El contrabando se dispara mientras la economía de Venezuela se hunde
Cargando cartones de huevos al hombro, un joven vadea con dificultad un río en la frontera occidental de Venezuela. Minutos después, del otro lado de la orilla, un comerciante colombiano comprará satisfecho la carga.
En una península del Caribe, un pescador zarpa bajo el amparo de la oscuridad a la cercana isla de Aruba cargado de una variedad de productos, desde pescado hasta harina.
Y en la vecina Guyana, mineros y policías conducen vehículos alimentados por gasolina venezolana de contrabando.





