-¿Qué fue lo que aconteció el 5 de enero en Venezuela y qué resultados hubo?

-El 5 de enero pasado estaba marcado en el calendario venezolano, era un hito político. Se procedería a renovar las autoridades electas de la Asamblea Nacional (AN), por lo cual, se convocó a una sesión plena de todos los parlamentarios, precisamente con la intención de revalidar el periodo de presidencia que ejercía Juan Guaidó que, como los lectores de AméricaEconomía deben saber, ejerce una presidencia interina en virtud de lo que él alega, un vacío de poder producido por la falta de legitimidad de origen de Nicolas Maduro en el ejercicio de su mandato.

Lo sucedido fue que al actual gobierno tuvo que, de alguna forma, evitar que Guaidó pudiera reeditar su presidencia, precisamente para restarle la legitimidad de origen, porque al no ser presidente de la AN, se provocaría un debilitamiento de la imagen pública de Juan Guaidó en el interior y exterior del país. Es así que se produce una pequeña fracción dentro de la oposición que, mediante una clara intervención del gobierno, intenta quedarse con la presidencia de la AN. Dicha acción no pudo ser validada, ya que no cumplía con lo estipulado en la ley, donde una de sus normas principales es que el que presida dicha Asamblea debe ser el que entrega el cargo. Por último, la sesión se celebró con el quorum requerido en un edificio contiguo, donde Guaidó fue ratificado en el cargo por una mayoría parlamentaria.

-¿Cómo ha sido la evolución del liderazgo de Juan Guaidó?

-Juan Guaidó vivió, literalmente, una luna de miel, luego de enero de 2019, habiendo asumido varios compromisos importantes de cara a la población venezolana y a la opinión pública internacional, muy pendiente de los sucesos.

-¿Cuáles fueron esos "compromisos"?

-Haber enunciado un "mantra" de tres fases consecutivas que definen la posibilidad real de un cambio político en Venezuela, con lo cual, animó a propios y a extraños, por la fuerza del discurso, y sumó inmediato apoyo de grandes jugadores de los tableros geopolíticos internacionales. Sin embargo, la ausencia de materialización en las expectativas colectivas trajo suficiente ruido como para debilitar las bases del apoyo popular, y con esto, el apoyo de algunas facciones de la oposición que aprovecharon para marcar distancia, apostando o no, al desgaste de la figura emergente de un virtual desconocido para muchos, pero que en muy poco tiempo había conquistado las preferencias de los adversarios al régimen por su valentía y entrega. Estas divisiones pueden calificarse de pequeñas y naturales por el desgaste de la imagen del líder del momento.

-¿A qué se le conoce como "divisiones de laboratorio" en la actual política venezolana?

-Estas surgen a partir de las denuncias del diputado José Guerra (ex partido Primero Justicia), sobre el plan en ejecución del oficialismo para comprar voluntades de algunos diputados de oposición e impedir que se llegara al quórum requerido para concretar la victoria acordada de Guaidó en el proceso electoral a celebrarse en la AN. Aunque no fueron muchas las bajas en la oposición luego de esta denuncia, apareció un grupo de diputados “de oposición” encabezando una fórmula para presidir la AN y sin quórum ni procedimientos reglamentarios; se auto juramentó, contando con el apoyo de diputados oficialistas, y dejando sin poder entrar, según consta en imágenes que recorrieron el mundo, a Juan Guaidó y a otros parlamentarios.

 

FIGURA MESIÁNICA

-¿Está de acuerdo con la frase de que el problema con Guaidó es que “tiene legitimidad, pero no poder”?

-Me parece que la frase está mal formulada, ya que Juan Guaidó cuenta con la legitimidad de origen que le otorga el ejercicio de una posición que fue accedida en comicios democráticos; y así lo reconoce el mundo civilizado, pero no cuenta con legitimidad de desempeño, porque no es un presidente con capacidades fácticas, ya que todas las instancias, incluyendo las represivas, están bajo el control de Maduro, impidiendo cualquier tipo de acción que pueda ser percibida como poder, en el entendido de que definen poder como la capacidad de transformación del entorno, a través de directrices emanadas de su persona.

-¿Es Guaidó la solución al problema de la crisis democrática en Venezuela o hay otro político de oposición que pudiera tomar su legado?

-Juan Guaidó aparece en un momento crítico de desesperanza colectiva como un joven temerario que irrumpe en el escenario para lograr el ansiado cambio político en Venezuela. Representa el arquetipo del héroe, que surge para vencer a los villanos. Creo que, aun reconociendo sus virtudes y capacidades, sería muy triste pensar que Guaidó representa la solución a la crisis política de Venezuela, porque eso pondría en evidencia el tóxico planteamiento mesiánico que tanto daño le ha hecho a nuestros países latinoamericanos.

-Y si no es Guaidó, ¿por dónde se comienza el camino de solución a la crisis democrática en Venezuela?

