EE.UU.- Se suponía que Mike Pompeo rescataría al Departamento de Estado de su desastrosa etapa de inicio de la presidencia de Trump.

Cuando se presentó por primera vez en Foggy Bottom (el barrio de Washington donde tiene su sede el Departamento de Estado) el 1 de mayo, prometió regenerar una burocracia muy agotada, escuchar sus opiniones y revitalizar la diplomacia de Estados Unidos después de un año de disfunción.

El Departamento de Estado, dijo Pompeo, iba a tener “de vuelta nuestra arrogancia”.

Ahora, después de que Pompeo ha repartido sonrisas al asesino Mohammed bin Salman, el Congreso estará obligado a ofrecer un veredicto: Pompeo ha logrado empeorar la diplomacia de Estados Unidos.

La diplomacia “arrogante” suena como una contradicción respecto al sentido que Pompeo le quiere dar, pero él lo ha convertido en su lema.

Lanzó su cuenta de Instagram en septiembre y publicó un artículo de opinión para el Wall Street Journal, descartando con desprecio la indignación del Congreso y de los medios de comunicación por el asesinato del periodista saudita Jamal Khashoggi.

También utilizó un tono despreciativo durante su discurso que pronunció la semana pasada en Bruselas, en el que destrozó a las Naciones Unidas, a la Unión Europea, al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional, a la Corte Penal Internacional, a la Organización de los Estados Americanos y, quizás en buena medida, a África.

¿Los resultados? El Senado votó 63 a 37 para detener el apoyo de Estados Unidos a la intervención calamitosa de Arabia Saudita en Yemen; la jefa del FMI observó que Pompeo no sabía de qué estaba hablando; y la Unión Europea sigue adelante con sus planes de sustituir euros por dólares en transacciones de bienes de energía para evitar las nuevas sanciones de Estados Unidos en contra de Irán.

La primera visita de Pompeo a Pyongyang fue un desastre: el régimen norcoreano condenó su “demanda de desnuclearización unilateral” porque parecía “un gángster”. En octubre regresó pero sólo pudo decir que puede haber una nueva cumbre entre los presidentes. Evidentemente, el gobernante norcoreano ha decidido que no puede negociar con Pompeo.

Las posiciones de línea dura de Pompeo sobre Irán y Corea del Norte eran bien conocidas cuando Trump lo nominó. Pero su llegada hizo pensar que al menos, las numerosas vacantes que nunca ocupó Rex Tillerson, las ocuparía. Al día de hoy no ha pasado de acuerdo con la Asociación para el Servicio Público.