Washington. Los delegados para las negociaciones comerciales de Estados Unidos y China están listos para reanudar las conversaciones cara a cara este jueves por primera vez en casi dos meses, en nuevo intento de las dos economías más grandes del mundo de salvar sus profundas diferencias políticas y encontrar una salida a la prolongada guerra comercial.

Las negociaciones de este jueves y viernes tienen por objeto sentar las bases para unas conversaciones de más alto nivel a principios de octubre que determinarán si los dos países están trabajando hacia una solución o si se dirigen hacia la imposición recíproca de aranceles más altos.

Una delegación de unos 30 representantes chinos, encabezada por el viceministro de Finanzas, Liao Min, estaba lista para iniciar las conversaciones este jueves por la mañana en la oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR) cerca de la Casa Blanca. Se espera que el lado estadounidense esté encabezado por Jeffrey Gerrish, director adjunto de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR por sus siglas en inglés).

Es probable que las discusiones se centren en gran medida en la agricultura, incluyendo las demandas de Estados Unidos de que China aumente sustancialmente las compras de soja estadounidense y otros productos agrícolas, según dijo a Reuters una persona con conocimiento de las discusiones planeadas.

Dos sesiones durante los dos días cubrirán temas agrícolas, mientras que solo una se dedicará a los textos que tratan de los cambios fundamentales para fortalecer la protección de la propiedad intelectual de China y poner fin a la transferencia forzada de tecnología de Estados Unidos a las empresas chinas.

"Las sesiones sobre agricultura tendrán una cantidad desproporcionada de tiempo", dijo la fuente, que agregó que una de estas sesiones también se centrará en la demanda del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que China suspenda los envíos de fentanilo opioide sintético a Estados Unidos.

Trump está ansioso por ofrecer oportunidades de exportación a los agricultores estadounidenses, una de sus principales estrategias políticas que se han visto afectadas por los aranceles de represalia de China sobre la soja estadounidense y otros productos básicos agrícolas.