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México y Colombia: caminos distintos
Mié, 08/08/2018 - 13:09

Pascal Beltrán del Río

Elección 2012: el qué y el cómo
Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río Martin es periodista mexicano, ha ganado dos veces el Premio Nacional de Periodismo de México en la categoría de entrevista, en las ediciones 2003 y 2007. En 1986 ingresó en la entonces Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se licenció en Periodismo y Comunicación Colectiva. De 1988 a 2003 trabajó en la revista Proceso; durante este tiempo publicó el libro Michoacán, ni un paso atrás (1993) y fue corresponsal en la ciudad de Washington, D.C. (1994-99), además de Subdirector de Información (2001-2003). Fue dos veces enviado especial en Asia Central y Medio Oriente, donde cubrió las repercusiones de los atentados terroristas de septiembre de 2001 y la invasión de Irak.

México y Colombia tuvieron elecciones presidenciales este año y estrenarán gobierno.

Ambas naciones tienen mucho en común: enfrentan retos para detonar el crecimiento económico e implantar la legalidad.

Ayer tomó posesión Iván Duque Márquez como mandatario colombiano para el periodo 2018-2022. Dentro de 115 días hará lo propio Andrés Manuel López Obrador para los próximos seis años.

Vale la pena notar que mientras el lapso entre la segunda vuelta de la elección en Colombia y la asunción del nuevo mandatario es de apenas 51 días, en México deben pasar cinco meses.

No obstante ese desfase en el arranque de sus respectivas presidencias, será interesante ir comparando los logros de Duque y López Obrador.

Aunque ambos ganaron su elección con un porcentaje similar de votos –53% el mexicano y 54% el colombiano (en segunda vuelta)–, uno y otro fueron candidatos con grandes diferencias en su propuesta para los votantes.

Iván Duque contendió contra Gustavo Petro, un político de ideas comparables a las de López Obrador. Ubicado a la derecha del centro ideológico, Duqueenarboló la bandera del emprendimiento en su campaña como método para abatir los rezagos sociales que tiene su país. En cambio, López Obrador puso al Estado en el centro de su estrategia, con propuestas como subvenciones para jóvenes que no encuentren empleo. 

El colombiano lo reiteró ayer en su discurso de toma de posesión en plaza Bolívar de Bogotá:

“Ha llegado el momento de hacer del emprendimiento la base de nuestro progreso económico y social”, dijo.

“Colombia debe ser un país donde micro, pequeñas, medianas y grandes empresas progresen de manera sostenible para generar empleos de calidad. Por eso pondremos en marcha un programa de reactivación económica que nos permita, con responsabilidad fiscal, tener un sistema tributario y de desarrollo productivo orientado a la inversión, el ahorro, la formalización, la productividad y la competitividad de nuestra economía”.

Igual que México, Colombia padece la ausencia de legalidad en muchas zonas del país. El gobierno saliente quiso enfrentar ese problema mediante un pacto de paz con las FARC, la organización guerrillera que se había convertido al narcotráfico.

Sin abjurar de cumplir con dicho pacto, Duque hizo patente ayer que tiene su propio enfoque para hacer frente tanto a los viejos fenómenos de criminalidad, como a los nuevos que han surgido a raíz de la desmovilización de los rebeldes.

“La paz la tenemos que construir todos y para ello debemos tener clara la importancia de contar con una cultura de la legalidad sustentada sobre el Estado de derecho. Sólo una sociedad donde la seguridad y la justicia garantizan la aplicación de la ley logra derrotar a la violencia”, dijo en su discurso.

“Construir la paz requiere que derrotemos a los cárteles de la droga que amenazan distintos lugares del territorio. Vamos a ser efectivos en la erradicación y sustitución de cultivos ilícitos de la mano de las comunidades, en la puesta en marcha de proyectos productivos y en romper las cadenas logísticas y de abastecimiento de las estructuras del narcotráfico”.

No tuvo Duque una sola expresión para la tolerancia o la despenalización del cultivo, la venta o el consumo de drogas como las que se han escuchado en México en estos días de transición.

Y continuó: “Como comandante de las Fuerzas Armadas y en colaboración con las autoridades judiciales, vamos a actuar en todo el territorio nacional para desarticular las redes del crimen organizado y llevarlas ante la justicia, haciendo valer la premisa de que el que la hace, la paga”.

“Legalidad significa que trabajemos por la seguridad ciudadana”, abundó. “Que tengamos mecanismos para georreferenciar el delito, que desarticulemos estructuras, que persigamos a los jíbaros que inducen a los niños a la tragedia de la droga, que sancionemos con cadena perpetua a los proxenetas, a los violadores y asesinos de menores y de mujeres y nos concentremos en la prevención del crimen”.

Dos discursos, dos estrategias distintas para hacer frente a los retos más apremiantes de sus respectivos países, retos que son semejantes… Y, sin embargo, Duque y López Obrador tienen algo en común: su creencia en la promoción de valores.

“Legalidad significa que formemos una sociedad de valores, que desde edad temprana formemos en civismo, urbanidad y respeto para sembrar en los ciudadanos una muralla ética que complemente las enseñanzas del hogar”, dijo el colombiano.

México y Colombia estrenan Presidente este año, con menos de cuatro meses de diferencia. Veremos cómo le va a cada país en los próximos años.

*Esta columna fue publicada originalmente en Excélsior.com.mx.