Monterrey. En estos días, el refugio para migrantes de Martín Salgado en la ciudad mexicana San Luis Río Colorado, a metros de la frontera con Estados Unidos, se parece más a un hotel por horas. Sus huéspedes, muchos de ellos de Centroamérica, a menudo ni siquiera se molestan en pasar la noche en el establecimiento.

Salgado dijo que nunca había visto a la gente circular tantas veces como lo ha hecho en los últimos meses, después de que Estados Unidos comenzó a expulsar a casi todos los migrantes atrapados en la frontera mexicana en lugar de devolverlos a sus naciones de origen.

Ahora, los traficantes de personas a menudo intentan que los migrantes crucen de nuevo la frontera el mismo día que son deportados, reveló.

Anteriormente, los centroamericanos detenidos en la frontera eran procesados ​por el sistema migratorio de Estados Unidos y, a menudo, eran retenidos durante semanas, incluso meses, antes de ser deportados de regreso a sus países.

"Eso nunca pasaba antes", dijo Salgado, quien dirige el refugio fundado por su madre en la década de 1990 cerca de los límites occidentales de Arizona. Algunos centroamericanos que llegan al albergue luego de ser deportados "comen, se bañan y de repente se desaparecen".

La administración de Donald Trump anunció en marzo que comenzaría a expulsar rápidamente a casi todos los migrantes atrapados en la frontera bajo una ley federal de salud pública conocida como Título 42, justificando la medida para evitar que el coronavirus se propagara a Estados Unidos.

Pero la orden parece tener efectos no deseados, pues ha llevado a un aumento de los intentos reiterados de cruzar la frontera, según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza estadounidense (CBP, por sus siglas en inglés).

Además, está beneficiando a las redes ilegales que trasladan a ciudadanos de Centroamérica a Estados Unidos, según entrevistas con más de una docena de expertos en migración, directores de refugios, defensores de inmigrantes y traficantes de personas.

Eso es porque las autoridades del país de destino están depositando a los migrantes en la frontera, en lugar de devolverlos a casa, lo que permite a los traficantes eliminar algunos de los costos de los insistentes cruces fronterizos, dijeron tres traficantes que trabajan con redes transnacionales.

El precio que cobran a sus clientes, que puede ser de US$7.000 o doblar esa cifra, a menudo incluye dos o tres intentos de cruzar la frontera para compensar el riesgo de ser interceptados por agentes mexicanos o estadounidenses, según los tres contrabandistas, así como expertos en migración.

El precio que cobran a sus clientes, que puede ser de US$7.000 o doblar esa cifra, a menudo incluye dos o tres intentos de cruzar la frontera para compensar el riesgo de ser interceptados por agentes mexicanos o estadounidenses, según los tres contrabandistas, así como expertos en migración.

No todos los migrantes viajan con traficantes, pero incluso aquellos que afrontan el peligroso trayecto solos o en pequeños grupos a menudo recurren a los coyotes en la frontera para el tramo final de la travesía.

Dado que ahora también están siendo devueltos en la frontera mexicana cuando los capturan, a menudo pagan por una segunda o tercer tentativa, otra bendición para las redes de traficantes, dijeron expertos en migración y un guía vinculado a una red de contrabando en la región de Sonora.

Los funcionarios fronterizos estadounidenses dicen que el programa, que ha dado lugar a que los migrantes sean devueltos en un promedio de menos de dos horas, es crucial para proteger del COVID-19 a los agentes, trabajadores de la salud y a los ciudadanos en general.

"Se necesitaría solo una pequeña cantidad de personas con COVID-19 para infectar a una gran cantidad de detenidos y al personal de CBP y potencialmente rebasar los sistemas de salud locales a lo largo de la frontera", advirtió el CBP.

Joe Biden ganó las elecciones presidenciales de Estados Unidos de principios de noviembre aunque Trump no ha reconocido su derrota y ha iniciado una serie de demandas para impulsar reclamos de un supuesto fraude electoral.

Biden no ha presentado planes específicos sobre el programa amparado por el Título 42. Un asesor principal de la campaña del presidente electo dijo a Reuters en agosto que el demócrata buscaría orientación en los funcionarios de salud pública sobre los cierres de fronteras relacionados con la pandemia.

"Ganando más". En busca de un pasaje seguro en el peligroso viaje hacia el norte, los migrantes suelen pagar miles de dólares a los traficantes, conocidos como "coyotes" y vinculados a las pandillas que controlan amplias zonas de México.

Los tres hombres que se identificaron como contrabandistas de diferentes redes transnacionales dijeron a Reuters que ahorran alrededor de US$1.000 o más cada vez que la patrulla fronteriza de Estados Unidos expulsa a uno de sus clientes centroamericanos en la frontera mexicana en lugar de devolverlos en avión a sus países de origen.

"Está bien para nosotros", dijo Antonio, un traficante salvadoreño que forma parte de una red que, según dijo, cobra a cada migrante US$14.000 por tres viajes para llegar de Centroamérica a territorio estadounidense.

Antonio, al igual que los demás involucrados en el contrabando de personas que entrevistó Reuters, se negó a dar su apellido.

