En el pasado Día Mundial del Medio Ambiente, el secretario general de la ONU, António Guterres, dio declaraciones alarmantes sobre la inundación de plásticos en los océanos. Mencionó que cada año más de ocho millones de toneladas de plástico terminan en el mar, que ninguna parte está intacta y que habría más micropartículas de plástico en los océanos que estrellas en el universo. En 2050, de seguir la misma tendencia, los océanos tendrían más plástico que peces.

En la era del antropoceno, definido como el impacto del hombre a su propio hábitat, el ser humano está llamado a corregir hábitos de producción y consumo para protegerse a sí mismo. Y en este proceso están inmersos no sólo los desafíos, sino también los nuevos espacios para invertir y crear valor sustentable.

La acumulación en algunos sectores es tan grande que existe una área llamada el Mar del Plástico, en el Océano Pacífico, entre Hawai y California, con una área superior a la superficie de Francia, Alemania y España juntos, donde nadan mas de 80.000 toneladas de material residual. Por otro lado, científicos y ambientalistas han encontrado residuos de plásticos en las Islas Galápagos, que provienen de países lejanos como China y otras latitudes del norte y de Asia.

No solo es el plástico

Pero además del plástico, hay otros elementos que contaminan dañan los océanos y a las especies que viven en ese hábitat. Me refiero a herbicidas, fertilizantes, detergentes, químicos, residuos de medicamentos anti inflamatorios y aguas residuales, por mencionar los más conocidos.

Por otro lado, el cambio climático, con factores como el efecto invernadero y emisiones de gases nocivos para el ambiente, como dióxido de carbono, óxido de nitrógeno, entre otros, que se convierten en tóxicos térmicos que afectan la temperatura de las aguas, cambiando el PH del agua al absorber excesivamente el CO2, provocando la acidificación de los océanos y la muerte de peces y otros organismos vivos.

¿Un mundo sin plástico?

Según el mismo mensaje del presidente de la ONU, la solución está en tomar conciencia global, rechazar como consumidores lo que no se pueda reusar, y regular con urgencia. Este mensaje además de ser un impulso político para que las naciones implementen normas por océanos libres de contaminación, es una alerta sobre los retos que tiene la producción industrial en la evaluación más profunda de los materiales que usa y sus sistemas de manejo de residuos y reciclaje.

Muchos países han acelerado sus regulaciones para prohibir el plástico, en usos puntuales, por falta de capacidades de reciclaje. Sobre todo en productos que tardan segundos en producirse, pocos minutos en consumirse y más de 300 años en degradarse.

No se trata de satanizar el plástico, que tiene usos ecoeficientes también, sino más bien de orientar correctamente el uso de materiales por sus particulares impactos en la sustentabilidad ambiental del hábitat del ser humano. Por ejemplo, las tuberías plásticas, al contrario de las bolsas, tienen una vida útil que puede ir de 20 a 50 años, sin sustitutos biodegradables. Dada su contribución a la sociedad, tienen un sustento mejor.

El desafío para las empresas

Esto debería hacer reflexionar a inversionistas y productores de cualquier sector industrial, para tomar más en serio la importancia de las tendencias relacionadas al impacto ambiental y social del producto que fabrican. Si no están atentos, o los sistemas de gestión de riesgos no permiten tomar medidas oportunas a pesar de alertas tempranas evidentes, estos deben ser reforzados y priorizados por gerentes, directores y accionistas.

Cuando he afirmado que las empresas y sus líderes deben estar atentos a las tendencias, es porque creo que hay que darle relevancia a estas en el efecto que pueden tener sobre la estrategia; y porque a través de procesos de innovación, es posible reinventar o reorientar el negocio de manera oportuna.

Y para el sector público

Pero el manejo de residuos no es solo responsabilidad del productor, también el consumidor tiene su rol, y sobre todo los municipios o instituciones públicas encargadas de la recolección, tratamiento y disposición final. Cobran impuestos por esto.

Hay iniciativas que pueden ser excelentes ejemplos de cómo controlar el proceso total gestión de desechos, pero lo más importante de reconocer es la necesidad de la cooperación entre empresas que tienen la tecnología, los productores o comercios, las familias y las instituciones publicas en cuanto a la regulación y facilitación de procesos colaborativos multi sectoriales para el manejo adecuado.  En Europa esto funciona así en casi todos los paises, pero en Latinoamérica hay serios problemas aún, siendo uno de los pocos buenos ejemplos el caso de Triciclos en Chile con los “Punto Limpio” y sus alianzas con municipalidades, colegios y empresas.

La advertencia y la oportunidad

Así como hay decenas de sectores industriales y negocios que por disrupciones tecnológicas están exigidos a transformarse para sobrevivir, como el alquiler de videos, las librerías, los hoteles, la telefonía, las jugueterías, el de la música, el cine, la televisión, las tiendas por departamentos, entre otros; así también hay decenas de industrias que están en el mismo desafío de tener que reinventarse por tendencias ambientales o sociales. Si no se adaptan de manera anticipada, solo quedará probar su capacidad de resiliencia.

Este es el caso de los vehículos en base a diésel o gasolina y los servicios atados a ellos, productos de cualquier sector que usan materiales conocidos como tóxicos, plásticos en algunos usos con dificultades en reusar o reciclar, ingenios azucareros, entre otros. La buena noticia es que estos cambios traen también grandes oportunidades emergentes que los visionarios y emprendedores podrían aprovechar si están alerta y con buen acceso a información. Este es el caso de los superalimentos, negocios y plataformas digitales, circularidad en diseño de productos y manejo de residuos, energía renovable, entre otros. La idea es crear soluciones para todo lo que se sabe que está haciendo mal al planeta, como soluciones para mitigar el cambio climático o el daño a los océanos.

En la era del antropoceno, definido como el impacto del hombre a su propio hábitat, el ser humano está llamado a corregir hábitos de producción y consumo para protegerse a sí mismo. Y en este proceso están inmersos no sólo los desafíos, sino también los nuevos espacios para invertir y crear valor sustentable.