Brasil.- El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, muy necesitado de respaldos tras varias polémicas internacionales y una baja en las encuestas, participó este sábado por primera vez en el tradicional desfile militar del Día de la Independencia. El líder ultraderechista, capitán de la reserva del Ejército, montó una jornada sin precedentes en Brasilia, con amplias zonas para acoger a un número récord de público. En el acto marcharon unos 3.000 soldados.

El jefe de Estado no se limitó a presenciar desde el palco presidencial el marcial paso de los uniformados y de los equipos militares, sino que quiso compartir el protagonismo: contra cualquier protocolo, abandonó su puesto para acercarse al público y ser ovacionado. El gobernante, con la banda presidencial, saludó a los asistentes como si aún estuviera en campaña electoral.

En una jornada donde se privilegió la exaltación nacionalista, Bolsonaro dijo a la televisión poco antes del desfile que "de nada vale la independencia si no tenemos libertad, tantas veces amenazada por brasileños que no tienen otro propósito que el poder por el poder". Luego agregó que "Brasil es nuestro, es verde y amarillo”, aludiendo a los colores de la bandera, que en los últimos años han sido utilizados por grupos de derecha en sus manifestaciones callejeras.

Lágrimas en el himno. Este esfuerzo por ganarse el apoyo popular se produjo sólo cinco días después de que una encuesta mostrara que el porcentaje de brasileños que evalúa negativamente a su Gobierno pasó del 33% en julio hasta el 38% en agosto, la mayor tasa de rechazo hasta ahora registrada por un presidente en Brasil en tan poco tiempo. La aprobación, en tanto, cayó del 33 al 29% en el mismo período.

"La moral del presidente se mide por la forma en que el público lo recibe y no por encuestas fabricadas”, aseguró en un mensaje en la red social Twitter el diputado Eduardo Bolsonaro, uno de los hijos del mandatario, al destacar el apoyo de la gente en el desfile y recordar que los sondeos siempre le fueron contrarios. Repitiendo un ritual de su investidura, el mandatario desfiló por la Explanada de los Ministerios en el descapotable de época de la Presidencia y no pudo contener las lágrimas al cantar el himno nacional.