Madrid. Los representantes de Brasil ya enfrentan un duro trabajo en las negociaciones sobre cambio climático de Naciones Unidas dada la molestia contra la posición del presidente Jair Bolsonaro sobre la Amazonía, pero las dificultades son aún mayores debido a que no conocen claramente los objetivos de su propio gobierno.

El líder derechista se ha convertido en blanco de grupos de presión ecologistas desde que la destrucción de la selva amazónica se disparó a un máximo de 11 años y por una serie de terribles incendios en agosto, debido a que las políticas de Bolsonaro incentivan la deforestación y amedrentan a quienes deben aplicar las normas de protección ambiental.

Como si eso no fuera suficiente, los negociadores técnicos de Brasil en las conversaciones de Naciones Unidas en España estaban desconectados de los líderes políticos y no tenían claros sus objetivos, dijeron dos personas con conocimiento del tema.

Eso significa que los negociadores podrían alcanzar un acuerdo que sería desconocido por los líderes del gobierno. "Realmente, lo que Brasil hará en la conferencia es una incógnita", dijo una de las fuentes a Reuters.

Aumentando la confusión, el ministro de Medioambiente de Brasil, Ricardo Salles, llegó a Madrid una semana antes para asistir a la conferencia completa, en lugar de sólo la segunda etapa que incluye a ministros de otros países.

"Sólo él sabe qué está haciendo allí", dijo otra fuente.

Brasil, que alberga la mayor parte de la selva amazónica que sirve como defensa contra el calentamiento global, siempre ha sido un importante actor en las negociaciones medioambientales y suele ser un mediador entre los países industrializados y en desarrollo.

Eso, sin embargo, ha cambiado debido a la ampliamente difundida debilitación de las protecciones domésticas y la delegación oficial de Brasil en Madrid ya no incluye a grupos de presión ecologistas a los que solía patrocinar para que obtuvieran credenciales.

La delegación de Brasil ahora sólo incluye a funcionarios del gobierno, según dos asistentes brasileños que este año participan en el evento bajo una acreditación diferente.

A nivel técnico, la posición negociadora de Brasil sigue sin cambios, según tres personas con conocimiento del tema. En particular, seguirá presionando por una medición más estricta del comercio de carbono y quiere que bajo el pacto de París se honren los créditos de emisiones de un acuerdo climático previo.

A nivel político existe incertidumbre, aunque Salles ha indicado que presionará para ver cuánto recibirá Brasil del plan de financiamiento ambiental anual de US$100.000 millones que los países desarrollados prometieron a las economías en desarrollo para 2020.

El Ministerio de Medioambiente de Brasil y el despacho de Bolsonaro no respondieron a solicitudes de comentarios sobre la cumbre en España.