A principios de junio, el gobierno malasio reconoció que las posibilidades de Huawei para ganar su licitación de 5G eran altas. El exministro de comercio, Kian Ming Ong, señaló a la prensa que parte de las razones para la elección eran la ausencia de pruebas respecto de que la tecnología de Huawei fuera susceptible a espionaje por parte del gobierno chino.

La nación asiática se sumaría así a Indonesia, que cerró el trato para la implementación de esta tecnología con la firma china en diciembre pasado.

Las dos naciones tienen fuertes inversiones chinas en su territorio. En el caso de Malasia, especialmente, se están construyendo vastas carreteras como parte de la iniciativa de la Franja y la Ruta, la nueva ruta de la Seda que China construye en Asia, África y Europa para facilitar su comercio global.

En cambio, naciones como Singapur, Vietnam, Japón o Australia y Nueva Zelandia le han cerrado la puerta a Huawei, apostando por un acercamiento de afinidades con Estados Unidos y en contra de la política exterior –y en algunos casos de la política interna– de China. Algo similar ha ocurrido con los países de Europa Oriental. 

La disyuntiva también está presente en América Latina.

A mediados de mayo, representantes de la multinacional china de tecnología inauguraron un centro de innovación tecnológica en el área de negocios de la Costa del Este en la capital panameña. Es la segunda instalación de este tipo que Huawei inaugura en América Latina, tras la de México, abierta en abril de este año. Ambas instancias dan cuenta de un recibimiento con brazos abiertos para la firma. 

Mientras, en Brasil, la compañía casi queda fuera de la carrera hacia 5G, tras meses de oposición por parte del presidente Bolsonaro. En el caso de Chile, en tanto, la prensa local ha dicho que Huawei se perfila como posible proveedor de la empresa del operador móvil Wom, que se adjudicó el espectro de todas las bandas para esta tecnología en febrero pasado. 

Es que la industria del 5G podría ser “el cambio tecnológico más disruptivo visto en décadas. Con un potencial de mercado que oscilaría entre los US$ 31.000 millones y los US$ 11 billones de inversión hasta 2026”, de acuerdo con un reporte de noviembre de 2019 de Reportsnreports.

Más interesante aún para empresas y operadores, es que según el reporte ‘The Mobile Economy 2020’ de la organización internacional de operadores móviles, la  Global System for Mobile Communications (GSMA), aproximadamente un 56% de individuos encuestados en Latinoamérica estarían dispuestos a pagar más por los servicios de 5G.

Así las cosas, no es raro que las dos potencias mundiales se vean enfrentadas por cuál de las tecnologías 5G predominará globalmente. Es ahí donde la economía se vuelve geopolítica. 

Es lo que abordó Oliver Stuenkel, profesor asociado de la escuela de relaciones internacionales de la Fundación Getulio Vargas, en el evento de AméricaEconomía denominado “5G en América Latina”, donde se dieron cita los principales actores del sector.

En su exposición sobre ‘5G y la geopolítica de las comunicaciones’, Stuenkel, quien además es académico no residente del Carneggie Endowment for International Peace y miembro del Global Public Policy Institute de Berlín, se refirió a la tensión que el rol de Huawei en el desarrollo de esta tecnología ha creado entre China y Estados Unidos. 

Una tensión que no nació –y ciertamente no terminó– con la presidencia de Donald Trump.

“El tema del 5G en América Latina es uno de los temas geopolíticos más relevantes hoy. Es apenas un poco menor que el tema tecnológico, pero tendrá un impacto mayor sobre la forma en cómo pensamos América Latina en el mundo y cómo pensamos toda la geopolítica de este siglo”, explica Stuenkel.

“Me parece muy importante iniciar ya este proceso de reflexión, porque claramente lo más importante para América Latina sería aprovechar las oportunidades que surgen con las tecnologías y, al mismo tiempo, evitar una tensión bilateral con cualquiera de las grandes potencias que van a influenciar la economía de las próximas décadas”, afirma el académico.

INFUENCIA ESTADOUNIDENSE

Lo primero que explica el académico es que el mundo cambió luego de tres décadas de unipolaridad en las que Estados Unidos ocupó un rol de liderazgo y sin competencia o tensiones entre grandes potencias, como sí había ocurrido tras el fin de la Segunda Guerra hasta principios de los 90.

“Esto tuvo un impacto enorme sobre cómo se organizó [el fenómeno] de la globalización [económica], sin grandes interferencias políticas en el que un CEO de una multinacional se abocaba a producir, no pensando en los aspectos políticos, sino en los aspectos económicos. Había poca interferencia o influencia geopolítica en decisiones económicas y esto generó un crecimiento económico en el mundo enorme, desde el término de la Guerra Fría”, indica Stuenkel.

