Ha pasado casi un año desde la última vez que Jaime Carey firmó un papel. Como socio administrador del estudio de abogados Carey en Chile, parte de su actividad diaria era estampar su rúbrica en cheques, files, expedientes y otros documentos físicos. Tras la irrupción del COVID-19 en la región, la firma digital se convirtió en una gran aliada para su trabajo de todos los días.

“Esta pandemia ayudó a derribar muchos mitos. A mí me costaba mucho el tema paperless y desde marzo del año pasado no he visto ni un solo papel físico. El trabajo remoto no fue algo tan difícil. Creo que había más de un prejuicio sobre el home office. En el estudio tomamos la decisión bastante temprana de cerrar la oficina. Esta situación nos tomó más preparados tecnológica y humanamente”, dice Carey.

De esta forma, esta firma chilena adoptó el trabajo remoto como única modalidad de operación para sus 600 trabajadores, entre abogados y personal administrativo y de áreas de soporte. Y es que la gran mayoría de estudios de abogados de América Latina, tomó esa decisión y ha venido operando con buenos resultados, a pesar de un panorama inicial poco alentador para la industria de servicios legales.

Es el caso de Hernández & Cía. Abogados, estudio peruano basado en Lima que a la fecha tiene a sus más de 160 trabajadores trabajando desde casa. “Afortunadamente, hemos podido mantener a todo el equipo con el 100% de sus remuneraciones e incluso hemos podido darnos el lujo a finales de 2020 de incorporar a 10 nuevos abogados”, comenta Juan Luis Hernández, socio gerente de este estudio. 

Una vez que toda la plana estaba trabajando segura desde casa, la siguiente gran preocupación fue una posible y dramática caída de carga laboral. Al respecto, Arnaldo Gorziglia, socio de la firma Arteaga Gorziglia, ubicado en el barrio El Golf en Santiago, comenta que ese temor inicial hizo que algunas firmas tomaran medidas anticipadas.

“Muchos estudios tomaron medidas apresuradas como recortar sueldos o desvincular gente, porque hubo una sobrerreacción de lo que podría pasar respecto a la caída del trabajo legal. No obstante, a pesar de este susto inicial, nos dimos cuenta rápidamente, al cabo de dos o tres semanas, de que el trabajo no cayó, sino que cambió”, dice. “Yo hago mucho M&A y estaba en tres operaciones y se pararon, pero por otro lado empezó muy fuerte el trabajo del tema laboral. Tenemos muchos clientes del sector retail. Somos abogados de Walmart y esta compañía tenía muchas consultas sobre el funcionamiento de su sala, de su supermercado, porque salió una cantidad tremenda de regulaciones. Nuestra labor se volcó a ese tipo de trabajo y nos pasó con muchos otros clientes en el área industrial también”.

Del mismo, modo, Jaime Carey comenta: “Al principio todo el tema laboral era muy importante porque las empresas no sabían qué hacer con los trabajadores, si suspenderlos o desvincularlos. Esa área tuvo mucho trabajo, sobre todo de los socios y la gente mayor porque eran problemas complicados y urgentes. Los clientes no tenían tiempo para tratar con abogados  juniors y con poca experiencia. Los mayores trabajamos mucho más que en años normales porque tuvimos que estar mucho más cerca de los clientes”.

Para Wilfredo Murillo, socio en Perú de Gericó Associates, consultora internacional de márketing y management para abogados, Chile ha sido el país donde la industria de servicios legales ha reaccionado mejor ante la pandemia. “La percepción de la mayoría de firmas chilenas es que no ha habido un golpe muy serio por la crisis ya que el Estado ha buscado la forma técnica en que las empresas no resulten muy afectadas. Como esto ha sido así, los estudios de abogados han tenido mayor carga laboral y han mantenido su facturación. Incluso, a partir del segundo semestre de 2020 hubo una mayor contratación de abogados porque había mayor demanda por parte de las empresas para adaptarse a las nuevas exigencias que el Estado emitía”, dice.

En el mercado peruano, según Murillo, si bien los grandes estudios han logrado capear la crisis pandémica, parte del sector de servicios legales (especialmente los estudios medianos y pequeños) experimentó una caída promedio de 15% de su facturación en 2020. A nivel latinoamericano, Murillo estima que la facturación de las firmas legales se contrajo en un 5%.

 


 

“Al inicio de la pandemia en Perú sí se dio una reducción de honorarios, sobre todo en los estudios pequeños, porque la cuarentena fue mucho más prolongada y la reactivación de las empresas no fue tan rápida como se esperaba. Ya en el segundo trimestre sí hubo una disminución de personal, a diferencia del modelo de Chile que fue totalmente distinto. En Colombia fue un punto medio, aunque sí hubo un pequeño receso en la proyección de crecimiento”, dice. “En México, los estudios pequeños y medianos sí han sentido la pegada y muchos han reducido hasta 50% su facturación. No obstante, se trata de los más pequeños, que a diferencia de los estudios corporativos que trabajan con firmas americana, han tenido un impacto en sus ingresos”.

En ese sentido, Arnaldo Gorziglia señala que para el estudio Arteaga Gorziglia 2020 fue un año normal en términos de facturación. “Fue un poco más bajo que 2019, pero ese año fue muy bueno para nosotros. 2020 fue muy parecido a 2018. Si comparo los semestres, en el primero hubo una baja de un 20% respecto a lo que era la normalidad, pero fue compensado con el trabajo del segundo semestre”, dice. 

