No cabe duda de que México sufre un annus horribilis este 2020. Recientemente el Instituto Nacional de Estadística y Geografía mexicano (Inegi) daba a conocer que el PIB del segundo trimestre de 2020 cayó 17,3% respecto al trimestre anterior, lo que supone el retroceso más profundo de su economía desde que se tiene registro. Y es que la pandemia del COVID-19 ha propinado un fuerte golpe a las principales fuentes de ingresos del país: petrolera, manufacturera y turística, generando una crisis de empleo, con más de 500.000 empleos perdidos. Y el país norteamericano ya llegó mal al escenario de pandemia. De hecho, México suma ya 12 meses de contracción económica. “No es que México estuviera creciendo y se detuvo. Llevábamos seis trimestres sin crecer o creciendo negativamente”, dice Jorge Castañeda, exsecretario de Relaciones de México, político local y ferviente crítico de la gestión de Manuel Andrés López Obrador (AMLO). Para Castañeda, el manejo de la crisis del presidente de México ha sido muy mala y AMLO, que ha optado por no inyectar dinero a la economía, es responsable por lo menos de la mitad del mal resultado del país, que lo sitúa entre los peores parados a nivel global. AméricaEconomía charló con el político sobre el difícil momento por el que pasa México.

  • - ¿Cómo ha manejado AMLO la pandemia?

Creo que tanto las encuestas, como la opinión publicada por los corresponsales y la mía coinciden en que lo ha hecho muy mal, y por varias razones. Primero, porque tardó mucho en aceptar que [el COVID-19] era una cosa muy seria, grave y peligrosa. Tardó mucho en aceptar la gravedad del asunto.  El segundo lugar, nunca quiso hacer pruebas y, hasta la fecha, México es uno de los países que hace menos pruebas por habitantes. Entonces, todo ello dificultó enormemente la contención y la ubicación de la enfermedad y los contagios. Tampoco ha querido recopilar los números de muertos de una manera eficaz para saber cuántos hay realmente. Todos los cálculos nos dicen que el número oficial de muertos [46.000] es tres o cuatro veces menor que el número de muertes esperadas. Por último, no quiso apoyar ni a las empresas ni a los trabajadores que perdían su empleo y eso es algo muy grave en México, donde no existe seguro de desempleo. Él no quiso hacer tampoco ningún paquete fiscal, como Chile o Alemania. Eso hace que el efecto sobre la gente haya sido tremendo.

Ahora, lo que sí hizo bien es que nunca se le llenaron los hospitales y ese fue uno de sus objetivos desde un inicio: que no se rebasara la capacidad de los centros médicos. Pero hay mucha gente que dice que México tiene una propensión muy particular, de la que no estoy seguro, y es que la gente prefiere morir en su casa que en el hospital. Entonces, los mexicanos no fueron a los hospitales no porque López Obrador adecuó su política sino porque no van a morir a estos.

  • - La crisis ha golpeado a la economía mexicana, pero las perspectivas de crecimiento para este año de por sí eran malas.

Sí. Ya en 2019 la economía decreció 1,3% y los tres primeros meses de este año fueron muy malos. No es que México estuviera creciendo y se detuvo el crecimiento [con la pandemia]. Llevábamos seis trimestres sin crecer y encima de esto viene la crisis.

  • - ¿Qué porcentaje de la culpa del decrecimiento es de AMLO? Se habla de una caída de entre el 8% y 10% del PIB mexicano este año. ¿Cuánto es responsabilidad de su mala política económica?

Por lo menos la mitad. Muchos países han inyectado una enorme cantidad de dinero a sus economías de alguna manera u otra, pero López Obrador no le metió absolutamente nada. Lo único que hizo fue mantener los programas sociales que ya tenía y, en algunos casos, adelantarlos un poco. Por ejemplo, se ha pagado tres meses de golpe una pensión para adultos mayores. Pero finalmente se ha pagado lo mismo. Entonces, si tomas eso en cuenta y consideras que la economía ya venía cayendo y no quiso hacerle ningún caso al empresariado cuando propuso una serie de medidas para mantener el empleo, por lo menos la mitad de la culpa de la contracción es suya. 

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"Muchos países han inyectado una enorme cantidad de dinero a sus economías de alguna manera u otra, pero López Obrador no le metió absolutamente nada. Lo único que hizo fue mantener los programas sociales que ya tenía y, en algunos casos, adelantarlos un poco".
  • - ¿Qué hay detrás de esa política del presidente? ¿Qué lo motivó?

Hay dos cosas, una que él dice y otra que no. Lo que sí dice es que él quedó muy marcado por el rescate económico de 1995, sobre todo el rescate a los grandes bancos mexicanos con enormes sumas de dinero, que hoy se siguen pagando. Rescatando a los ricos y cargándole el dinero a los pobres. Él dijo que no iba a hacer eso, que esta vez no iba a ser así; que los ricos se las averiguaran como pudieran y que él solo iba a apoyar a los pobres a través de sus programas sociales. Esa era su teoría. En parte es cierto que hubo mucha corrupción y mucho exceso en el rescate de 1995, pero también es verdad que, como no había seguro para depositantes, si no rescataban a los bancos no se podía salvar a los depositantes. La otra explicación –y que no reconoce– es que él pensaba que Estados Unidos iba a sacarnos de la contracción al darse una recuperación rápida y muy vigorosa en ese país.

