No habían pasado ni dos meses desde que había asumido la presidencia de Panamá, cuando el gobierno de EE.UU. ya había catalogado a Ricardo Martinelli como un peligro para la democracia, por su particular estilo de liderazgo y su pasado empresarial.

Tal como consigna el diario El País este miércoles, AméricaEconomía dio cuenta del marcado estilo presidencialista e impulsivo del presidente de Panamá en una extensa entrevista, en diciembre pasado, una conversación que generó variadas polémicas en este país.

Uno de los miembros del gobierno de EE.UU. que inmediatamente rechazó la personalidad de Martinelli fue la embajadora Barbara J. Stephenson, quien en cables enviados desde septiembre a diciembre de 2009, percibe así al primer mandatario: "parece estar en permanente campaña electoral, abriendo constantemente nuevos frentes de batalla". (...). Su fuerte personalidad, su falta de compromiso con el imperio de la ley, su exagerado presidencialismo y su popularidad pueden llegar a dañar las instituciones democráticas de Panamá".

Razones suficientes para que la embajada recomendara "que, sin debilitar la colaboración en los asuntos de mutuo interés, debe establecerse un calendario de encuentros con dirigentes de la oposición, respaldar los llamamientos al fortalecimiento de la independencia judicial y trabajar con la sociedad civil", según agrega El País.

La molestia estadounidense se potenció aún más con el accionar de Martinelli en contra de poderosos hombres de negocios, entre ellos varios norteamericanos, supuestamente favorecidos por concesiones estatales, contra líderes de la sociedad civil y contra políticos del exgobernante Partido Revolucionario Democrático (PRD).

Al mismo tiempo, la representación de Washington afirmó que, para tratar de vencer a sus adversarios, Martinelli ha aprovechado el amplio abanico de poderes de la presidencia; también presionó a otras instituciones, como el Tribunal Supremo, la Asamblea Nacional, la Fiscalía General y la prensa, definida en un cable como más aduladora que vigilante del Ejecutivo. 

"La excesiva concentración de poderes en manos de un solo hombre, junto con su intento de implicar a la embajada en actividades ilegales (el espionaje telefónico de la oposición, utilizando la infraestructura de la DEA) y los informes sobre su intimidación a autoridades judiciales, son causa de preocupación respecto a la estabilidad de las instituciones democráticas de Panamá a medio plazo", señaló la embajada de EE.UU.