Tumaco. Las minas terrestres instaladas para proteger los cultivos de hoja de coca, la materia prima de la cocaína, y las protestas sociales promovidas por grupos armados ilegales dedicados al narcotráfico son los principales obstáculos para erradicar los cocales en Colombia, dijo un oficial de la Policía Nacional.

El país sudamericano estableció una meta para arrancar este año 130.000 hectáreas de hoja de coca, incluyendo la posibilidad de reanudar las fumigaciones aéreas con el herbicida glifosato, que se sumaría a la erradicación manual a cargo de policías y grupos de civiles contratados por el Gobierno.

El objetivo para el 2020 supera en un 30% el del año pasado, cuando el país sudamericano arrancó 100.000 hectáreas de cocales, principalmente a través de erradicación manual.

"Esta meta se encuentra diariamente resistencias de diversa índole. Una tiene que ver con la protesta social que en ocasiones dificulta el avance de las operaciones, otra con la inclemencia de las zonas del trabajo, las dificultades del terreno y del clima", dijo el coronel Jesús Enrique Quintero, jefe de la Compañía de Aspersión de la Policía Antinarcóticos.

 

"Y el tema de las minas antipersonas, el uso de explosivos para causar daño a la integridad de los uniformados y de los erradicadores que componen estos equipos de trabajo", explicó el oficial durante una operación realizada el miércoles para erradicar cocales cerca de Tumaco, en la Costa Pacífica de Colombia.

El año pasado grupos armados ilegales mataron en ataques de francotiradores a por lo menos nueve personas entre efectivos de las Fuerzas Armadas y civiles que participaban en labores de erradicación, mientras que alrededor de 50 resultaron heridas, la mayoría mutiladas por la explosión de minas, según el Ministerio de Defensa.

El país sudamericano enfrenta una permanente presión de Estados Unidos, el principal destino de los envíos de cocaína, para reducir el área cultivada después de que las plantaciones se dispararon a más de 209.000 hectáreas al cierre de 2017, con una capacidad potencial para producir 921 toneladas métricas anuales, según Washington.

Colombia suspendió en 2015 la fumigación aérea con glifosato acogiendo una recomendación de la Organización Mundial de Salud, que considera el herbicida como potencialmente cancerígeno y nocivo para la salud y el medioambiente.