El uso mortal de plaguicidas en la cosecha de algodón en India y la contaminación en muchos ríos de ese país, debido al uso de químicos en fábricas de ropa; las increíbles montañas de vestimenta desechada por variados y pequeños defectos en Haití, al lado de la pobreza más extrema, o el suicidio de más de 200.000 productores de algodón en el sur de Asia, debido a las deudas contraídas por la compra permanente de semillas, son sólo algunos de los excesos de la industria de la moda dados a conocer en el documental "The true cost", dirigido por el estadounidense Andrew Morgan y que causó impacto en Cannes este año.

El trabajo audiovisual es la punta de lanza de un activo movimiento que lenta, pero decididamente, ha venido levantando la voz, con una propuesta bastante clara: cada vez más, comprar un jeans, probarse una camisa o elegir una blusa debe dejar de ser algo sólo estético. La moda tiene que ser también algo ético.

La elaboración de una prenda de vestir implica hoy un nuevo paradigma: la idea es saber cada vez más quién hace tu ropa. Y cómo.

Considerando que en la elaboración industrial de una prenda entran en juego diversos procesos y decisiones, se hace preciso apostar por un nuevo paradigma de desarrollo sostenible, considerando condiciones laborales dignas para los colaboradores, repercutiendo de manera positiva en el medio ambiente y no utilizando mano de obra infantil, entre otros puntos.

En América Latina, el foco de la moda se centra principalmente en países como Brasil, México, Colombia. Pero también hay desarrollos emergentes en Ecuador y Perú. Cada vez con mayor proyección se organizan activas "Semanas de la Moda" en las que creadores, diseñadores y empresarios se reúnen y acuerdan formas de acción.

La Asociación de Moda Sostenible del Perú (Amsp) es una de las primeras organizaciones de la región que le pide a la industria del sector que no sólo genere valor económico, sino que también social, medio ambiental y cultural, en un permanente diálogo con los consumidores y en una clara sintonía con la problemática propuesta en "The true cost".

Una de sus fundadoras, Ornella Paz, comenta que junto con generar y preservar beneficios intangibles como felicidad y bienestar, la moda tiene que comportarse con responsabilidad y compromiso. "Debe preocuparse del medio ambiente, de las condiciones laborales y sociales de sus colaboradores, artesanos y proveedores, rechazando -entre otros aspectos- la mano de obra infantil o subcancelada, generando cimientos éticos y sostenibles en la actividad".

Se busca impactar la conciencia de los consumidores para que, al adquirir productos relacionados con la moda, se hagan una pregunta de profundo rigor: de dónde y en qué condiciones provienen las prendas elegidas.

Si bien en el inicio de toda esta nueva mirada se encuentra lo planteado por "The true cost", hay un hecho que reveló con crudeza la realidad que existía tras bambalinas, pasarelas y luminarias. El 24 de abril del año 2013 murieron más de 2.000 personas que trabajaban en paupérrimas condiciones humanas, económicas y de seguridad en unas fábricas textiles ilegales de Bangladesh, aplastadas tras el derrumbe del pobre edificio en que debían permanecer.

Lo sucedido ahí generó el interés por conocer este inquietante lado B en la industria del vestir. Y junto con originar el interés de un documental como "The true cost" -en el que reconocidas figuras de la moda como Stella McCartney, Livia Firth y Vandana Shiva abogan por una nueva dinámica en el sector-, también inspiró un movimiento llamado "¿Sabes quién hizo tu ropa?", que logra instaurar la fecha del derrumbe en Bangladesh, como el Fashion Revolution Day.

Así, cada 24 de abril se busca recordar los hechos de Bangladesh para avanzar en un nuevo marco teórico y de acción en el sector de la moda. Sobre todo si se tiene en cuenta, por ejemplo, que en las últimas dos décadas la compra de vestimenta ha aumentado sobre el 400%, con un cálculo aproximado de 80 mil millones de prendas vendidas cada año.

El primer paso lo ha dado el diseño independiente, pero se busca que la gran industria se sume con convencimiento. El coordinador en Chile de Fashion Revolution, Pablo Galaz, destaca que las respuestas están "en nuestro poder como consumidores, que es donde debe catalizar este cambio que ya ha empezado". Cree que "todo lo bello que tiene la creatividad de la moda, se ve opacado por la ambición de algunos sectores de la industria y por el hecho de que alguien está pagando el precio por eso".

Estas organizaciones se centran en conceptos como asociatividad, especialmente para el acceso a materias primas adecuadas y de calidad; transparencia, de manera particular en los procesos relacionados con los sectores subcontratistas; y el posicionamiento conjunto, en el sentido de aunar esfuerzos en materia de comunicación y marketing.

“Hoy existe una oportunidad para hacer un cambio en el proceso creativo de la moda, a base de una producción sustentable. Esperamos que los creadores más consagrados, asuman también este desafío colectivo”, apunta Galaz.

A partir de la moda, una industria aparentemente frívola y superficial, se comienza a construir una cultura de compromiso y responsabilidad tanto en productores como en consumidores. La elaboración de una prenda de vestir implica hoy un nuevo paradigma: la idea es saber cada vez más quién hace tu ropa. Y cómo.

"Antes de tomar una decisión de compra la gente debe preguntarse de dónde y en qué condiciones provienen las prendas que adquieren, para que –a partir de eso- exijan a las marcas que hagan pública dicha información, como constante práctica de transparencia y compromiso", destaca Ornella Paz.

Se entiende que la moda sostenible se basa en el respeto por los demás y en el consumo responsable. Y es que cada vez más, comprar un jeans, probarse una camisa o elegir una blusa no puede ser sólo algo estético. La moda hoy también es algo ético.