La Habana. Los habitantes del poblado pesquero cubano de Cojimar, que inspiró la novela "El viejo y el mar" de Ernest Hemingway, dicen que tienen problemas para capturar peces.

La cantidad de peces de Cuba ha caído drásticamente en las últimas décadas debido a la pesca excesiva y factores ambientales, dicen científicos, lo que llevó el país a aprobar el mes pasado una ley que impone nuevas normas a la industria pesquera.

"Atrapamos menos, cerca de la mitad de lo que solíamos", dijo Carlos Durán, un hombre de 63 años de piel curtida que ha pescado por más de cuatro décadas. "Algunas personas salieron 10 veces sin atrapar nada".

Cuba estima que la población de 54 especies que pesca comercialmente, como meros y pargos, ha caído un 44% en los últimos cinco años y las capturas se han desplomado un 70% en ese período.

La nueva política pesquera apunta a recuperar al menos las existencias locales al frenar la pesca ilegal e implementar la gestión científica de la cría de peces utilizando cuotas y división en zonas para la captura.

La baja ha sido un golpe para la industria pesquera de Cuba, que ya había sufrido el desmantelamiento de su flota estatal de larga distancia porque no pudo mantenerla luego del colapso de su antiguo benefactor, la Unión Soviética.

El crecimiento de las granjas de cultivo piscícola no ha logrado compensar la escasez, agravada por la disminución de las importaciones del país. Gran parte de los alimentos de origen marino que Cuba produce, como langostas y camarones, se exportan para generar ingresos.

Si bien el país permite desde hace una década que pescadores privados vendan su producción -aunque exclusivamente al Estado-, la burocracia es un grave obstáculo para su productividad.

Los cubanos consumen un cuarto de los alimentos marinos que comían a fines de la década de 1980, según datos oficiales, y sólo una fracción del promedio global de consumo de pescado per cápita, lo que los ha llevado a bromear con que son una isla sin peces.

La nueva política pesquera apunta a recuperar al menos las existencias locales al frenar la pesca ilegal e implementar la gestión científica de la cría de peces utilizando cuotas y división en zonas para la captura.

Esas prácticas son cada más aceptadas a nivel global, pero Cuba es pionera en el Caribe, según Daniel Whittle, director senior del Environmental Defense Fund, una organización sin fines de lucro que ha estado asesorando a las autoridades cubanas sobre conservación y pesca sustentable.

Whittle dijo que las prácticas también deberían volver a la industria más resistentes a los nuevos desafíos, como el cambio climático y la protección de su rica biodiversidad marina, que incluye algunos de los arrecifes de coral más prístinos del mundo. Si bien las prácticas podrían afectar la oferta de peces en el corto plazo, deberían aumentarla a la larga.