Luis Felipe Carrillo, presidente y CEO del Área Central de América Latina de General Electric (GE), a menudo le dice a su equipo que en el negocio de la energía el ciclo siempre es positivo y negativo al mismo tiempo. Y es que para el ejecutivo se trata de un negocio en el que se suelen dar muchas inversiones de energía a la vez en buena parte de los países, para luego darse todo lo contrario. “Se invierte, luego hay sobreoferta y nadie invierte. Después se empieza a agotar ese lado negativo y resurge el positivo”, dice Carrillo.

En el último año, sin duda, para el gigante energético estadounidense, el ciclo es negativo, y mucho. Y es que el grupo en 2017 reportó pérdidas de US$ 5.786 millones y se encuentra inmerso en un proceso de reestructuración, encabezado por John Flannery, quien asumió la dirección de la compañía en agosto del año pasado, y como tal, es el llamado a alejar a la compañía del abismo. Y el mismo Flannery reconocía en su statement de finales de año que uno de los problemas de la compañía, y que explica su caída, es que estaba inmersa en demasiados negocios y empresas como para hacerles justicia. “Tuvimos que admitir que no teníamos el ancho de banda financiero y de administración para tener tantas empresas grandes y globales en la posición de aceleración que necesitaban para avanzar”, En el último año, sin duda, para GE el ciclo es negativo, y mucho. Y es que el grupo en 2017 reportó pérdidas de US$ 5.786 millones, y se encuentra inmerso en un proceso de reestructuración, encabezado por John Flannery, quien asumió la dirección de la compañía en agosto del año pasado, y como tal, es el llamado a alejar a la compañía del abismo. Y el mismo Flannery reconocía en su statement de finales de año que uno de los problemas de la compañía, y que explica su caída, es que estaba inmersa en demasiados negocios y empresas como para hacerles justicia. “Tuvimos que admitir que no teníamos el ancho de banda financiero y de administración para tener tantas empresas grandes y globales en la posición de aceleración que necesitaban para avanzar”, comentaba. Y es que, si bien GE nació en la industria energética en 1892, hoy es un grupo destacadamente diversificado con inversiones que van desde sectores como el aerocomercial al financiero, este último a través de GE Capital, duramente golpeada en la crisis de 2008.

Esta diversificación, sin embargo, es uno de los elementos en la tormenta perfecta que ha cubierto a la compañía. A finales de noviembre CNN aseguraba que una serie de malas decisiones sobre fusiones y adquisiciones contribuyeron a una crisis de efectivo en la empresa. “Esta gigantesca compañía ya no genera suficiente dinero para pagar las inversiones en el negocio y los dividendos para los accionistas. Es una crisis que ha tardado años, pero solo recientemente Wall Street se ha dado cuenta de lo mala que es”, decía.

Nada más asumir su cargo, John Flannery aseguró que la compañía se iba a concentrar en tres negocios principales: generación eléctrica, aerocomercial y salud, y desde entonces GE, que ya había reducido su organización años atrás, se ha ido desprendiendo de múltiples negocios y ha puesto en marcha un plan de reestructuración. En el último año, la empresa vendió su división industrial GE Industrial Solutions a ABB, por US$ 2.600 millones, cedió el control de su división ferroviaria que fabricaba locomotoras, GE Transportation, y vendió su filial de motores industriales a un fondo por US$ 3.250 millones. A finales de 2017 aseguró que despediría a 12.000 trabajadores relacionados con su negocio de energía y se ha concentrado, además, en reducir el tamaño de GE Capital. 

“Nos estamos dirigiendo de forma agresiva a ser una empresa con negocios de aviación, generación y energías renovables. Continuaremos mejorando nuestras operaciones y balances mientras hacemos a GE más simple y fuerte”, aseguraba Flannery en uno de sus últimos comunicados de prensa, donde anunciaba también la decisión de que su división GE Healthcare se convierta en una compañía independiente.

Recableado global y regional

Si bien los resultados del primer semestre arrojaron que GE, expulsada del índice Dow Jones en junio, había tenido pérdidas por US$ 568 millones, principalmente debido a las debilidades de su negocio energético, sus apuestas en aviación y salud incrementaron sus beneficios. Y su consejero delegado aseguraba posteriormente en la cadena CNBC que tiene confianza en el proceso por el que pasan hoy.

