Cordial. Así se ha declarado que fue la reciente conversación telefónica de los presidentes Xi Jinping y Joe Biden –de largas tres horas y media– el pasado lunes. Fue la segunda vez en menos de una semana, luego de la declaración conjunta post COP26, cita en la que se comprometieron a acciones más agresivas para combatir el cambio climático, en la que ambos líderes mostraron un acercamiento que fue interpretado como un paso adelante para reducir tensiones entre ambas superpotencias.

Y es que el enfrentamiento comercial de ambas naciones pareciera no dar tregua, con una creciente lista negra de firmas chinas en las que Estados Unidos restringe la inversión. Una de las más recientes sanciones fue en octubre, cuando la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) revocó la licencia que permite que China Telecom haga negocios en Estados Unidos. 

Por otro lado, a comienzos de este mes, Reuters dio a conocer imágenes satelitales del ejército chino, que había construido maquetas en forma de portaaviones de la marina estadounidense y otros buques de guerra estadounidenses, posiblemente con objetivos de entrenamiento, en el desierto de Xinjiang.

Estos movimientos siguen presentando un clima de inestabilidad generalizado, similar al de una Guerra Fría.

Así lo explicó en su keynote ‘China, desacoplamiento, peligros y oportunidades para las multilatinas’, la académica estadounidense, Margaret Myers, directora del programa Asia y América Latina de la Fundación Diálogo Interamericano (the Dialogue), durante el evento Multilatinas 2021: Ante una nueva era, de AméricaEconomía, realizado el 10 y 11 de noviembre.

En esta charla, Myers subrayó que el comportamiento de la economía global –y para toda la región latinoamericana– dependerá de la evolución que tenga la competencia comercial entre China y Estados Unidos en los próximos meses y años. Pero también estará sujeto a cómo evolucione la situación política y económica tanto dentro de China como dentro del país norteamericano.

“[La relación China-EE.UU.] en general no ha mejorado, y en muchos aspectos está empeorando”, afirmó Myers desde su hogar, en Virginia.

En cuanto al comercio, Margaret Myers reconoció algunos esfuerzos para reconsiderar algunas de las restricciones que la administración Trump puso en marcha.

“La oficina de la representante comercial de Estados Unidos, Katherine Tai, ha declarado la posibilidad de reestablecer las restricciones de productos para las importaciones que solo están disponibles en China, e indicó que solicitaría comentarios públicos sobre si debiese restablecer exclusiones para ciertos productos chinos de los aranceles que fueron impuestos bajo la sección 301 de la Ley de Comercio de Estados Unidos hace algunos años”, indicó Myers.

“Pero, en general, esto no equivale a un gran cambio en la política general hacia China”, lamentó Myers, quien también es académica de la Universidad de Georgetown.

En junio, el presidente Biden amplió las restricciones a las inversiones estadounidenses en ciertas empresas chinas con supuestos vínculos al ejército chino y de sus organismos de inteligencia. “Es un proceso que continua y vimos este tipo de actividad durante la administración Trump y obviamente está continuando en esta administración”, destacó.

[Una invasión a Taiwán por parte de China] tendría efectos profundos en las empresas chinas y en la expansión o mantenimiento de la iniciativa de la Franja y la Ruta: se podría pedir a muchas empresas chinas que reorienten sus prioridades, dejando en algunos casos algunas inversiones en la región [latinoamericana] en el limbo”, elucubró Myers. 

Globalmente hay muchos observadores, incluido el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, que han señalado que la relación entre las dos mayores potencias del mundo va hacia una dirección no solo más tenso, sino que también más peligrosa. “En el peor de los casos, las tensiones crecientes podrían resultar en una confrontación militar. Las tensiones de Estados Unidos y China sobre Taiwán están realmente aumentando […] y es muy claro que las dos partes se están preparando para ciertas contingencias militares”, observó Myers en su keynote.

Un conflicto entre ambas potencias sobre Taiwán también tendría implicancias globales, incluso para América Latina, señaló.

“Hay analistas en Estados Unidos que creen que una invasión china en Taiwán es inevitable en los próximos 10 años, especialmente si China no logra ciertos objetivos económicos internos y necesita energizar el apoyo interno al Partido Comunista Chino (PCCh). Si esto sucede, tendría efectos profundos en las empresas chinas y en la expansión o mantenimiento de la iniciativa de la Franja y la Ruta: se podría pedir a muchas empresa chinas que reorienten sus prioridades, dejando en algunos casos algunas inversiones en la región [latinoamericana] en el limbo”, elucubró Myers. 

También podría ocurrir que las dos economías más grandes del mundo profundicen su división económica, el temido desacople.

“Si viéramos un mayor desacoplamiento de estándares de producción, especialmente en alta tecnología, algunas economías latinoamericanas se verán obligadas a tomar decisiones sobre los productos y las plataformas que van a adoptar. Y estas decisiones tendrán implicancias no solo económicas, sino que también políticas, obviamente”, advierte Myers.

Por otra parte, la estrategia de circulación dual de China –su estrategia para reorientar la economía priorizando el consumo interno o ‘circulación interna’, mientras permanece abierta al comercio y la inversión internacionales, ‘circulación externa’– también tendría, según algunos cálculos, un efecto muy grande en América Latina y otros países con los cuales tiene relaciones comerciales muy fuertes.

