Octubre es un mes clave para Sudamérica: siete días movidos en los que Uruguay, Argentina y Bolivia celebran elecciones presidenciales. En Montevideo, gane quien gane, habrá novedades. En La Paz, Evo Morales busca su cuarta reelección. Lo mismo intenta en Buenos Aires Mauricio Macri. De hecho, mientras la oposición uruguaya y boliviana advierten sobre los riesgos de una "venezolanización” de sus países, los oficialismos usan el ejemplo de Argentina como prueba del colapso que implicaría un cambio.

El 20 de octubre Bolivia elegirá un presidente hasta el 2025. La oposición denuncia que la candidatura de Morales es ilegal, dado que la Constitución lo prohíbe y que en febrero de 2016 un 51 por ciento votó "No" en referendo a otra reelección de Evo Morales. Pero el Tribunal Supremo Electoral habilitó la candidatura.

Los principales opositores son el expresidente Carlos Mesa y Oscar Ortiz. La pregunta es si Morales logrará un triunfo en primera vuelta, para lo que necesita más de 40 puntos y 10 de diferencia con el segundo o más de 50. El principal capital del oficialismo es su gestión económica. El eje de la campaña es el slogan "futuro seguro” y en la televisión hay spots que advierten sobre el riesgo de caer en una crisis como la argentina. También hay pintadas callejeras que dicen: "MESA=MACRI”.

"Desde hace mucho la propuesta del Movimiento al Socialismo (MAS) es la estabilidad. Esta vez va a ser un voto mucho más pragmático, fundamentado en los que piensan que la economía está bien y debería seguir. En su agenda no hay ninguna radicalidad, es modesta”, asegura el jefe de redacción de la revista Nueva Sociedad de la fundación Friedrich Ebert, Pablo Stefanoni.

En cuanto al futuro geopolítico regional, el sociólogo destaca que puede abrirse un nuevo escenario. El eje conservador conformado por Brasil - Colombia - Chile tendría que negociar con un nuevo alineamiento conformado por Argentina - México - Uruguay y Bolivia. En síntesis, como afirma Stefanoni, "hoy América Latina es más parecida al mundo, una región muy confusa”.

Superdomingo en Argentina y Uruguay. El superdomingo rioplatense será el 27, cuando voten Uruguay y Argentina. En el primero el oficialista Frente Amplio (FA) presentará como candidato al alcalde de Montevideo, Daniel Martínez. Competirá contra el candidato del Partido Nacional Luis Alberto Lacalle Pou y el colorado Ernesto Talvi. "Será una elección seguramente reñida. El FA volverá a ser el principal partido del país, la duda es si en segunda vuelta podrá ganar”, asegura el sociólogo uruguayo Agustín Canzani.

El FA gobernó el país desde 2005. "Hoy se vive un cambio de liderazgo histórico”, sostiene Canzani y destaca que ni el actual presidente Tabaré Vázquez, ni el ex José Mujica, ni el ex vicepresidente y actual ministro de economía Danilo Astori serán candidatos.

Argentina, el nuevo "país riesgo”. Venezuela es desde hace años un fantasma que se agita en cada una de las elecciones de la región. Pero esta vez, la novedad es que asume protagonismo el peligro de un giro "a la Argentina”, bandera que agitan los oficialismos tanto en Bolivia como en Uruguay.

"Macri era un pospopulista que debía triunfar para que se pudiera hablar de un giro a la derecha exitoso. No funcionó, y Bolsonaro tampoco. Argentina se está usando como se usó a Venezuela. Macri en sus propios términos fue un fracaso absoluto: no mejoró ninguna variable y empeoraron varias”, indicó Stefanoni.

Un viraje político en Argentina tendría implicancias geopolíticas. En las primarias de agosto - que funcionaron como una encuesta- el opositor Alberto Fernández sacó una gran diferencia y los analistas asumen que será el próximo presidente. De hecho, ya lo reciben presidentes y él sugiere lo que sería su política exterior: "Da la impresión de que se movería en una línea socialdemócrata buscando relaciones con España, Portugal, Uruguay y Bolivia. Un vínculo bueno pero no subordinado con EE. UU. y una negociación pragmática con el FMI”, explicó Stefanoni.

Desde ahí -considera- podría jugar un rol sobre Venezuela en línea con Uruguay y México y buscar una "salida negociada”, sin apoyar a Maduro. También destaca que a Fernández no lo definiría como un populista, sino como un socialdemócrata que representa a un "progresismo blando”. Y añade: "El enigma de Alberto no es él, sino cómo va ser la relación con (la expresidenta y candidata a vice) Cristina Fernández”.

Sin olas. A lo largo de la vida política latinoamericana - y especialmente en América del Sur - se pueden identificar oleadas relativamente homogéneas. Desde el proceso independentista, hasta los populismos de mediados del siglo xx, pasando por las dictaduras militares de los 60 y 70, el neoliberalismo en los 90 y el giro hacia la izquierda de los dos mil. Ahora parece abrirse una nueva etapa.

"La región vivió un giro hacia la heterogeneidad tras el triunfo de Macri. En América Latina se abrió una época más diversa. De hecho, si hoy volviera parte de la izquierda sería en otro contexto global y regional por lo que creo que las ambiciones refundacionales serían más débiles”, describe Stefanoni. Y añade: "Hoy lo que hay es una cierta dosis de "Realpolitik”, un giro al centro en Argentina y en Bolivia donde Morales es su propio Alberto Fernández”.

Canzani coincide: "Se viene una época de restricciones. La situación va a exigir a la izquierda y el progresismo, si es que ganan, orientaciones de políticas públicas novedosas”.

En cuanto al futuro geopolítico regional, el sociólogo destaca que puede abrirse un nuevo escenario. El eje conservador conformado por Brasil - Colombia - Chile tendría que negociar con un nuevo alineamiento conformado por Argentina - México - Uruguay y Bolivia. En síntesis, como afirma Stefanoni, "hoy América Latina es más parecida al mundo, una región muy confusa”.