Maracay. Endy Pérez estaba acostumbrada a comenzar su día encendiendo la cocina de su pequeña casa en la ciudad de Maracay. En estos días, su rutina debe comenzar con la búsqueda de leña en su jardín o en un parque nacional cercano a su vivienda.

La escasez crónica de gas en el país con las reservas de petróleo más grandes del mundo ha forzado a muchos a recurrir a los árboles como combustible, lo que según expertos podría tener consecuencias ambientales como aludes y cambios en el clima.    

"No había de otra, tengo dos niños (...) había que cocinar", dijo Pérez, un ama de casa de 39 años, de pie junto a una estufa de leña improvisada en el porche de su casa al borde de las 108.000 hectáreas del Parque Nacional Henri Pittier, el primero creado en el país en 1937 y con algunos ejemplares de unos 800 años, según expertos.

El creciente uso de la leña ha provocado alarma entre los activistas que dicen que la discusión de cuestiones ambientales a menudo se ve eclipsada por diatribas sobre la inflación descontrolada, el colapso económico y una crisis política.

De los 15 millones de cilindros de gas que hay en el país para 7,5 millones de hogares, apenas 20% están en condiciones y a eso se suma la falta de producción de gas, dijo el sindicalista petrolero, Iván Freites.

Los incendios y la construcción de humildes viviendas no autorizadas ya han deforestado alrededor del 10% del Parque Henri Pittier, un 4% de ese total en los últimos 10 años, dijo Enrique García, director de grupo ecológico Sembramos Todos que trabaja en la central Maracay, conocida por sus avenidas llenas de enormes y coloridos apamates, ceibas y samanes.

Y ahora se suma la tala de supervivencia al problema.

Hace dos semanas, Sembramos Todos denunció con fotos en su cuenta de Twitter la tala furtiva de unos 15 a 16 árboles en el Henri Pittier que "se presume (era) para obtener leña".

No hay datos oficiales o privados sobre el impacto ambiental del mayor uso de leña, pero la ONG dijo que la recolección de madera contribuiría al aumento de temperaturas en las ciudades y dejaría más expuestos a asentamientos humildes a deslizamientos de tierras.

Ni el Ministerio de Información ni el de Ecosocialismo respondieron solicitudes de comentarios.

 

Las estufas de leña ahora son cada vez más comunes en Venezuela por las fallas en el suministro de gas, que obedecen a una menor producción debido a años de desinversión y corrupción en el sector estatal de hidrocarburos, según expertos.

De los 15 millones de cilindros de gas que hay en el país para 7,5 millones de hogares, apenas 20% están en condiciones y a eso se suma la falta de producción de gas, dijo el sindicalista petrolero, Iván Freites.

"Regresamos fácilmente a la década de los años 30", cuando se cocinó con carbón vegetal, dijo Jorge Naveda, profesor del posgrado de Ecología en la Universidad Central de Venezuela.

En algunos casos, las personas queman basura alrededor de un árbol para secarlo y poder cortarlo y usar la madera para cocinar. Las autoridades ignoran ampliamente la legislación que prohíbe talar árboles sin permisos.

 

En Barquisimeto, en el oeste del país, María Beatriz Medina, una chef de 26 de años, dice que observa desde su vivienda cómo cortan leña a diario frente a su casa. A los cortadores de leña los buscan en camiones para cargar los palos. La sombra que antes daba resquicio del sol desapareció con gran parte de los árboles que allí estaban plantados.

"Vemos pasar a policías y guardias nacionales, pero ninguno les impide que sigan cortando los árboles", dijo.

Algunas ciudades tienen tan poca cobertura arbórea que quienes buscan leña caminan kilómetros para encontrarla.

María Aldana, una jubilada de 61 años, dice que recorre cinco kilómetros a pie desde su casa en la ciudad petrolera de Maracaibo hasta un área boscosa donde puede recolectar leña y reemplazar el gas que no se recibe desde hace tres meses.

 

"Siento indignación por lo que estoy pasando", dijo Aldana, que cada dos días recolecta palos pequeños o usa un machete para cortar ramas y lo lleva de vuelta en un viejo carrito de bebé.

En Maracay, Pérez, con ojos enrojecidos y una tos que dijo se debe al humo, dice que ya ha aprendido cómo hacer que la leña encienda más rápido agregándole papel, plástico y aserrín.

"La tragadera de humo, pararse todos los días a cortar (...). Es agotador", dijo. Pero "lo que nos toca es eso y hay que salir adelante".