“China está tratando ahora de aumentar sus niveles de producción en varios sectores para su mercado doméstico, para hacer autosuficiente en la producción de una gran variedad de cosas. Y para poder ofrecer servicios sin tener que ser dependiente de otras economías, en particular con Estados Unidos”, advirtió la académica.

“Esta estrategia en particular podría afectar a los niveles de interacción que vemos de China en América Latina en los próximos años”, dijo Myers.

¿OPORTUNIDAD EN EL NEARSHORING?

No todo son malas noticias para el continente.

La competencia entre Estados Unidos y China podría también presentar algunas oportunidades para los productores latinoamericanos, destacó Myers.

Para ello citó a Ricardo Zúñiga, del Departamento de Estado de Estados Unidos, quien ha indicado que, conceptualmente al menos hay un enorme apoyo para la idea del nearshoring –el cambio de la producción o suministro de mercancías hacia destinos más próximos– tanto en la administración de Biden como en el Congreso, porque esto sigue el concepto de la administración anterior a cambiarse a suministros más seguros, de una visión para concentrar para concentrar recursos y capacidades en las Américas.

“Hay mucho interés, en particular por Centroamérica y México, pero eso no es suficiente […]. Tenemos que contar con regulaciones, motivaciones, para las compañías para invertir en América Latina y cambiar totalmente sus cadenas de valor. Hemos visto algunas propuestas para legislar para nuevas leyes en nuestro Congreso, pero todavía no tenemos una regulación ni nada que esté impulsando realmente este tipo de inversión. Lo que sí están planeando hacer es asegurar que la Agencia de Cooperación Internacional de Desarrollo Financiero (DFC) pueda apoyar a compañías estadounidenses con capital para transferir su producción desde China o Asia, en general, a América Latina. Pero va a tener que despertar interés y vamos a necesitar una leyes o regulaciones que impulsen esta actividad [que] requiere mucho tiempo, no es algo que se puede hacer en un año y menos en meses” destacó.

 

“China está tratando ahora de aumentar sus niveles de producción en varios sectores para su mercado doméstico, para hacer autosuficiente en la producción de una gran variedad de cosas. Y para poder ofrecer servicios sin tener que ser dependiente de otras economías, en particular con Estados Unidos”, advirtió Margaret Myers.

 

Pero, en general, hasta ahora Myers recalcó que la administración Biden ha centrado su agenda comercial para Latinoamérica en la aplicación de las disposiciones ambientales y laborales del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y en las bases para las disposiciones relacionadas con el comercio que podrían incluirse en un acuerdo global sobre el cambio climático.

“Entonces es muy probable que una agenda comercial que aumente los flujos económicos [con América Latina] tendrá que esperar hasta la segunda mitad del mandato de Biden”, apostó Myers.

Mientras eso ocurre con el país presidido por Joe Biden, en China continúan las inversiones enfocadas en sectores o industrias de alta tecnología. Además de algunos sectores tradicionales como inversión en mineras, pero que están vinculadas a aplicaciones tecnológicas, como en el caso del oro, indicó Myers. 

La académica también detalló que China firmó un número récord de acuerdos de inversión directa (IED) en la región en 2019, y que ha estado moviéndose fuertemente en el sector de fusiones y adquisiciones (M&A) en particular, con muchas compras y adquisiciones en proyectos de infraestructura. “En general, a veces esta infraestructura está relacionada con carreteras, caminos para facilitar tanto la extracción como el transporte de estos para facilitar la exportación”, explicó.

Aunque el comercio de China con América Latina sigue muy activo y en crecimiento, las inversiones y en especial préstamos chinos a la región venían en baja desde 2015 y con la pandemia llegaron a cero. “En particular [el movimiento] de los bancos de Desarrollo y el China Eximbank está cayendo, y probablemente va a mantener unos niveles bastante bajos en los próximos años [...]. Es muy probable que no veamos un aumento notable en los próximos años en este tipo de flujo de capital” sentenció Myers.

Entonces la duda que permanece es “¿qué métricas van a utilizar las empresas chinas para medir la viabilidad de la infraestructura propuesta y de nuevos proyectos en los próximos meses y años?, ¿Cómo van a medir riesgo en el futuro?”, se preguntó Myers.

Para la académica, incluso si los proyectos no son particularmente viables comercialmente, “¿Verá China una oportunidad estratégica como ha hecho antes en la inversión en sectores en crisis?”.

Al revés, la académica también ve un escenario desafiante para que las multilatinas y las compañías que tienen algún interés en invertir en China. “Se sabe que puede ser muy difícil invertir en China; hay algunos ejemplos muy exitosos en sectores AgTech, en Argentina, y también Chile tiene ejemplos de inversión exitosa en China en algunos sectores clave, pero en general ha sido muy difícil invertir en China para una gran cantidad de compañías latinoamericanas […]. Ahora algunas de las restricciones en China han aumentado, [el panorama] es más difícil ahora que antes”, indicó.

De todos modos, Myers identificó nuevas oportunidades en sectores muy específicos: “en la industria de seguros, donde hay empresas en América Latina que tienen mucha experiencia y pueden establecer algunos acuerdos con compañías chinas para poder servir no solo en mercado latino sino también en el mercado chino que está creciendo muy rápido”, concluyó.

 

Puede ver la presentación completa de Myers en este link.

 

Fotos: Reuters, Margaret Myers.