Sao Paulo. Brasil seguirá apoyando inversiones en fuentes renovables de energía, pero todavía no hay planes en el país para abandonar la generación termoeléctrica a carbón, dijo el ministro de Minas y Energía, Bento Albuquerque.

Aunque países como Alemania y Francia vienen anunciando planes de cerrar las centrales a carbón a mediano y largo plazo, Brasil espera que esta fuente pueda mantener la estabilidad de su participación en la matriz en la próxima década, agregó Albuquerque.

"No podemos descartar ninguna de las fuentes", dijo el ministro a periodistas, destacando que el carbón es importante para la economía de la región sur del país y por eso proyectos de esta fuente deberán seguir aptos para participar en las próximas subastas del gobierno para la contratación de nuevos ventures.

"Hoy el carbón es cerca del 1,9% de la matriz (eléctrica de Brasil) y deberá permanecer en ese nivel durante los próximos 10 años. Va a haber espacio para el carbón", afirmó, durante un evento del sector eléctrico en Sao Paulo.

Después de esa década, sin embargo, el futuro de la generación a carbón dependerá de la tecnología, dijo el ministro, resaltando sin embargo que cree en un futuro más limpio para esas usinas.

Según Albuquerque, desde 2009 la industria de energía renovables recibió inversiones de cerca de US$35.928 millones, lo que llevó a las centrales eólicas a una capacidad total de cerca de 15 gigavatios en Brasil, el equivalente al 9% del parque generador del país.

"Tuve la oportunidad el viernes pasado de ir a Criciúma a visitar un centro de investigación (en carbón)... fui a conocer una planta justamente de absorción de CO2. Eso demuestra que todavía es una actividad económica sostenible, que se está volviendo más limpia", comentó Albuquerque.

El gobierno de Francia tiene planes de cerrar todas las térmicas que usan el combustible fósil en el país hasta 2022, mientras que el Reino Unido, donde se instaló la primera planta eléctrica a carbón del mundo, en los años 1880, pretende hacer lo mismo hasta 2025. Alemania trabaja con una meta de plazo más largo, con la expectativa de acabar con las plantas de carbón hasta 2038.

Eólicas y pequeñas hidroeléctricas. A pesar del discurso sobre carbón, el ministro de Minas y Energía destacó el fuerte crecimiento de la generación con renovables en Brasil, impulsado por una acelerada expansión de las eólicas desde 2009, cuando se realizó una primera subasta del gobierno federal volcada exclusivamente a las centrales de esta fuente.

En ese período, según Albuquerque, la industria recibió inversiones de cerca de 145.000 millones de reales (US$35.928 millones), lo que llevó a las centrales eólicas a una capacidad total de cerca de 15 gigavatios en Brasil, el equivalente al 9% del parque generador del país.

"Brasil fue el quinto país del mundo que más instaló eólicos en 2018, y la industria eólica desempeña un papel importante en la economía del país", afirmó.

La industria eólica genera actualmente 190.000 puestos de trabajo en el país, según lo citado por el ministro, con diversos fabricantes del sector que han instalado unidades locales, incluyendo las gigantesas Vestas, GE, Siemens Gamesa y Nordex-Acciona.

 

Estas fábricas en Brasil montan turbinas eólicas con cerca de 80% de contenido local, destacó Albuquerque.

El ministro dijo también que el presidente Jair Bolsonaro tiene "un cariño especial" por las pequeñas centrales hidroeléctricas (PCHs), plantas con hasta 30 megavatios en capacidad.

En la actualidad existen cerca de 526 proyectos de PCHs ya evaluados por la Agencia Nacional de Energía Eléctrica (Aneel), que sumarían una capacidad instalada de 7.800 megavatios, y Bolsonaro quiere sacar ese potencial del papel, según Albuquerque.

"Para viabilizar la implantación de esos emprendimientos, serán realizadas por el ministerio acciones junto a los órganos ambientales, así como ante el Ministerio Público, buscando demostrar el beneficio que la implantación de éstos traerá a los estados", dijo.

De acuerdo con el ministro, esos esfuerzos se realizarán a partir de junio, con foco en los estados de Minas Gerais, Paraná, Santa Catarina y Rio Grande do Sul.