  • - ¿Creía eso realmente?

Sí, porque mucho lo dijo a propósito de las remesas, que, hasta ahora, no han disminuido y nadie entiende por qué. Segundo, porque tenía cierta lógica esperar que si se reactiva la economía de Estados Unidos, en forma de V, eso jalara a México, ya que el sector exportador mexicano tiene como principal destino Estados Unidos y debido a todo el turismo que viene al país desde Estados Unidos. No es que Donald Trump regalara dinero. Una parte muy grande de la economía mexicana pertenece a la economía estadounidense por lo que si se reactiva su economía también lo hace un sector de la economía local. El problema es que, por lo menos hasta ahora, la reactivación de la economía de Estados Unidos no está teniendo lugar a los ritmos y las tasas que se esperaban, y por eso Trump está tan jodido. Por otro lado, ese sector que sí está respondiendo en México, si bien no es pequeño, no es del tamaño del país. Por ejemplo, la industria automotriz se puede recuperar muy rápidamente, pero emplea a alrededor de 900.000 personas, que trabajan en las empresas de autopartes, ensambladoras o venden tacos afuera de las fábricas. Es mucho y es poco porque México es un país con 130 millones de habitantes.

  • - AMLO ha mostrado que no confía en la inversión privada y que le gustan los proyectos grandes y estatales, particularmente en el sector energético. ¿Cómo está impactando eso en la inversión privada y externa del país?

Las cifras no son fáciles de estudiar, pero la inversión como porcentaje del PIB ha bajado de alrededor de 21% en 2018 al actual 17%. Es una caída bastante fuerte. En segundo lugar, la inversión pública mexicana parece que se ha mantenido, por los grandes proyectos, a través de la refinería de Pemex, el nuevo aeropuerto de Ciudad de México o el Tren Maya. Pero no hay números claros sobre esta inversión, que de todos modos es una parte pequeña del total y supone tres puntos de esos 21 de inversión. Luego, la inversión extranjera representa dos o tres puntos. Parece que esta se estancó el primer año [de gestión de AMLO] y este año ha bajado ligeramente. Pero los números no son muy confiables, porque el gobierno los está maquillando un poco. Lo que sí parece ser un hecho es que la inversión privada mexicana se ha detenido muchísimo.

  • - Según Financial Times, empresas de Estados Unidos, Canadá y Europa están presentando demandas para proteger sus inversiones en México en el sector eléctrico, pero también en otros y A.T. Kearney dijo que el país podría salir de entre los países más atractivos para la inversión. ¿Cuánto hay de cierto y cuánto de fantasía?

Para resumir, López Obrador quiere echar para atrás las reformas energéticas que se han hecho en México en los últimos años. Estas llevaron, en primer lugar, a que hubiera una buena cantidad de generación de electricidad por privados, que autoconsumen y luego venden sus excedentes  a la Comisión Federal de Electricidad, CFE, , que es el monopolio de distribución y venta. Eso se suma a una serie de reformas que se hicieron para generar energía eólica y solar, que tienen muchas posibilidades en el país y han crecido mucho. Finalmente, hay una reforma de petróleo que permitió que se entregaran ciertos bloques petroleros a empresas extranjeras y asociaciones de Pemex con compañías para ciertos campos. López Obrador odia todo eso, por razones ideológicas, históricas y hasta regionales, porque él es de Tabasco y buena parte del nuevo petróleo del país en los últimos 50 años se encontraba en Tabasco. No obstante, no ha querido echar para atrás la reforma constitucional que permitió todo eso. La manera cómo lo está haciendo es con decisiones administrativas; por ejemplo, no dando más permisos para permitir la entrada en línea de las [energías] renovables en construcción. Con estas medidas, que no tienen que pasar por el Congreso y que no requieren mayoría constitucional, espera revertir en los hechos la reforma energética y volver a la situación de monopolio de Pemex y la CFE. Al ser un tema administrativo, las empresas demandan al gobierno, Pemex o la CFE, sobre todo ante los paneles de solución de disputas de los tratados de libre comercio. Y las compañías también pueden escribirle a Trump o a Justin Trudeau y decirle “oye, háblale a López Obrador y dile que no joda, porque esto son inversiones nuestras muy grandes que hay que proteger”.

  • - Pemex perdió 30.000 millones de pesos mexicanos (alrededor de US$ 1.255 millones) en el segundo trimestre de este año, ¿cómo le pega ese resultado financieramente al país?

Le pega tremendo. Son unos hoyos gigantescos y Pemex debe ser rescatada sistemáticamente por Hacienda, que le mete dinero de distintas formas. El año pasado se comieron la mitad de un fondo de estabilización fiscal que se creó hace 15 años para momentos recesivos. Luego lo que hace el Gobierno es salir a los mercados y conseguir dinero mucho más barato que Pemex y pasarle el dinero.

