En realidad, en la mina ya no queda nada, pero los niños de Potosí prueban suerte de todas formas. Ellos excavan en los pozos de Cerro Rico para encontrar los últimos restos de plata. Una muestra de la miseria que hay en el centro de la ciudad boliviana, que está a 4000 metros sobre el nivel del mar. Allí solo los extranjeros se hicieron ricos. Durante siglos, la corona española extrajo tanta plata aquí "que se podría construir un puente hasta Europa", dicen los bolivianos.

Mientras que los depósitos de plata bolivianos fueron casi completamente explotados, el país posee actualmente un recurso natural que todavía está intacto: el litio. El salar de Uyuni es el lago salado más grande del mundo. Ahí se encuentran hasta 20 millones de toneladas de esta materia prima que los países industrializados necesitan para la producción de baterías.

"La historia de Potosí no se repetirá", dijo en abril de 2018 Juan Carlos Montenegro a los obreros, soldados y estudiantes de Uyuni. Montenegro, jefe de la empresa estatal de litio YLB, les comentó sobre un mega-proyecto junto con pequeñas y medianas empresas de Alemania, que incluye la extracción de 40.000 toneladas de hidróxido de litio por año en el salar, con condiciones impuestas por Bolivia.

"El litio marca el comienzo de la era industrial en nuestro país", declaró Montenegro en ese momento.

El proyecto puede reanudarse. Dos años y medio después, el tan aclamado proyecto está congelado. En 2019, el entonces presidente de Bolivia, Evo Morales, detuvo por decreto el acuerdo con los alemanes. Previamente había habido protestas por parte de la población de los alrededores de Uyuni, que exigían una mayor participación en el acuerdo.

Originalmente, se planificaron inversiones de 1.200 millones de euros (US$1.400 millones) en Uyuni. La alianza estratégica del grupo estatal YLB, por un lado, y el promotor de proyectos de Baden-Württemberg ACISA y K-Utec, por el otro, debía extraer decenas de miles de toneladas de litio cada año a partir de 2022.

Después Morales se fue al exilio y el acuerdo se perdió en la confusión política interna. Ahora, tras la victoria del izquierdista Luis Arce -exministro de Economía bajo el mandato de Morales- las posibilidades de reanudación del proyecto aumentan.

"Si las compañías alemanas se ajustan a las condiciones, entonces continuaremos la cooperación", dijo Arce en una entrevista con el Frankfurter Allgemeine Zeitung poco después de ganar la elección.

El político es considerado como un pragmático que abrió económicamente Bolivia en la época de Evo Morales y llevó al Estado andino a un auge único en América Latina. Uno que no solo entiende acerca del tipo de riqueza que Bolivia tiene, sino que también sabe que se necesitan especialistas del extranjero para explotarla. Las esperanzas son mayores por el lado alemán.

"Un proyecto de igual a igual". Heiner Marx es el director ejecutivo de la empresa especialista en potasa K-Utec. Su compañía iba a construir las instalaciones de producción de litio en Uyuni. El acuerdo es "un proyecto de igual a igual", subrayó Marx.

"Hemos hecho a Bolivia una propuesta muy interesante que también tiene en cuenta criterios sociales y ecológicos. Una parte sustancial del valor agregado debe permanecer en la región". Los productos de desecho del proceso de fabricación podrían transformarse en fertilizantes y los especialistas podrían recibir capacitación local sobre el modelo alemán. Las células solares deben cubrir las necesidades de energía de la planta.

Marx incluso habla de una "bendición para Bolivia" si el proyecto continúa. Al mismo tiempo, admite que Chile y Argentina, que junto con Bolivia pertenecen al "triángulo del litio", están aplicando impuestos significativamente más altos a la minería.

Después de "casi dos años perdidos" en Uyuni, Marx enfatiza que la compañía ahora quiere llegar a un acuerdo con el nuevo gobierno de Bolivia. Esto no es solo en interés de su compañía, sino de la industria alemana en su conjunto (Volkswagen, Daimler y BMW, entre otras).

Alianza estratégica bajo control boliviano. Originalmente, se planificaron inversiones de 1.200 millones de euros (US$1.400 millones) en Uyuni. La alianza estratégica del grupo estatal YLB, por un lado, y el promotor de proyectos de Baden-Württemberg ACISA y K-Utec, por el otro, debía extraer decenas de miles de toneladas de litio cada año a partir de 2022.

Los bolivianos tendrían el 51% de las acciones, mientras que los alemanes el 49%. El proyecto iba a durar 70 años.

Los expertos ven buenas posibilidades para un nuevo comienzo del proyecto, siempre y cuando las empresas alemanas mejoren su oferta. "Es comprensible que países como Bolivia quieran mantener una mayor cuota de valor agregado en el país. Es una tendencia que observamos en los mercados de materias primas de todo el mundo", afirmó Michael Schmidt, de la Agencia Alemana de Materias Primas.

Schmidt estima que la demanda de litio de Alemania podría multiplicarse hasta 31.000 toneladas anuales en los próximos cinco años.