

En 2016, Helsel trabajaba con su kayak en recuento de aves y otros proyectos de vida silvestre para el Departamento de Agricultura en Nueva Jersey cuando un tumor no detectado estalló en su columna vertebral, dejándola paralizada de la cintura para abajo.

El Día del Trabajo de este año puede ser la primera vez que las personas con minusvalías de Estados Unidos recuperen una tasa de empleo que fue alterada por la Gran Recesión de 2008.

Cuando el médico le dio la noticia, la primera pregunta de Helsel fue sobre e regreso al trabajo. “Él dijo: ‘Probablemente nunca volverás a caminar’. Le pregunté: “¿Cuándo podré volver al kayak?”, recordó Helsel, de 32 años.

La tecnología ha ayudado a Helsel y otras personas discapacitadas a entrar en las nóminas, con aplicaciones como Venmo, que permite a los trabajadores con movilidad reducida facturar fácilmente a los clientes, y VoiceOver de iPhone, que permite realizar negocios a quienes tengan discapacidad visual.

Los avances más especializados incluyen un brazalete de pierna estimulante electrónico que usa Helsel en lugar de un aparato ortopédico más voluminoso que la restringe a usar zapatillas de deporte. El brazalete le permite ponerse botas térmicas necesarias para navegar en kayak por las frías aguas invernales.

Amenaza de recesión. Helsel es una de los cerca de 15 millones de estadounidenses con discapacidad entre 16 a 64 años, aproximadamente el 7% de todos los estadounidenses en edad laboral, según la Encuesta Continua de Población (CPS, por su sigla en inglés) de julio de la Oficina de Estadísticas Laborales.

La participación en la fuerza laboral de los estadounidenses con discapacidad en edad laboral aumentó 6,5% en julio respecto al año anterior, en comparación con un aumento de 0,3% para las personas sin impedimentos, de acuerdo con Tendencias en Empleo con discapacidad (nTIDE), informe mensual publicado por la Fundación Kessler, organización sin fines de lucro, y el Instituto de Discapacidad de la Universidad de New Hampshire.

Es parte de un fortalecimiento de dos años del mercado laboral para los estadounidenses con discapacidades tras la recesión de 2008, que eliminó los empleos para los trabajadores con discapacidades a un ritmo más rápido que para aquellos sin discapacidades, dijo John O’Neill, director de empleo y investigación sobre discapacidad en la Fundación Kessler.

La tasa de empleo de los trabajadores con discapacidad fue del 32,7% en 2008 y cayó al 24,1% en 2014.

 

Si bien los trabajadores con discapacidad también sufrieron pérdidas de empleo, recuperaron las tasas de empleo anteriores a la recesión en junio de 2017 y, manteniendo el impulso, sus números de trabajo son más altos que nunca.

Magee, operador de maquinaria pesada que quedó paralizado del pecho hacia abajo en un accidente de motocicleta, ha tenido 26 entrevistas de trabajo en los últimos seis meses para puestos de oficina.

“En el currículum y en las entrevistas telefónicas, es como si fuera el candidato perfecto. Luego, cuando llego allí y ven que estoy en la silla de ruedas, todo cambia”, dijo Magee, de 32 años, quien terminó iniciando su propio negocio de servicio de notaría móvil en Hackensack, New Jersey.

Su objetivo profesional es pilotar aviones pequeños para viajeros comerciales.

El veterano del ejército, casado y con una hija de 3 años, este año recibió entrenamiento en un avión con controles adaptativos. Fue uno de 10 seleccionados entre 27.000 solicitantes para el programa Able Flight y ahora busca capacitación similar para su licencia comercial.