Lima. El socialista Pedro Castillo, un profesor de primaria y novato en la política que está cerca de ser declarado presidente de Perú, llamó a la unidad nacional en busca de calmar los temores sobre su llegada al poder tras el final del recuento de votos que lo mostró ganando las polarizadas elecciones del 6 de junio.

Castillo, de 51 años, declaró el martes la victoria en las elecciones, aunque su rival derechista Keiko Fujimori ha hecho denuncias de fraude con pocas pruebas y ha solicitado anular algunos votos. El organismo electoral aún tiene que confirmar y anunciar oficialmente al ganador.

"El pueblo peruano ha levantado la cabeza para decir democráticamente vamos a salvar esta patria", dijo Castillo, vitoreado por sus seguidores, desde un balcón en la sede de su partido político en el centro de Lima a última hora del martes.

El sorpresivo ascenso de Castillo ha sacudido a la política tradicional de Perú y podría tener un gran impacto en la industria minera del segundo productor de cobre del mundo, debido a sus planes de un fuerte aumento de impuestos al sector.

En la capital, Lima, los temores por la inminente victoria de Castillo se han extendido entre la pequeña pero poderosa elite pese a que el candidato ha buscado moderar la retórica de su partido Perú Libre.

Castillo dijo que los votantes de los distritos ricos del país, que se unieron detrás de Fujimori, tendrían el mismo peso y apoyo en su eventual gestión que los habitantes de los "rincones más lejanos" de Perú, los pobres de zonas rurales que impulsaron su candidatura.

"No somos chavistas, no somos comunistas, nadie ha venido a desestabilizar este país", afirmó Castillo, en referencia a un eslogan del partido de su rival y de los simpatizantes de Fujimori, que lo comparan con el exlíder venezolano Hugo Chávez.

"Somos emprendedores y garantizaremos una economía estable, respetando la propiedad privada, respetando la inversión privada y por encima de todo respetando los derechos fundamentales, como el derecho a la educación y la salud", manifestó.

Castillo dijo que los votantes de los distritos ricos del país, que se unieron detrás de Fujimori, tendrían el mismo peso y apoyo en su eventual gestión que los habitantes de los "rincones más lejanos" de Perú, los pobres de zonas rurales que impulsaron su candidatura.

País fracturado. Fujimori, en un mitin en la noche del martes frente a su local partidario en Lima, se comprometió a seguir luchando y a "defender la democracia del Perú ". La política espera que el resultado cambie a su favor una vez se resuelvan sus pedidos para anular votos en su contra.

Sus partidarios planean una marcha más tarde el miércoles.

El organismo de supervisión electoral de Perú dijo que confirmaría el resultado una vez que hayan resuelto todas las solicitudes de anulación. En anteriores elecciones el anuncio tomó hasta fines de junio, incluso con menos votos impugnados.

Castillo dijo que esos reclamos generan incertidumbre y exhortó a los peruanos a "permanecer atentos" a los intentos de desestabilizar la democracia del país. Llamó al organismo electoral a hacer "respetar la voluntad popular de este país".

El también líder sindical dijo que "toda la clase política" de Perú necesitaba unirse para superar lo que se ha convertido en el brote per cápita más letal del mundo de COVID-19 y curar las fisuras más arraigadas por la pobreza.

"Hoy es el momento de la gran unidad del pueblo peruano, para gestar una lucha, no solamente contra la pandemia sino con otras pandemias que habido en estos últimos 30 años", señaló.

Sin embargo, curar las divisiones no resultará fácil, ya que ni Castillo ni Fujimori recibieron un importante apoyo en la primera ronda electoral de abril. Ninguno obtuvo más del 20% de los votos.

Alfredo Rodríguez, un plomero que ahora toca puertas en una zona popular de distrito Callao en Lima para mendigar arroz y patatas, afirmó que mucha gente está desilusionada por ambos candidatos y dijo que no había votado por ninguno de los dos.

"Votar en blanco es votar por quien está ganando", agregó.