“Esta empresa ha estado viva por 125 años y no es la primera vez que tenemos que atravesar por cambios. Es una llamada a despertarse y nos da la posibilidad de reinventarnos”, dice Luis Felipe Carrillo. 

Un poco más al sur del continente americano, el presidente y CEO del Área Central de América Latina de GE tiene la desafiante tarea de aterrizar los planes del Flannery en América Latina, una región que podría verse menos afectada que otras por las medidas tomadas hasta la fecha, según el ejecutivo. “Muchas de las disposiciones no afectan al centro de América Latina por varias razones.  Uno, tenemos menos fábricas, a excepción del caso de Brasil y México, y en algunas industrias como en locomotoras tenemos menos operaciones”, dice Carrillo. Sin embargo, reconoce que GE no está exenta de cambios a nivel regional, pues la salida de la compañía de los negocios de locomotoras y media y baja tensión de distribución eléctrica va a implicar una reducción de operaciones y, en consecuencia, de personal.

El ejecutivo explica que si bien en América Latina el negocio de generación de energía eléctrica, en el último año no ha sido tan bueno, en el promedio la región está bien. De hecho, en 2017, sus ingresos en la región crecieron 10%, según su reporte anual. “La distribución geográfica varía. Venezuela está muy complicado, pero Argentina es interesante. Brasil se ha recuperado y México ha estado estable”, dice. 

Carrillo explica que su negocio de generación en la región, como a nivel global, se enfrenta al cambio radical de fuente térmica a renovable, una transición que está afectando a toda la industria, que tiene ante sí nuevas oportunidades, pero que se enfrenta a mucha especulación. 

En América Latina en 2017 se llevaron a cabo las mayores inversiones de la historia en energía limpia: US$ 70.000 millones, la mayoría de las cuales se dieron en Brasil, México, Chile y Argentina, según James Ellis, gerente de Investigación de Bloomberg New Energy Finance para la región. “Desde nuestra perspectiva, efectivamente, hay un boom de energía verde, especialmente de energía solar y eólica”, dice Ellis, quien asegura no ver especulación en el mercado, pero sí una mayor competencia, que ha bajado los costos de los proyectos.

Anthony Laub, socio de Laub & Quijandría, explica que empresas europeas, como Engie o Enel están entrando a las subastas en la región con precios bajos, que llevan a que la tecnología de parques eólicos como la que fabrica GE tenga que ser de bajo costo y que están generando distorsiones en el mercado. “La pregunta es si GE tiene esa tecnología barata que se requiere para el precio de los parques eólicos que se ven hoy”, dice, y detalla que en la última subasta eólica llevada a cabo en Chile el costo fue US$ 35 por MWh.

Chile se ha puesto en el punto de mira la descarbonización de su matriz energética y, si bien Luis Felipe Carrillo asegura ver con positivismo este proceso, matiza que es necesario que el país ponga vallas suficientes para evitar la especulación. “Otra particularidad que tiene el país es que hace subastas de turbinas eólicas para instalar en muchos años adelante y eso es complicado porque tienes que estimar el precio de una turbina que no existe”, dice.

Y Argentina está pasando por una etapa en la que camina hacia un mercado de energía más privado, pero el país, desde su punto de vista, tiene que llevar a cabo una serie de cambios, como ajustar las tarifas y cambiar las leyes para que haya venta de energía entre privados. De los países que dirige, Colombia es para el ejecutivo el que podría brindar interesantes oportunidades en generación para los próximos años, especialmente en la Guajira. De hecho, para James Ellis, es hoy uno los países más interesantes para el desarrollo de renovables, aunque las oportunidades para el sector empresarial todavía no se materializan. “Tiene mucha producción de energías fósiles y ha estado mucho en prensa por su potencial, aunque hoy son más noticias que proyectos porque todavía no ha tenido su primera subasta. Además, la Guajira es una zona aislada de su red de transmisión nacional”, dice el especialista de Bloomberg.