Todo esto cambió desde hace cinco años, aproximadamente. Y hoy, según el académico, estaríamos viviendo una geopolitización de la economía mundial que tiene un impacto muy grande sobre la manera como empresas multinacionales y diferentes actores económicos se comportan, a tal punto que cada vez más empresas contratan analistas políticos para analizar el efecto de un conflicto político sobre el comercio.

“En América Latina, en general, pensamos que estamos muy lejos de esos temas y de hecho es una de las regiones que hasta ahora ha sido menos afectada por estos tópicos, pero existe obviamente una gran preocupación en Washington por una pérdida de influencia en América Latina frente a China, sobre todo porque era una región tradicionalmente considerada como dentro de la esfera de influencia de los Estados Unidos”, recalca.

Es claro que la relación de nuestro continente con China en la última década se ha vuelto muy fuerte desde el punto de vista comercial, pero también es creciente en inversiones y cada vez más desde el punto de vista político, destaca el profesor. Ello también obliga a que los países latinos se deban adaptar a esta nueva realidad ‘Asia-céntrica’, “donde el tema del 5G, obviamente, es un tema clave para esta nueva realidad de tensión creciente entre los Estados Unidos y China”, agrega.

Y es que, para Washington, el 5G es visto como un reflejo del liderazgo geopolítico del siglo 21 “y por eso articula una estrategia para convencer a países a bloquear a Huawei de sus mercados porque lo ve como el inicio de un proyecto geopolítico de China de asumir el liderazgo geopolítico en el siglo XXI”, precisa el académico brasileño.

Para Stuenkel, Huawei es una empresa que está en América Latina hace muchos años y que tuvo un papel crucial en la construcción de las redes 3G y 4G, presentado más patentes esenciales para 5G que cualquier otra empresa del sector. En tanto que China, como país, es quien presenta más documentos técnicos a la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) -organismo especializado en telecomunicaciones de la Organización de las Naciones Unidas, encargado de regular las telecomunicaciones a nivel internacional entre las distintas administraciones y empresas operadoras-  “y esto sirve de base a los debates sobre nuevos estándares, como un intento de internacionalizar sus propios estándares y hacer que sus empresas sean más competitivas”, dice.

Ese sería uno de los puntos que lo enfrenta con los Estados Unidos, “que estaba acostumbrado a liderar este tipo de procesos por muchas décadas y que tuvo un papel crucial en la primera generación de internet y en las telecomunicaciones y ahora se ve en una situación menos cómoda, que explica en parte esta tensión”, estima Stuenkel.

El tema es que, en el mundo superconectado del futuro, tanto Estados Unidos como China están en camino de construir sus respectivas esferas tecnológicas de influencia.  Esto será con diferentes estándares tecnológicos, “no sólo para 5G, sino que también con respecto a innovaciones tecnológicas que vamos a ver en los próximos años como inteligencia artificial, o computación cuántica, entre otras. Para mí es preocupante que estas esferas tecnológicas se tornen en esferas de influencia clásica, como lo vimos en [los años de] la Guerra Fría”, advierte.

 

5G COMO FACTOR DE CAMBIO

Nos guste o no, la llegada de 5G es imparable, con la GSMA pronosticando que en 2025 estará presente ya en un tercio del planeta.

Para el profesor de la Fundación Getulio Vargas, no se sabe aún cómo va a reaccionar Estados Unidos a la decisión de la mayoría de los países latinoamericanos, “que probablemente terminen utilizando la tecnología de Huawei por la ventaja de costos que representa, pero ciertamente puede haber algunas consecuencias geopolíticas que el Gobierno de Biden esté articulando aún en este momento”, advierte.  

Según Stuenkel, generalmente el primer tema abordado por políticos de Estados Unidos cuando están visitando a América Latina se refiere a 5G. “La decisión de si utilizar Huawei o no puede influir en las relaciones de América Latina con Estados Unidos y China por bastante tiempo”, explica.

Esto ya se vio en abril de 2019, por ejemplo, cuando Mike Pompeo visitó al presidente chileno Piñera y criticó sin nombrar directamente a la firma Huawei en una conferencia de prensa, aludiendo a la corrupción que ocurre cuando llegan capitales chinos, quizás en uno de los puntos más álgidos de la disputa de la firma china con el expresidente Trump. Al mismo tiempo que eso ocurría, el expresidente chileno Eduardo Frei –embajador plenipotenciario de Chile con naciones de Asia– defendía ferozmente el rol de China en el comercio con Chile, justamente en un evento de responsabilidad social corporativa de la firma Huawei.

