Buenos Aires.  Miles de manifestantes marchaban este viernes en el centro de Buenos Aires contra la cumbre del G-20 que reunía a los líderes de las mayores economías del mundo en la capital argentina, censurando al capitalismo financiero y a los gobernantes de derecha.

Las calles de la ciudad estaban fuertemente custodiadas y semidesiertas debido a un vasto operativo policial para proteger el evento. El gobierno dispuso un asueto especial por el G-20, además de cortes de accesos a Buenos Aires y un enorme despliegue preventivo de fuerzas de seguridad.

"Fuera FMI" y "Fuera imperialistas" decían algunos carteles que se podían ver en la movilización, con imágenes del presidente argentino Mauricio Macri, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, y la primera ministra británica, Theresa May.

Portando banderas rojas y tocando bombos, partidos de izquierda, organizaciones sindicales y entidades de derechos humanos se desplazaban a lo largo de más de 10 cuadras. En una marcha pacífica, las columnas se dirigían hacia el Congreso argentino.

 

Mientras, en otra parte de la ciudad, los funcionarios estaban congregados para abordar distintos temas multilaterales y bilaterales. La atención se centraba en las persistentes diferencias entre Estados Unidos y China en medio de su guerra comercial.

Acuerdo para protesta pacífica. La reunión de los mandatarios en Hamburgo el año pasado fue empañada por militantes anticapitalistas que causaron destrozos. Para evitar una situación similar, el gobierno del presidente argentino Mauricio Macri y representantes de manifestantes en el país alcanzaron un acuerdo para hacer una protesta pacífica.

"Nosotros estamos preparados, estamos con fuerzas suficientes pero esperamos y deseamos que todo se haga en un clima de tranquilidad y de paz, y así lo hemos hablado con los líderes de estas manifestaciones", dijo la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, en una rueda de prensa.

La funcionaria sostuvo que había autorizado que la movilización pasara por una avenida muy cercana al Teatro Colón, donde en horas de la noche está prevista una gala para los líderes mundiales que visitan el país dentro de una zona completamente vedada al público.

 

El temor a la erupción de disturbios en la cumbre aumentó tras un grotesco incidente el fin de semana. La final de la Copa Libertadores de fútbol entre River Plate y Boca Juniors se suspendió cuando hinchas riverplatenses atacaron al bus que transportaba a los jugadores "xeneizes".

El mes pasado, la policía se enfrentó contra manifestantes que tiraban piedras y palos fuera del Congreso mientras se discutía el presupuesto. "No vamos a tolerar la violencia y vamos a actuar si algún pequeño grupo intenta salirse de los carriles de la manifestación normal", dijo Bullrich.