-La solución pasa por un incremento sustancial en la valoración que el ciudadano tiene sobre sí mismo, en cuanto a su capacidad de convertirse en un agente de cambio efectivo, tal vez en coordinación con otros y siguiendo directrices; pero no esperando “el milagro” de un héroe sobrevenido. Esa solución también pasa por aumentar el respeto que sentimos hacia nosotros mismos, que se ha perdido cuando la necesidad ha apremiado y nos convertimos de clientes políticos a súbditos que se arrodillan detrás de una bolsa de comida. Y por supuesto, aumentando la participación política en todos los sectores del país, generando espacios de debate y movilización en el único escenario donde las democracias modernas han logrado oxigenarse: la calle. Esta idea, en una palabra, sería generando “capital social”, manejando el concepto de Francis Fukuyama de finales del siglo pasado, hoy más vigente que nunca.

-¿Cómo ve la situación política para Guaidó en este 2020? ¿Podrá seguir en la relevancia política nacional e internacional, ya sin el apoyo directo de EE.UU. o de gobiernos regionales como Chile o Colombia?

-Juan Guaidó debe cambiar el curso de su accionar de forma inmediata. La distracción que supone la pelea por el espacio físico del Palacio Legislativo es un factor que pretende anularlo en las primeras de cambio. Y él no debe caer en esa treta. La AN puede sesionar donde su directiva lo decida, sin mayores desgastes ni mayor pérdida de tiempo.

El verdadero reto es reconectarse emotivamente con la gente. Con esa gente que lo abrazó con entusiasmo y se fue apartando; esa gente que no le importa la agenda política, porque la agenda doméstica consume su tiempo, atención, dinero y tranquilidad.

-¿Cuál debería ser su causa más inmediata?

-En un país como la Venezuela de hoy, el reto consiste en la construcción de una causa nacional que suba cerros y atraviese ríos en búsqueda de un cambio político, a través de la motivación de la sociedad civil; nosotros debemos ser los verdaderos protagonistas de una jornada de presión para lograr fracturar el contenedor represivo.

El apoyo de los países es importante, pero el problema de Venezuela es de los venezolanos, y somos los venezolanos quienes debemos encontrar esa solución que todos queremos que llegue cuanto antes.

 

ANOMÍA

-¿Cómo analiza la actual estrategia del gobierno de Maduro, en política interna, en cuanto a coexistir con líderes como Guaidó?

-Sin lugar a duda, una jugada inteligente, entendiendo que han jugado al desgaste de la figura política, atacando por todos los flancos posibles de la credibilidad pública y así no cayendo en la provocación de las amenazas internacionales, de intervenir ante una agresión personal o judicial contra Guaidó. Pero hasta ahora, creo que ha funcionado a medias, ya que todo el desgaste que han ocasionado en los últimos meses se revierte fácilmente ante hechos “heroicos” de Guaidó, como la imagen saltando la reja en la AN.

-¿Podrá Nicolás Maduro salir del ostracismo político regional y encontrar algunos aliados?

-Nicolás Maduro tiene aliados regionales, en Cuba, Argentina, México y Nicaragua. Pero no creo que pueda celebrar nuevas alianzas, mientras su posición política sea la actual.

-¿Las futuras elecciones de la Asamblea Nacional, programadas para este 2020, son una oportunidad para el gobierno de Maduro para hacerse con el último bastión constitucional que no tiene hoy?

-Claro que sí, y Maduro lo sabe. Por eso no escatimarán recursos ni esfuerzos en alcanzar un resultado que tiña de rojo la AN; y en ese intento quiere validar el exceso de pragmatismo inescrupuloso que viene aplicando.

-¿Podrá la oposición mantener la mayoría parlamentaria en las elecciones venideras?

-No creo que existan condiciones como para contar con la participación de la oposición democrática en un próximo proceso electoral, como lo viene anunciando el gobierno. El voto como institución ha sufrido de la anomía general de los últimos 20 años; y en Venezuela ya no representa una herramienta para el cambio político, en la cual los electores tengan confianza.

-¿Cuál es la clave para la oposición venezolana para este 2020?

-Yo considero que el reto es apartarse de todas las distracciones en las que el oficialismo es especialista y enfocarse en la atención de la agenda pública, con soluciones que sean potables a la gente y que a través de ellas se recupere la confianza perdida; y con ello, permita que una causa nacional trascienda más allá de ese concepto de “oposición”, que no está representada de forma exclusiva por los partidos políticos.

Oposición es un concepto de las democracias, en las cuales el oficialismo reconoce una posición diferente y antagónica, pero que con respeto dirime en las diferentes instancias el desarrollo de la gobernabilidad local. Eso se perdió en Venezuela hace tiempo. En este tipo de situaciones, la historia habla de resistencia, y en eso se han convertido millones de venezolanos, quienes con resiliencia ejemplar han trascendido huérfanos de liderazgo verdadero.