Dijo que su red gasta al menos US$800 por migrante pagando a los cárteles de la droga por el derecho de transitar por su territorio; luego hay costos adicionales como comida, refugio, transporte y sobornos ocasionales a las autoridades mexicanas.

En el pasado, cuando los migrantes centroamericanos eran capturados por la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos y enviados a casa, su red tenía que pagar esa cuenta nuevamente en el segundo o tercer intento de cruzar a los migrantes.

En agosto, el Instituto Nacional de Migración mexicano prometió "erradicar la colusión de servidores públicos con gestores o coyotes en los trámites migratorios", al destituir a cientos de funcionarios por delitos relacionados con su trabajo.

Pablo, un guatemalteco que transporta migrantes a través de la frontera entre su país y México, estimó que la red para la que trabaja ahorra al menos US$1.300 por cada centroamericano que es devuelto en la frontera estadounidense en lugar de ser enviado de regreso a su tierra natal.

"Estamos ganando más plata porque no tienen que pagar a la mafia nuevamente en México", dijo. "Hay una ventaja".

Intentos reiterados. Las cifras de migración están volviendo a niveles anteriores a la pandemia, luego de fuertes caídas durante la primavera, cuando los países centroamericanos sellaron sus fronteras en un esfuerzo por detener la propagación del coronavirus.

CBP informó que llevó a cabo casi 55.000 expulsiones y detenciones de migrantes en la frontera suroeste en septiembre; más del triple que en abril y ligeramente por encima de los 40.507 del año anterior, según datos de esa oficina.

Aún así, las cifras de migración para el período de 12 meses que terminó en septiembre fueron inferiores al año anterior. La orden bajo el Título 42 no cambia la política de deportación para los mexicanos, quienes representaron aproximadamente dos tercios de las personas expulsadas por Estados Unidos durante agosto y septiembre, según la CBP.

Los hondureños, guatemaltecos y salvadoreños constituyen los siguientes tres grupos más grandes.

Mientras tanto, la cantidad de intentos reiterados de cruzar ha subido drásticamente, lo que indica que migran menos personas que el año pasado, pero son más las que intentan atravesar la frontera varias veces.

Entre abril y septiembre, la proporción de personas atrapadas traspasando la línea limítrofe más de una vez se disparó un 37%, frente al alza del 7% del período de 12 meses que terminó en septiembre de 2019, de acuerdo a cifras de CBP.

El presidente del sindicato de la Patrulla Fronteriza en Laredo, Texas, Héctor Garza, aseguró que la orden bajo el Título 42 estaba ayudando a limitar la exposición de los agentes al COVID-19 y evitando abarrotar hospitales locales en comunidades texanas, fuertemente afectadas por la pandemia del coronavirus.

"Pero con cualquier beneficio hay una desventaja, y en este caso, estamos viendo gente yendo y viniendo, tratando de cruzar varias veces en un período de 24 horas", dijo a Reuters.

 

El 31 de octubre, en Ciudad Juárez, frente a la texana El Paso, el cubano Alexander García se encontraba junto al punto de entrada a Estados Unidos. García, quien se identificó como médico, dijo que acababa de ser deportado después de su sexto intento de cruzar la frontera sin autorización.

"En menos de tres horas ya nos están regresando", exclamó García.

El jefe de la Patrulla Fronteriza, Rodney Scott, sostuvo durante una conferencia de prensa en octubre que la pandemia había reducido la capacidad y la voluntad de las autoridades de procesar a los migrantes porque detenerlos implicaba un riesgo adicional de propagar el COVID-19 en Estados Unidos.

Motivación extra. A unos 320 kilómetros al este del refugio de Salgado, Jesús, un guía vinculado a una red de contrabando local, y su novia guatemalteca, Yolanda, han estado esperando el momento oportuno en la helada cabina de un camión que sirve como escondite para migrantes a lo largo de la frontera mexicana.

Ambos afirmaron que los enfrentamientos cercanos entre bandas rivales han retrasado la partida de Yolanda a través del desierto de Sonora hacia Estados Unidos.

Pero Jesús dijo que se siente alentado por la nueva política de ese país, al igual que los contrabandistas de la ciudad para los que ha trabajado durante años.

"Es mejor porque si la gente es atrapada y regresa enseguida", señaló.

Yolanda también se animó cuando, al llegar a la frontera, se enteró de que si la atrapaban, solo la enviarían a México, en lugar de ser deportada de regreso a casa.

"Lo motiva a una", dijo, y explicó que abandonó Guatemala después de que la obligaron a cerrar su tienda de ropa cuando las restricciones pandémicas paralizaron la economía.

Acumuló deudas, se atrasó en su hipoteca y perdió su casa, detalló, uniéndose a un pequeño pero creciente número de centroamericanos que huyen de la crisis económica desencadenada por las restricciones para frenar el avance del coronavirus.

Si bien el Título 42 ha animado a algunas personas a arriesgarse al cruce después de haber sido rechazadas, varias organizaciones de derechos humanos consideran que erosiona los derechos de los migrantes porque están siendo devueltos rápidamente a México antes de tener la oportunidad de explicar por qué huyeron de sus países o de presentar un caso por el que calificarían para el asilo bajo la ley de Estados Unidos.