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Hablemos de las dimensiones invisibles de la pobreza
Vie, 10/06/2016 - 11:18

Ana Mercedes Botero

Ana Mercedes Botero
Ana Mercedes Botero

Ana Mercedes Botero es Directora de Innovación Social en CAF.

Hoy nadie discute la importancia de considerar nuevas variables para entender aquellos aspectos que las personas en situación de pobreza valoran en relación con su vida, y que afectan los procesos de desarrollo. En este sentido, varios nobeles de economía en los últimos años han hecho aportes relevantes al respecto.  

La pobreza es un fenómeno complejo. Sus causas y consecuencias son diversas y, en muchos casos, producto de diferentes tipos de privaciones relacionadas entre sí. Pero en los diseños  de investigación y de políticas públicas hay una ausencia de instrumentos para medir dimensiones de vida que son relevantes para las personas pobres -y que por tanto ellas valoran y tienen razones para valorar. 

En CAF -banco de desarrollo de América Latina- creemos que para lograr avances sustanciales en la reducción de la pobreza es necesario entenderla en su multidimensionalidad y generar mediciones que brinden una perspectiva más integral.

En el informe titulado “Las dimensiones faltantes en la medición de la pobreza”, elaborado en conjunto con la Universidad de Oxford y la Iniciativa de Innovación Social de CAF, se visibilizan seis nuevas variables que enriquecen las perspectivas de comprensión de este fenómeno, que además se ponen de manifiesto en los objetivos de la nueva agenda de desarrollo sostenible. Para alcanzarlos, se requiere entender la intrincada relación de aspectos psicológicos, sociales, culturales y económicos relativos a la vida de las personas.

La primera de estas dimensiones es el empoderamiento y agencia, que apunta a medir la capacidad que tienen las personas para desenvolverse con autonomía, confianza y autodeterminación o, por el contrario, si se ven obligadas a actuar bajo presión, sin poder ser ellas mismas.

La segunda de ellas es la seguridad física, variable determinante para el desarrollo de una vida en libertad y el ejercicio de la convivencia. 

En tercer lugar aparece lo que llamamos “capacidad de ir por la vida sin sentir vergüenza“, un concepto que encierra el estigma de la pobreza, la discriminación o el menoscabo a la dignidad.

La cuarta dimensión hace referencia a la calidad del empleo e incluye cuatro ámbitos que establecen el nivel de bienestar de las personas en el trabajo: protección, ingreso, seguridad laboral y uso del tiempo, o en su defecto cómo la falta de ellos lo impiden o lo limitan. 

La quinta variable incorpora la conectividad social, si las personas cuentan con relaciones interpersonales y redes de protección y afectivas o si por el contrario, viven en el  aislamiento y la soledad.

Finalmente, la sexta variable se enfoca en el bienestar psicológico y subjetivo, sobre capacidades emocionales y aspectos relacionados con el sentido, significado  y satisfacción por la vida, indispensables para la salud individual y colectiva.

En definitiva, una métrica más integral de la pobreza, nos permite introducir nuevos criterios y elementos para definir políticas públicas y acciones novedosas que mejoren la calidad de vida de los más desfavorecidos. Así mismo, innova en la medición de impacto de programas y proyectos de desarrollo humano que buscan la inclusión social y la generación de capacidades.