Vuelo seguro

Mientras en la región toma forma la “ola renovable”, GE avanza de forma sólida en sus negocios de aviación y salud, según el máximo responsable de su zona central. “Aviación se ha convertido en la joya de la corona”, dice Luis Felipe Carrillo.

Para el ejecutivo, cuya compañía fabrica diversos componentes de los aviones (entre ellos motores), en aviación no se ve todavía el final del ciclo positivo y al ritmo que crece el tráfico aéreo global las perspectivas son promisorias.

“Hay varios factores a favor del crecimiento del mercado de aviación en América Latina. Es una de las zonas con mayor tasa de urbanización del mundo, cuyo crecimiento económico sostenido estimulará el crecimiento del tráfico aéreo en la región, que se duplicará en los próximos 20 años. Además, se está protagonizando una nueva era de aerolíneas de bajo costo”, dicen a AméricaEconomía desde Airbus, que tiene ya 752 pedidos de aeronaves.

En la región hay aerolíneas cuyos aviones cuentan con equipamiento exclusivo de GE, como el Boeing 737 que opera la flota de Copa o Aerolíneas Argentinas y Luis Felipe Carrillo asegura que realmente es un negocio que camina muy bien a nivel regional. “El espacio para el crecimiento del tráfico nos da a nosotros potencial crecimiento no solo en el área de turbinas de aviación, sino también en nuestro negocio de GE Capital Aviation Servicies, que alquila aviones”, dice.

En el negocio de salud, por otro lado, si bien las ventas de la compañía, que fabrica entre otras cosas resonadores y tomógrafos, crecen a un dígito, su rentabilidad avanza mucho más. “Aunque no necesariamente crecemos a la misma tasa en todos los sitios, América Latina está creciendo bien. Todavía oscila mucho dependiendo de las campañas estatales”, dice Carrillo.

El ejecutivo asegura que actualmente hay mucha presión para que los países sigan invirtiendo en equipamiento médico. Y es que el ratio de equipos por habitantes en diversos países todavía es bajo. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, si bien en Chile hay 12,6 tomógrafos por cada millón de habitantes, en Panamá hay 9,58, en Costa Rica 5,53 y en Ecuador 1,59. “Hay mucho catch up que hacer en zonas como Centroamérica, el Perú e inclusive Colombia”, dice Carrillo. 

Justamente las licitaciones estatales de equipamiento en Río de Janeiro han puesto a Daurio Speranzini Jr, presidente ejecutivo de GE para América Latina y expresidente de Philips Healthcare en Brasil, en graves aprietos. Y es que el ejecutivo fue detenido a principios de julio por participar en una trama para fijar los precios de equipos médicos. GE, no obstante, asegura no tener conocimiento de ninguna conducta indebida que involucre a GE Healthcare. “Estamos comprometidos a cooperar con las autoridades en la medida en que seamos contactados”, dice su pronunciamiento oficial. 

Impulso digital

La reorganización global y regional de GE implicará cambios en los negocios digitales del grupo, que, según Luis Felipe Carrillo, crecen al 100% en órdenes, y suponen hoy alrededor del 3% de su ingresos. Y es que la compañía ha apostado por reducir la parte corporativa de GE Digital e incluir a un digital officer en cada una de las unidades de negocio, que provea de soluciones específicas a cada uno de ellos.

En el ámbito energético la compañía desarrolla aplicaciones digitales basadas en su plataforma de digitalización Predix, con las que reduce las paradas no planeadas y moderniza los modelos de negocio de las empresas. “En aviación, por otro lado, ya nuestros motores están siendo monitoreados en vuelo y con esa data se empiezan a capturar una serie de cosas”, dice Carrillo.

El ejecutivo asegura que están tratando de participar en el proceso de digitalización de la industria en América Latina, donde ve una oportunidad masiva. “Estamos tratando de mostrar las aplicaciones que ya se logran hacer en el ámbito digital y cómo un industrial mediano de un país como el Perú, Ecuador o Chile, puede tener acceso a este tipo de cosas”, dice.

Precisamente el Perú será uno de los países junto a Chile, Colombia y Argentina en los que Carrillo cree que GE destacará los próximos años. Y todo parece indicar que será un nuevo GE, mucho más ligero y concentrado.