  • - ¿México podría perder su grado de inversión con esta política?

Primero perdería el grado de inversión Pemex. Es una empresa muy respaldada por el estado mexicano. Aunque no tiene garantía formal, en realidad es lo que se llama United Mexican States (Estados Unidos Mexicanos). El riesgo es que si Pemex pierde el grado de inversión, el país también lo pierda. A la larga son dos eventos posibles.

 

 

  • - México tiene ante sí un contexto muy negativo y a AMLo le queda mucho tiempo como presidente. ¿Hacia dónde va a ir el país en los próximos cuatro años?

Efectivamente faltan cuatro años y medio más [de gestión de AMLO]. El daño que se le ha hecho a México en este año y medio es enorme. El daño económico, en seguridad, –porque la violencia sigue subiendo y los cárteles se siguen fortaleciendo–, con la pandemia, la crisis económica, la falta de inversión etc., va a ser muy difícil de remontar en lo que queda de sexenio. Los expertos vaticinan una caída del PIB del 11% o 12% este año y una recuperación el próximo de no más del 4%. Entonces, durante la primera mitad del sexenio, la economía habrá caído más o menos un 8% y el PIB per cápita, 11%. Recuperar eso en tres años es prácticamente imposible. Vamos a terminar el sexenio en 2024 con un PIB per cápita inferior al que recibió López Obrador.

  • - ¿Hay alguna forma de mitigar el daño que se espera para el final de sexenio a través de la política?

Hay dos cosas. Primero, hay elecciones en la Cámara de Diputados en 2021, y si su partido, Morena, pierde su mayoría (hoy tiene dos tercios) eso le dificulta mucho segur haciendo locuras, porque no puede cambiar la Constitución. El presupuesto de ingresos lo aprueban la Cámara de Diputados y el Senado, pero el de egresos lo aprueba la cámara baja. El instrumento principal para hacer estas locuras es el presupuesto, que es gigantesco, de alrededor de US$ 250.000 millones. Es mucha plata. Hay otro elemento importante: López Obrador metió una reforma constitucional que la oposición no pudo parar e introdujo la revocación de mandato. Y esta ya tiene fecha: el 21 de marzo de 2022. La gente podrá votar si se queda o se va. Él lo hizo, nadie se lo pidió. Es un detalle importante, porque puede perder.

  • - ¿Cuál es la posición de México en la guerra entre Estados Unidos y China?

La verdad es que no es un tema que afecte mucho a México, por ahora. Tenemos muy poco comercio con China, porque no tenemos commodities. Nuestro perfil de comercio exterior es distinto al de Chile o Perú. No exportamos cobre, soja, hierro o petróleo y todo el petróleo que exportamos se envía a Estados Unidos. Tampoco hay inversión china en México, porque ésta en general se va a temas de commodities. Entonces, en términos económicos la relación de México con China es muy pequeña. En segundo lugar, hasta ahora, los presidentes mexicanos han sido muy cuidadosos con no picarle el ojo al tigre asiático. Es una postura parecida a la que tuvimos con la Unión Soviética entre 1920 y finales de los 80. Nunca le hicimos el juego de oponer una superpotencia a otro y no nos vamos a meter en pleitos.

  • - ¿Cómo evalúas la posición de México en la Alianza del Pacífico con AMLO?

Creo que dejó de existir para todos los fines prácticos. Nunca fui un gran fanático de la Alianza del Pacífico. Siempre pensé que era algo mucho más artificial y falso de lo que decían Juan Manuel Santos y Bachelet. Nunca creí en eso, sobre todo para México, porque los números no dan. Puedes quitar la visa para los colombianos que vienen a México, pero vienen ocho. Puedes bajar aranceles, pero las exportaciones a estos países son mínimas. Las inversiones mexicanas sí son mayores, sobre todo en Colombia, algo más en Perú y poco en Chile. Pero eso no te alcanza para una Alianza del Pacífico. Y López Obrador simplemente no le interesa en lo más mínimo. Peña Nieto lo invitó a la última cumbre en Puerto Vallarta en 2018 para que conociera a los otros presidentes y no quiso ir.

  • - ¿Cómo cambia el nuevo tratado con Estados Unidos y Canadá en cuanto a oportunidades para México?

Comparado con la alternativa, que era que nos quedáramos sin tratado, esto es mejor para el crecimiento económico de México. Comparada con la alternativa preexistente, es peor éste que aquel. No porque no contenga algunas cosas positivas desde el punto de vista social, laboral y ambiental, que sí las contiene, sino como detonante de inversión. Era preferible el anterior para no crear nuevas reglas, que tienen unas complejidades técnicas de pesadilla. Por ejemplo, los obreros mexicanos tienen que ganar US$ 16 la hora. El reto contable es enorme. A la larga para el país me parece muy positivo, porque impone normas laborales, sindicales y ambientales muy draconianas que México nunca hubiera aceptado bajo otras circunstancias. Son muy negativas para el empresariado, pero muy positivas para los trabajadores.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                *Fotografías: Jorge Casteñeda y Reuters