Entonces, la pregunta estratégica para Stuenkel es ¿cómo debe reaccionar la región ante estas tensiones entre Washington y Beijing en el contexto del 5G?

“Parece bastante obvio que para la mayoría de los gobiernos de la región la mejor manera de reaccionar a las crecientes tensiones ha sido la neutralidad geopolítica”, opina el académico, quien dice que países como Chile y Colombia han intentado mantener buenas relaciones tanto con los Estados Unidos como con China. “Hace todo sentido, por el tema económico y tecnológico”, agrega.

En tanto que otros países han tenido algunas dificultades, destacando a su natal Brasil, “que ha elegido un presidente más anti China pero que ha provocado una reacción fuerte en la sociedad contra sus declaraciones xenofóbicas, porque obviamente hay un temor que esto pueda afectar negativamente a la relación económica con China (principal socio comercial del país). Entonces la tentativa de la mayoría de los gobiernos ha sido de mantenerse fuera de este proceso, no reaccionar mucho a la presión de los Estados Unidos pero tampoco romper con Washington”, evalúa Stuenkel.

Por ahora, estamos aún en el debate inicial sobre cómo la región, como un todo, debe posicionarse en este contexto de las tensiones crecientes, dice el académico. “Pero me parece muy importante iniciar ya este proceso de reflexión, porque claramente lo más importante para América Latina sería aprovechar las oportunidades que surgen con las tecnologías y, al mismo tiempo, evitar una tensión bilateral con cualquiera de las grandes potencias que van a influenciar la economía de las próximas décadas”, afirma.

En este sentido, el académico brasileño considera que lo adecuado para la región sería, por una parte, mantener el contacto con gobiernos de América Latina y también con gobiernos europeos, asiáticos y africanos, “para compartir información sobre cómo se puede articular una estrategia que proteja las relaciones con las grandes potencias, tanto de China como Estados Unidos, porque me parece muy evidente que la región […] necesita un equilibrio, y esto no va a ser fácil porque la probabilidad es que las tensiones entre Washington y Beijing con los años  aumenten e influencien todas las áreas de la economía”, predice Stuenkel.

Para reafirmar su tesis, cita al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en 2019 durante su informe anual previo a la apertura del debate general de la Asamblea General, cuando dijo que temía la posibilidad de una gran fractura del mundo en dos esferas, una liderada por Estados Unidos y otra por China, con poca capacidad de interacción y cada cual con sus propias reglas dominantes: comerciales, financieras, su propia capacidad de inteligencia artificial e internet, más sus propias estrategias geopolíticas y militares.
“O sea, una lógica de suma cero que países en América Latina y otros continentes deben evitar a cualquier costo”, reafirma el profesor.

En segundo lugar, Stuenkel agrega que la segunda estrategia que la región debiera desarrollar tiene que ver con la preparación y conocimiento de China, el que aún es escaso, especialmente entre las elites y universidades.

“América Latina tiene muy pocos sinólogos (estudiosos de la cultura china), muy pocas personas que tienen una comprensión sofisticada de China y la mejor estrategia se puede articular a partir del conocimiento más próximo [….] aún la región es bastante occidental-céntrica; las elites locales tienen mucha comprensión [solo] de Estados Unidos, y esto también es una responsabilidad de las universidades, que deben profundizar sus vínculos con las universidades chinas para que podamos entrenar una élite que va a tomar decisiones clave en 10 o 20 años, para que tenga una comprensión profunda y sofisticada de los dos países que van a influenciar la política no sólo global, sino que también latinoamericana”, propone.

Una dualidad que parte con 5G pero que a futuro podría estar presente en todas las esferas de las relaciones del continente y que, por eso, llama a estar preparados para establecer buenas relaciones con Beijing y buenas relaciones con Washington.

“Pero decir que necesitamos buenas relaciones con China no quiere decir que estamos de acuerdo con todo lo que hace China, de la misma manera que decir que tenemos buenas relaciones económicas y comerciales con políticas con Estados Unidos no quiere decir que estemos de acuerdo con todo lo que hace el gobierno de Estados Unidos”, advierte el académico.

“Hay que pensar sobre estos temas con un poco menos de emoción y más de manera estratégica. Me parece crucial para que podamos aprovechar este momento y articular mejores políticas sociales, también”, concluye Stuenkel.

 

* Fotos: Huawei.