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Hackerspaces o la nueva revolución industrial
Lun, 16/04/2012 - 23:04

Christopher Holloway

El nuevo iPad y la decepción de la tierra prometida
Christopher Holloway

Christopher Holloway es periodista de AETecno.com.

Cuando uno trabaja en esto de la tecnología desde hace algunos años, es inevitable encontrarse en un par de decenas de ocasiones, por no decir hasta el hartazgo, con anuncios de final de época, de productos que "marcarán un antes y un después" y de tecnologías que harán del mañana un paraíso. La mayoría de estos terminan siendo poco más que un simulacro de innovación, o apenas un diseño bonito para algo que ya hemos visto y repasado sin asombro de por medio.

En ese contexto me tocó hace unos días asistir a la inauguración de un proyecto llamado STGO Makerspace, una iniciativa nacida de la cabeza de Tiburcio de la Cárcova, fundador de Atakamalabs, y auspiciada por Microsoft en pleno barrio Italia, uno de los sectores con más estilo del Santiago de Chile contemporáneo, atravesado de restaurantes, tiendas de diseño y adolescentes con lentes gruesos y ropa extravagante.

Al comienzo del evento, y luego de que las palabras de su fundador anunciaran la "nueva revolución industrial" que significaba, me preparaba para otra sesión de exitismo megalomaníaco y aspiración desenfrenada de venta de productos, sin embargo, cuando comencé a recorrer las instalaciones la sorpresa me impactó de lleno: quizás Tiburcio tenga razón, esto parece ser realmente grande.

Los Hackerspaces, también conocidos como Makerspaces, son espacios donde un número variable de gente se reúne a realizar todo tipo de proyectos tecnológicos: desde un par de circuitos que produzcan sonidos hasta un nuevo motor de energía solar, pasando por una tabla de surf que no dañe al medioambiente y una pistola automática para molestar a tus compañeros de oficina. La gracia y el objetivo detrás de todo esto es que el espacio cuenta de antemano con una serie de herramientas que todos pueden utilizar, con algunas tan avanzadas que sólo se ven en los laboratorios de las universidades prestigiosas o en alguna empresa eminentemente multimillonaria.

Esto es una suerte de paraíso geek. STGO Makersplace cuenta con kits de robótica, plotters, herramientas de corte de distintos materiales, y hasta tres distintas impresoras 3D, siendo estas últimas un proyecto de bajo costo realizado en otro de los hackerspace que actualmente existen en el mundo. Todas estas herramientas permitirán que tanto diseñadores como ingenieros, expertos en robótica o simples aficionados a la tecnología con buenas ideas puedan explotar su imaginación a niveles que difícilmente se hubieran imaginado posibles. Y ni siquiera hace falta contar previamente con los conocimientos, pues se realizan constantes jornadas de capacitación en los más diversos temas, además de poder aliarse a algún otro de los miembros con mayor experticia en el área que se necesite.

En mi recorrido por los proyectos que ya se habían desarrollado, me tocó encontrarme con sendos robots-araña con complejas extremidades, aparatos que permitían experimentar con la voz para producir música; otro robot que cualquiera podía controlar conectándose a una red WiFi y -el más impresionante y perturbador de todos- una cucaracha con un chip implantado en la cabeza que podía ser manejada a control remoto: ¡un insecto cyborg que los chicos de Backyard Brains incluso te enseñan a hacer en tu casa! (y que me hace dudar entre felicitarlos o llamar a PETA para consultar con respecto a los derechos de los insectos).

Si bien existen una cincuentena de estos lugares a lo largo de todo el mundo, aún pueden considerarse los Hackerspace como una tendencia en ciernes, siendo este el primero en instalarse en Latinoamérica (y si existe algún otro que se haya escapado a mi búsqueda, con gusto será agregado aquí). De surgir con mayor fuerza y coordinación, podríamos comenzar a hablar de una red paralela de producción, que escapa a las dinámicas normales y que permite imaginar un horizonte de innovación y avances mucho más extensos, y que de cierta forma volvería más democrático el conocimiento, despojándolo de su formalidad.

Las revoluciones industriales son periodos que suelen delimitarse por el tipo de energía que se usa, las formas de producción con las que operan, y los cambios científicos que en la sociedad ocurren y que terminan por redefinir las dinámicas económicas generales y las políticas sociales particulares. En el caso de los hackerspaces -debo decirlo- confío en que estos elementos se configuren de forma suficientemente armónica para cuajar en esta nueva "revolución industrial": la de la producción independiente y el hervidero de ideas.

"No hay tal revolución científica, y este es un libro acerca de ella", escribía Steven Shapin al comienzo de su libro The Scientific Revolution, por allá por 1996, aludiendo a la idea ingenua de que los procesos multidisciplinarios tienen un origen y un final reconocible, casi como si fueran bloques en la construcción de la Historia y el conocimiento. No hay pues tal revolución industrial, y que sea esta apenas una de las primeras columnas dedicadas a hablar de ella.