Washington. La presidencia de Donald Trump ha pasado de una crisis a otra desde que asumió su mandato hace menos de dos años, pero el jueves fue un día especialmente caótico que pareció poner a prueba la determinación de incluso republicanos de línea dura en Washington.

El secretario de Defensa, James Mattis, respetada figura considerada como una influencia estabilizadora dentro del Gobierno, presentó su renuncia tras discutir con Trump sobre política exterior en una reunión en la Casa Blanca.

Mattis divulgó posteriormente una carta que mostró diferencias políticas fundamentales entre ambos y criticó implícitamente a Trump por su desconsideración con aliados en el extranjero.

También este jueves Trump resistió a la presión de dar pie atrás en una decisión de retirar a tropas estadounidenses de Siria, hizo planes de sacar a fuerzas estadounidenses de Afganistán y el Gobierno se acercaba a una paralización por el financiamiento de un muro fronterizo con México.

 

Como si eso fuera poco, los mercados bursátiles estadounidenses se desplomaron por preocupaciones de los inversores con la paralización gubernamental inminente, un crecimiento económico más lento y proyecciones de la Reserva Federal de más alzas de las tasas de interés en 2019.

Trump enfrentará dificultades el próximo año, que probablemente será dominado por una investigación de respecto a si su campaña presidencial en 2016 se coludió o no con Rusia, e investigaciones del Congreso sobre sus negocios, su familia y algunos miembros de su gabinete.

Los demócratas tomarán el control de la Cámara de Representantes en enero y planean usar su poder para seguir hurgando en el pasado de Trump y en su Gobierno.

Desde las elecciones legislativas de mitad de mandato, Trump ha despedido al fiscal general Jeff Sessions y al jefe de Gabinete de la Casa Blanca John Kelly después de que perdieron su confianza, demás del secretario del Interior Ryan Zinke, que enfrenta cuestionamientos éticos.