El presidente de Haití, Jovenel Moïse, fue asesinado a tiros por atacantes no identificados en su residencia privada durante la noche en un "acto inhumano y barbárico", informó el miércoles el gobierno, lo que hace temer una escalada de la violencia en la empobrecida nación caribeña.

El asesinato coincidió con una ola de violencia de pandillas en Puerto Príncipe, en la que grupos armados se han enfrentado con la policía y entre ellos por el control de las calles en los últimos meses, convirtiendo muchos distritos de la capital en zonas prohibidas.

La esposa de Moïse, Martine Moïse, también recibió un disparo en el ataque que tuvo lugar alrededor de la 1 de la madrugada hora local (0500 GMT) y estaba recibiendo tratamiento médico, dijo el primer ministro interino, Claude Joseph, en un comunicado.

"Un grupo de desconocidos, algunos de ellos de habla hispana, atacaron la residencia privada del presidente de la república y así hirieron de muerte al jefe de Estado", indicó.

Colombia rechazó el asesinato y lo calificó como un acto "cobarde y lleno de barbarie", al tiempo que solicitó una misión urgente de la Organización de Estados Americanos (OEA) para proteger el orden democrático en esa nación del Caribe.

Colombia rechazó el asesinato y lo calificó como un acto "cobarde y lleno de barbarie", al tiempo que solicitó una misión urgente de la Organización de Estados Americanos (OEA) para proteger el orden democrático en esa nación del Caribe.

Según afirmó Joseph, la policía y el Ejército tienen la situación de seguridad bajo control, pero podían escucharse disparos en toda la capital, donde vive 1 millón de personas.

Con Haití políticamente dividido y frente a una creciente crisis humanitaria y escasez de alimentos se teme un desorden generalizado. República Dominicana dijo que estaba cerrando la frontera que comparte con Haití en la isla La Española.

El derramamiento de sangre se debe al empeoramiento de la pobreza y la inestabilidad política.

Historia turbulenta. El país de 11 millones de habitantes, la nación más pobre del hemisferio occidental, ha luchado por lograr la estabilidad desde la caída de la dictadura de Duvalier en 1986 y ha enfrentado una serie de golpes de estado e intervenciones extranjeras.

Una misión de mantenimiento de la paz de la ONU, destinada a restablecer el orden después de que una rebelión derrocara al entonces presidente Jean-Bertrand Aristide en 2004, terminó en 2019 con el país aún en crisis. En los últimos años, Haití ha sido golpeado por una serie de desastres naturales y todavía tiene las cicatrices de un gran terremoto en 2010.

Moïse, un exportador de banano convertido en político, enfrentó feroces protestas tras asumir la presidencia en 2017 y la oposición lo acusó este año de buscar instalar una dictadura al sobrepasar su mandato y volverse más autoritario, acusaciones que él negó.

"Se están tomando todas las medidas para garantizar la continuidad del estado y proteger a la nación", dijo Joseph.

Moïse había gobernado por decreto durante más de un año después de que el país no pudo celebrar elecciones legislativas y quería impulsar una controvertida reforma constitucional.

La embajada de Estados Unidos dijo en un comunicado que estaría cerrada el miércoles debido a la "actual situación de seguridad".