La autoproclamación de Juan Guaidó como presidente de Venezuela genera un nuevo escenario en el país sudamericano, sobre todo a partir del creciente respaldo internacional que ha obtenido el también presidente de la Asamblea Nacional.

¿Cuánto peso podría tener esta medida para acelerar negociaciones que conduzcan al fin de del régimen autoritario de Nicolás Maduro? Se trata aún de un terreno de mucha incertidumbre, coinciden expertos consultados por DW.

En opinión del sociólogo venezolano Héctor Briceño, doctorando en la Universidad de Rostock, aún no es claro con qué respaldos internos cuenta Guaidó, y si detrás de la acción de juramentar como presidente hay una coordinación con algunos líderes de otros países.

"Podría contar con una oferta de respaldo militar extranjero o de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, o su estrategia podría ser salir del país como presidente y ejercer presión sobre los bienes y propiedades del estado fuera del país, muy especialmente los petroleros”, indica el también profesor del Centro de Estudios del Desarrollo, adscrito a la Universidad Central de Venezuela.

"En el caso venezolano se trata de un gobierno que llegó por vía democrática, pero que decidió aferrarse al poder a toda costa”, dice Briceño, quien observa que las dictaduras de la segunda mitad del siglo XX "violaron los derechos humanos y destruyeron parte del tejido social, pero mantuvieron cierto equilibrio económico. No destruyeron la economía ni crearon los niveles de miseria que ha generado el chavismo”.

Para el historiador Stefan Rinke, director del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín, "no se ve nada fácil la posibilidad de que los militares venezolanos se pongan de parte de Guaidó”. En su opinión, hay varios obstáculos para que Maduro deje el poder: "Hasta que la oposición no tenga mayor unificación entre sí y gane el apoyo de quienes todavía están del lado de Maduro, será muy difícil”.

La compleja transición a la democracia. Los casos de varios países latinoamericanos que sufrieron dictaduras en el siglo XX y retornaron a la democracia en las décadas del 80 y 90, ilustran un camino que podría seguir Venezuela. Sin embargo, las experiencias difieren en varios aspectos.

"En el caso venezolano se trata de un gobierno que llegó por vía democrática, pero que decidió aferrarse al poder a toda costa”, dice Briceño, quien observa que las dictaduras de la segunda mitad del siglo XX "violaron los derechos humanos y destruyeron parte del tejido social, pero mantuvieron cierto equilibrio económico. No destruyeron la economía ni crearon los niveles de miseria que ha generado el chavismo”.

"No es fácil comparar la situación de Venezuela con la de algunas dictaduras de los años 70, 80 ó 90 del siglo pasado, que tuvieron una transición a la democracia", afirma Rinke. "Venezuela difiere mucho por la situación social y el problema de que la oposición a Maduro no es tan unificada como en el caso de la transición de otras dictaduras del cono sur”, añade el experto.

La presión de una oposición política unificada y con un fuerte apoyo popular, que se expresó en huelgas y protestas masivas en otros países bajo dictadura, fue decisiva. "El caso chileno es paradigmático. En el momento en que la voluntad popular se manifestó contra la dictadura y a favor del regreso a la democracia, las élites políticas que comandaban el gobierno de Pinochet decidieron emprender un proceso de liberalización”, sostiene Briceño.

A pesar de las diferencias con Venezuela, la experiencia de transición a la democracia de otras dictaduras latinoamericanas apunta a la necesidad de escuchar la voz del pueblo.

El sociólogo señala, asimismo, que esto es muy distinto de lo que ha ocurrido en Venezuela, "donde la voluntad popular se manifestó mayoritariamente a favor de la oposición en las elecciones parlamentarias de 2015, obteniendo un 57% aun en condiciones de desventaja, pero fue desconocida”.

El investigador alude también al caso argentino: "Allí la dictadura intentó legitimarse internamente buscando un enemigo externo e iniciando un fugaz período bélico. Yo espero que las Fuerzas Armadas venezolanas no estén dispuestas a intentar un escenario así solo para mantener en el poder a un personaje que no tiene apoyo popular”.

¿Una salida pactada? Mientras el dictador chileno Augusto Pinochet se preocupó de dejar amarradas cómodas condiciones que le aseguraron seguir al mando de las Fuerzas Armadas y un futuro escaño en el Senado, otros dictadores partieron al exilio, se enfrentaron la Justicia y fueron condenados por sus crímenes. En el caso de Venezuela, qué destino correrá Nicolás Maduro, y si éste incluye una salida pactada, está por verse.

"No se debe subestimar el impacto que ha tenido el chavismo en Venezuela. Maduro todavía vive del capital simbólico que ganó Chávez con sus medidas en pro de los pobres y de formar una base de apoyo fuerte, más allá de las élites, que incluye un gran número de ciudadanos que todavía creen en el sistema”, argumenta Rinke.

En ello concuerda Briceño, quien dice que "aunque Maduro no tenga legitimidad, está en el cargo y sigue siendo reconocido por la mayoría de los poderes”. En esa condición, podría tomar medidas, apunta Rinke: "Probablemente podríamos tener otro acto violento de parte del régimen contra la oposición, u otra manera semi legitimada, como un cambio de leyes o de la Constitución, para decretar ilegal lo que ha hecho Guaidó”.

En opinión de Briceño, Maduro debería reconocer que no tiene el mandato de la voluntad popular, que sí tiene la Asamblea Nacional que encabeza Guaidó, como lo está reconociendo en forma creciente la comunidad internacional, y atender a la experiencia de otros países latinoamericanos, que "enseña que es recomendable retornar a unas condiciones electorales aceptables y consultar y dejar que la gente decida”.