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No fuimos chavistas en México
Lun, 11/03/2013 - 11:47

Ivonne Melgar

México: ¿Es Josefina más de lo mismo?
Ivonne Melgar

Ivonne Melgar es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM (México). Trabajó en unomásuno y en Reforma. Es reportera y columnista del periódico Excélsior, Grupo Imagen y Cadena Tres Noticias. Ha reporteado las actividades de Los Pinos (casa de gobierno de México) desde 2003. Es autora de la columna de análisis político Retrovisor que se publica todos los sábados en Excélsior.

En lo que a nosotros corresponde, Hugo Chávez fue herido de muerte durante la llamada campaña negra de 2006. A partir de entonces, el PRD y su máximo representante, Andrés Manuel López Obrador, fueron orillados al deslinde.

Por eso el duelo entre millones de sudamericanos y centroamericanos contrasta con la parquedad observada aquí, donde las primeras reacciones ante el fallecimiento confirmaron que el chavismo no logró sentar sus reales en México.

La escena atestiguada en San Lázaro al conocerse la noticia dio cuenta de una clase política sin entusiasmo por la revolución bolivariana.

¿Es la nuestra una izquierda liberal que supo pintar su raya con el caudillo o sólo se trató de una derrota ideológica temporal que la obligó a poner distancia con el venezolano, convertido hace siete años en el referente del populismo?

“No soy como Chávez”, repitió hasta el cansancio el ex candidato en la campaña de 2012. “Nunca hemos hablado, no lo conozco”, aclaró.

Ese deslinde inhibió las relaciones del perredismo con el bloque del ALBA, cuyas expresiones se dejaron sentir en municipios y delegaciones del PRD, como en Tlalpan, con brigadas de médicos que venían a curar cataratas.

Si bien la corriente de René Bejarano y la senadora Dolores Padierna continuó la relación con Chávez, ésta era negada, sin matices, por AMLO, en una clara evidencia de que la satanización impulsada por Vicente Fox y Felipe Calderón surtió efecto.

Recordemos que el spot en el que se advertía que el tabasqueño era “un peligro para México” fue ilustrado con imágenes en las que el venezolano daba un discurso.

Aún no habían sido privatizadas en Caracas las filiales de Cemex, Bimbo y Maseca, situaciones que abonaron en la animadversión hacia Chávez. Pero sí resonaban sus descalificaciones a Fox: “¡Es un cachorro del imperio!”.

Reacio a reconocer a Calderón, el venezolano hizo suyo el discurso del fraude y reclamó a los gobiernos del PAN el haberlo utilizado como un referente del mal. Con el tiempo la relación se retomó sólo protocolariamente. No es gratuito que ahora mismo carezcamos de embajador aquí y allá.

La distancia incluyó al PRI, cuyos diputados no escaparon a la exclamación de fastidio con el que el pleno respondió este martes a la propuesta de honrar la memoria del comandante, hecha por la bejaranista Aleida Alavez. Noventa minutos después, con la reforma al fuero aprobada, el presidente de la Cámara, Francisco Arroyo Vieyra, ofreció el pésame.

La perredista Socorro Ceseñas reclamó solemnidad y respeto. “Está bueno”, cedió el priista y convocó al minuto de silencio.

Apenada acaso por la falta de una condolencia auténtica, Amalia García, ex presidenta del PRD, dijo que si bien el personaje pudo ser polémico, era necesaria una actitud de reconocimiento al jefe de Estado.

Antes, únicamente el ex perredista Gerardo Villanueva, ahora del Movimiento Ciudadano (MC), aprovechó su paso en tribuna para reivindicar a “la clase política que no se ha arrodillado ante el neoliberalismo” y despedirse: “¡Hasta pronto, comandante Hugo Chávez!”.

En contraste, requerido por la prensa, el jefe de la bancada del PRI, Manlio Fabio Beltrones, se limitó a expresar que en el Congreso “lamentamos la muerte de un mandatario, en este caso del presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, y le deseamos al pueblo y gobierno de Venezuela que pronto encuentre una normalidad en su gobierno, después de este fatal desenlace”.

Cero elogios, cero enumeración de las aportaciones políticas que se exaltan en el centro y el sur del continente.

Dos días después, ya que el presidente Enrique Peña anunció que iría a los funerales, en San Lázaro hablaron de rectificar. Alfonso Durazo, del MC, criticó a Arroyo Vieyra: “No quisiera parecer grosero pero, debo decirlo, me pareció mezquina la actitud de la Presidencia (...) Reconozco el carácter controvertido del desempeño del presidente Chávez, sin embargo, no corresponde a esta Cámara dar un veredicto”.

El presidente de la Cámara admitió: “Coincido en que no se dio en los mejores términos”. Y dejó entrever que un día de estos se repondrá el gesto de duelo.

Disciplinados, los priistas se pondrán a tono con su jefe nato, quien este viernes figuró entre los 33 presidentes que siguieron el ritual de las exequias.

El mandatario mexicano aprovechó muy bien la oportunidad para extenderle la mano a sus pares de la región, aunque no hubo de parte de los anfitriones una señal diplomática que valorara el gesto. Tanto así que Peña participó hasta la tercera guardia de honor, junto con el malquerido representante de la realeza española, Felipe de Borbón.

Pero tampoco podemos obviar la aclaración de Peña al concluir la ceremonia: “más allá de las diferencias de orden ideológico que pudiera haber, sin duda, habrá siempre propósitos compartidos que unan a todos los pueblos”.

Sí, él también recurrió al deslinde. Porque, más allá de lo que ocurra con el mito Chávez, el luto que une a la clase política latinoamericana no hizo eco en un México que, literalmente, se vacunó del contagio que generaba el líder de la integración regional antiestadounidense.

*Esta columna fue publicada originalmente en Excelsior.com.mx.

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