La Cena de los Sentidos: para comer no se necesita ver
Se apagaron las velas y la penumbra se convirtió en oscuridad. El aroma de la comida empezó a llegar hasta el fondo de la sala y eso abrió el apetito de los comensales que, por esta vez, no sabían lo que cenarían. Por lo menos hasta poder tocarlo y, en algunos casos incluso seguirían con la incógnita hasta después de comerlo.





