La (célula) madre de todas las batallas
Úrsula añoraba ser mamá. Con su esposo, Carlos, llevaban tiempo intentándolo. Pero cuando la frustración de no poder engendrar amenazaba con convertirse en una depresión mayor, finalmente un tratamiento médico dio resultado. “Estábamos felices”, dice ella. Durante los nueve meses de gestación e ilusión conversaron acerca del futuro de la bebé. “Nos había costado tanto que estábamos dispuestos a todo. Por eso optamos por un banco de células madre. Para asegurar su salud ante cualquier eventualidad”.