En general, según Wilfredo Murillo, cada firma ha respondido de manera distinta. “Lo que sí ha sido una tendencia regional es que el trabajo legal ha sido muy importante para que las empresas y las personas puedan reactivarse. El denominador común entre los abogados en esta coyuntura ha sido que han tenido más demanda de trabajo en algunos sectores que se han ido reactivando de acuerdo a cómo cada gobierno ha ido manejando las cuestiones económicas”, comenta. 

Servicios legales en alta demanda

Una vez pasada la avalancha de consultas laborales de los clientes corporativos, la demanda de servicios legales migró a otras áreas, e incluso los socios de estudios consultados para este informe afirman que la carga laboral fue superior a la de épocas prepandemia.

“Hay una gran cantidad de negocios que se han revalorizado en la pandemia, así como hay otros que se han desvalorizado. He percibido eso en mi práctica corporativa de M&A. Hay mucho interés, por ejemplo, en adquirir empresas que ofrezcan una plataforma virtual de comercialización o canales virtuales de reparto de productos o desarrollo de ciertos softwares”, dice Luis Hernández.

 

De izquierda a derecha: Jaime Carey (Estudio Carey), Juan Luis Hernández (Hernández & Cía. Abogados), Arnaldo Gorziglia (Arteaga Gorziglia) y Wilfredo Murillo (Gericó Associates).

 

Al respecto, Arnaldo Gorziglia agrega: “El tema laboral fue bien acotado y puntual, pero hay ciertos servicios que se han notado, especialmente todo lo relacionado con el e-commerce, protección de datos y tecnología en general. Está muy fuerte también el trabajo de los estudios de abogados en la industria logística y de distribución. Adicionalmente, a partir del segundo semestre de 2020 se reactivaron muchas operaciones de M&A”. 

El COVID-19 también puso en el ojo de la tormenta el cumplimiento de contratos. Muchos de ellos tuvieron que revisarse y es ahí donde actualmente los servicios legales vienen concentrando sus esfuerzos.

Wilfredo Murillo afirma que a nivel corporativo, hubo mucho trabajo de revisión de contratos, sobre todo aquellos vinculados con los temas inmobiliarios. “Hay empresas que tenían contratos largos, pero que no podían utilizar el espacio físico por la cuarentena. Hubo mucha especialización en revisión de contratos de alquiler, empresariales y de todo tipo en general”, dice. “Incluso hubo una discusión regional sobre si la pandemia era una cláusula de fuerza mayor para incumplir los contratos”.

Otro tema que aumentó como consecuencia del incumplimiento de contratos fueron los litigios y arbitrajes que han hecho su debut en la virtualidad.  “Al no llegar a un punto de negociación, se han generado muchos arbitrajes relacionados con el Estado y obras de infraestructura. También veo que se va a generar mucha reestructuración empresarial y esto debería ser el próximo boom postpandemia en la industria de servicios legales, aunado al tema tributario o fiscal”, destaca Murillo.

El factor valor agregado

Más allá de adaptarse a nuevas formas de trabajo, hoy la industria legal enfrenta un nuevo reto: ofrecer servicios de mayor valor agregado a sus clientes. Para ello, la innovación y la tecnología juegan un papel importante.

Así, cada vez se están creando más empresas de tecnología aplicada a la industria legal en la región. En ese sentido, las firmas de abogados están tratando de diferenciar sus servicios a través de la innovación aplicando el legal design y metodologías ágiles dado el surgimiento de las firmas new law o proveedores de servicios legales alternativos que desafían el modelo tradicional de los estudios de abogados.

“Las firmas corporativas están aprovechando el avance tecnológico. Por ejemplo, las big four [Deloitte, KPMG, EY y PwC] en América Latina tienen como estrategia acercarse a los gerentes legales para brindarles servicios para que las mismas áreas legales de las empresas generen mayor eficiencia e innovación. Las firmas de abogados están apostando ya no solo por hacer meramente el trabajo legal de una empresa, sino en convertirse en sus aliados enseñando qué pueden hacer como gerencia legal por servicios de mayor valor”, apunta Wilfredo Murillo.

El tema de la innovación va calando fuerte en la industria legal, a tal punto que a fines de 2020 se realizó la primera hackaton para gerencias legales de América Latina, organizada por Affinitas y Laboratoria y en la que participaron tanto empresas como estudios de abogados.

Por su lado, Jaime Carey destaca que a pesar de que las grandes firmas ya han avanzado en gran medida en la digitalización de su operación y prestación de servicios, el trabajo de un abogado siempre será muy requerido, sobre todo en tiempos difíciles.

“Cuando hay una crisis, los estudios de abogados tienen mucho trabajo, pero también cuando hay un boom. Lo peor que nos puede pasar es cuando la cosa está medio flat, cuando no hay problemas ni nuevos proyectos. Hemos pasado por dos grandes crisis y fue de las épocas que mejor nos fue porque cuando hay más problemas es cuando la gente necesita más servicios legales. Al inicio de esta pandemia vi que otros estudios tomaron decisiones radicales como recortar sueldo o desvincular a gente por miedo, pero las crisis pasan y volver a recontratar a la gente es muy difícil. Hay que arriesgarse y aguantar”, concluye.

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