Fue incluso peor que tras del colapso de Lehman Brothers en 2008: cuando la pandemia de COVID-19 se extendió por todo el mundo desde Asia, los inversores extranjeros se retiraron de los mercados emergentes casi de la noche a la mañana. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que, solo en la fase inicial de la pandemia, el capital extranjero retirado ascendió a más de US$100.000 millones.

Es "una crisis como nunca antes la había visto el mundo, la recuperación es incierta", resumió el FMI en junio, en su perspectiva actualizada para la economía global. Los países industrializados pueden perder uno o dos años de crecimiento económico, mientras que a los países en desarrollo y emergentes les amenaza una década perdida, pronostican los expertos del FMI.

Desde su fundación en 1945, nunca antes tantos países habían solicitado asistencia financiera al unísono al organismo, subrayó su directora, Kristalina Georgieva. Los gestores de crisis del organismo internacional temen, ante todo, que una crisis prolongada empuje al FMI a sus límites financieros.

El Banco Mundial espera un decrecimiento económico del 2,5% en los mercados emergentes para este 2020. No suena tan mal, si le compara con el ocho por ciento esperado en los países industrializados. Pero, para los mercados emergentes, esta será su peor recesión económica desde la década de 1960.

Entretanto, la fuga de capitales se ha ralentizado y ya hay datos que apuntan a que desde junio han vuelto a fluir más inversiones hacia los países emergentes de las que se retiran. Pero esto no se aplica a todas las economías afectadas por la crisis del coronavirus.

Países como Chile, Guatemala, México, Paraguay, Perú y Panamá han logrado colocar bonos en los mercados financieros internacionales incluso después de que estalló la pandemia, sin horrendas primas de crisis, en "términos razonablemente buenos", explica el economista José Antonio Ocampo.

Los mercados emergentes en Europa también se ven afectados. En Europa, Rusia ha sido duramente golpeada por la pandemia. Pero los analistas de IHS Markit prevén, sobre todo, tiempos difíciles para países como Montenegro, Bosnia-Herzegovina, Armenia, Turquía y Croacia. En Montenegro, el turismo aporta más del 20% al producto interno bruto (PIB). En Turquía, más del 12%. Al igual que otros mercados emergentes, Turquía también depende en gran medida de la inversión extranjera.

A nivel mundial, países como Filipinas, con una participación del turismo del 25% en el PIB, o Tailandia, con poco menos del 22%, son los más afectados. Pero incluso los gigantes económicos China e India, con una participación del turismo que asciende al once y el nueve por ciento de su PIB respectivamente, ven gravemente afectado su crecimiento económico por las restricciones de viajes internacionales.

Desvanecido esplendor en Brasil y Sudáfrica. Economías como la de Brasil y Sudáfrica, que fueron la vanguardia de los llamados BRICS y estuvieron en el centro de atención de los mercados financieros durante muchos años, ya estaban en problemas antes de esta crisis del coronavirus. El hecho de que la pandemia se haya desatado de modo particularmente violento en estos países exacerba, por supuesto, la crisis.

Hasta ahora, el COVID-19 se ha cobrado menos vidas en los países más pobres del sur de Asia, América Latina y África que en los países industrializados más afectados. Sin embargo, el ex economista jefe del FMI, Raghuram Rajan, supone que el daño económico será considerablemente mayor para ellos. A Rajan, que ahora enseña en la Universidad de Chicago, le preocupa especialmente el alto endeudamiento de las empresas en los mercados emergentes.

Muchas monedas de mercados emergentes han perdido significativamente valor frente al dólar y al euro. Así que las empresas que tienen deudas en euros y dólares deben recaudar cada vez más moneda local para pagar sus préstamos. Por eso, economistas como Rajan advierten sobre el creciente riesgo de quiebras.

El comercio internacional de bienes, la inversión extranjera directa y el turismo han sufrido durante meses. Muchas economías emergentes severamente afectadas por la pandemia no podrán compensarlo, escribió Rajan en el Financial Times a principios de julio. No tendrán medios para estabilizar sus economías con programas económicos de miles de millones de dólares, y ayudas a consumidores y empresas. Además, muchos países emergentes apenas cuentan con un sistema nacional de atención sanitaria y solo pueden reaccionar deficientemente a un gran brote de coronavirus.

"Cuanto más dure esto -y el aumento de las infecciones indica que lo peor aún está por venir-, más créditos necesitarán incluso grandes y sostenibles empresas nacionales, para mantenerse a flote. Si sus acreedores no muestran ninguna condescendencia, muchas de estas empresas sobreendeudadas no podrán recuperarse financieramente cuando venga el repunte y la demanda aumente nuevamente", advierte el economista estrella indio.

 

Ralentización desde antes de la pandemia. Mucho antes de la pandemia, los economistas del grupo de expertos londinense Capital Economics estaban seguros: "La era dorada de los mercados emergentes ha terminado. Tarde o temprano, China tendrá que ajustarse a las tasas de crecimiento de un exiguo dos por ciento al año". Desde el cambio de milenio, las economías emergentes tuvieron tasas de crecimiento inusualmente altas que ya no podrán repetirse en un futuro previsible.

"Esperamos que el crecimiento del PIB de las economías emergentes disminuya de un promedio de 5,5% en las décadas del 2000 y 2010 a alrededor de 3,5% entre 2020 y 2040. El crecimiento seguirá siendo más rápido que en el mundo instrializado. Pero los ingresos de los mercados emergentes se irán equiparando más lentamente que antes con los de los países más desarrollados".

Situación en América Latina. Países como Chile, Guatemala, México, Paraguay, Perú y Panamá han logrado colocar bonos en los mercados financieros internacionales incluso después de que estalló la pandemia en la primavera, sin horrendas primas de crisis, en "términos razonablemente buenos", explica el economista José Antonio Ocampo, en un análisis para el grupo de expertos Brookings Institution, en Washington.

Ocampo, que es consultor de políticas de desarrollo de Naciones Unidas y enseña en la Universidad de Columbia, en Nueva York, prevé que los países afectados en América Latina necesitarán un aplazamiento de pagos bajo la supervisión del Banco Mundial o de los bancos regionales de desarrollo, para enfrentar mejor las consecuencias de la pandemia.

No obstante, la situación es mucho más grave para países altamente endeudados como Argentina y Ecuador que, incluso antes de la crisis, necesitaban más que solo aplazar el pago de su deuda pública.

 

Reestructuración de deuda, en lugar de impagos. Para Raghuram Rajan, los inversores internacionales con bonos de deuda pública y corporativa deberían renunciar a parte de sus reclamos frente a países pobres y emergentes: "Los países más industrializados no deben arruinar al resto del mundo solo por interés propio. Lo que suceda en otros sitios no se quedará allí", enfatiza.

La amenaza de desempleo masivo en los países más pobres conducirá a la emigración masiva. En última instancia, insiste Rajan, un mayor proteccionismo en los países industrializados no desencadenará sino "infinitas flotillas de botes de refugiados y caravanas de desesperados".