¿Se acuerda de las demandas y marchas de miles de jóvenes de Hong Kong el año pasado? ¿Y de la guerra comercial de Trump contra China?
Todo eso pareciera haber pasado al olvido en pocos meses con los buenos resultados bursátiles locales. Parafraseando a Hemingway, Hong Kong es una fiesta.
En realidad, nunca dejó de serlo. Puede que algunas compañías busquen en Singapur, Tokio y hasta en Seúl su alternativa financiera, pero la bolsa local sigue en una danza interminable de ganancias y fuertes inversiones, a pesar de la pandemia y de los marcados contrastes en su sociedad.