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A. Latina y el Caribe: entre la doctrina americana y la china
Vie, 03/02/2017 - 10:11

Rodrigo Álvarez

La ONU y Lula Da Silva: ¿modernización o crisis?
Rodrigo Álvarez

Rodrigo Álvarez es Académico-Investigador Escuela de Periodismo de la Universidad Mayor, Coordinador e Investigador del Programa-Centro de Estudios Coreanos Chile de IDEA y Profesor de la Carrera de Periodismo de las Universidad de Santiago de Chile. Es Doctor en Estudios Latino Americanos, mención Relaciones Internacionales; Master of Arts en Economía Política Internacional por la Universidad de Tsukuba (Japón) y IVLP por el The United States Department of State Bureau of Educational and Culture Affairs. Además, es Periodista y Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Diego Portales (Chile). Es miembro del Nuclear Security Governance Expert Group (NSGEG), del Fissile material Working Gruop (FMWG) y de la Red de Seguridad de América Latina (Resdal).

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, como ya se ha sentido, tendrá efectos en el sistema internacional y nuestra región también lo percibirá. La pregunta clave es: ¿seguiremos solo bajo la doctrina de los Estados Unidos o experimentaremos un proceso de ajuste? A este respecto, una señal clara e interesante ya la ha dado Heraldo Muñoz, ministro de Relaciones Exteriores de Chile, dando a entender que con el fin del TPP, Chile deberá mirar a otros actores intentando integrar a China y Corea del Sur a un nuevo proyecto. 

De este modo, la pregunta inicial de esta columna es absolutamente válida para toda América Latina y el Caribe. Efectivamente, nuestra región -desde el inicio de la doctrina Monroe en 1823- ha percibido a Estados Unidos como la potencia dominadora y hegemónica, perteneciendo a lo que se ha denominado como su "patio trasero". Es cierto, la doctrina Monroe nunca fue explícita en este objetivo, pero fue suficientemente vaga para, implícitamente, proyectar un rol activo y de poder sobre los aspectos políticos, económicos y culturales de los gobiernos de América Latina y el Caribe.

Los efectos del desarrollo y consolidación del poder de los Estados Unidos se hicieron sentir de forma clara y en algunas ocasiones de manera directa a lo largo de todo el siglo XX. Han sido seis décadas de alta influencia, pero no necesariamente de total dominación. Por ejemplo, durante toda la Guerra Fría impidió y combatió, si así era necesario, que procesos políticos de comunistas se implementaran en América Latina. Del mismo modo, desde comienzo de los 90 promovió la instauración y consolidación del modelo neoliberal.

No hay dudas acerca de la importancia y presencia de los Estados Unidos en la región, especialmente en la segundad mitad del siglo XX hasta que Barack Obama se convirtió en el presidente número 44 de la unión. A lo largo de este tiempo, América Latina y el Caribe ha sido parte de una consistente doctrina o estrategia de política exterior de los Estados Unidos, la que ha establecido hasta hoy dimensiones políticas, económicas y militares.

Sin embargo, desde 2009, los Estados Unidos comenzaron un proceso de ajuste y de retiro. Este ajuste de su política exterior ha generado un importante debate sobre su consecuencia. El arribo de Donald Trump a la Casa Blanca profundizará esta discusión, empujando a una política exterior más cercana a la autarquía.  Parafraseando las ideas de los investigadores, en su libro U.S. Grand Strategy de 2013, profesores Craig, Friedman, Rittenhouse, Logan, Brooks, Ikenberry and Wohlforth, la cuestión central será como manejar la tensión entre la política de "compromiso" (engagement) y de "retiro" (restraint) de los Estados Unidos. 

En este contexto, América Latina está experimentado (no necesariamente entendido) el avance de China en lo que ha sido definido -y aún es considerado, el "patio trasero" de los Estados Unidos. Este es un hecho, desde mi perspectiva, que China ha terminado su proceso de "ascenso". Más interesante es que China ha iniciado, desde los resultados de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, lo que defino como un proceso de "consolidación"; dejando atrás su largo período de "ascenso". En esta etapa de "consolidación" la política exterior de China es percibida como agresiva.

Sin embargo, incluso hoy no es posible sostener que abiertamente China está desafiando las seis décadas de supremacía de los Estados Unidos en América Latina; pero, sí es posible observar y confirmar que China está alentando un nuevo tipo de participación en la región. Por ejemplo, en 2015, fue inaugurado el Foro China-Celac. Esta iniciativa considera desarrollar ocho campos de trabajo conjunto: Agricultura, Innovación Científico-Tecnológica, Empresarial, Centros de Pensamientos, Políticos Jóvenes, Cooperación en Infraestructura, Partidos Políticos y Sociedad Civil. Del mismo modo, con las implicancias que eso tendrá, en 2016 abrió el primer "China Construction Bank" en América Latina (en Chile). Esta acción tiene como objetivo alentar el uso del yuan (renminbi).

Otro aspecto a considerar es el sector de venta de armas. Lentamente, pero de forma consistente, China ha estado desarrollando una política para llegar a ser visto como un oferente confiable de armas. Esta es hoy una realidad de la política exterior de China que se ha movido desde la firma de inocuos acuerdos a vender sistemas de armas sofisticados en la región.

Se sostiene que la política exterior de China hacia América Latina ha sido desarrollada bajo la famosa doctrina de los "24 Caracteres" de Mao Zedong. Sin embargo, el tema central es revelar cómo el "retiro" (restraint) de la política exterior de los Estados Unidos afectará los temas económicos, políticos, de seguridad y culturales en América Latina. También es central revelar si existe una política exterior China de "compromiso" (engagement) en el futuro cercano; y si esta política existe, cómo será implementada. No hay que olvidar, como sostiene Robert Keohane, que en toda cooperación hay hegemonía y que en todo proceso hegemónico hay cooperación. Lo que bajo la doctrina de los Estados Unidos ha sido claramente experimentado. 

Hasta ahora se ha sostenido que la Doctrina de China para América Latina y el Caribe ha sido ecléctica y no clara, y que la misma no se distingue de otras regiones del mundo. Sin embargo, primero, en 2008, como parte del proceso chino de “reposicionamiento”, fue publicado lo que se conoce como el Libro Blanco sobre América Latina y el Caribe. Lo central es que este documento ha sido subestimado y el análisis hecho sobre el mismo no ha considerado su real mensaje. En este documento china expresó implícitamente a lo menos cuatro tensiones que dominarían en el futuro inmediato la relación bilateral con América Latina y el Caribe: (1) oportunidades v/s desafíos, (2) comercio v/s interés nacional, (3) asimetrías entre ventajas comparativas y competitivas y (4) nación v/s cultura. 

En 2012 un nuevo paso fue dado por China en nuestra región. Efectivamente, el discurso del Primer Ministro Wen Jiabao, conocido como “Amigos para Siempre”, consolidó las principales ideas de las cuatro tensiones que yo reconozco en el Libro Blanco de 2008. El objetivo central del discurso fue comunicar a América Latina y el Caribe que la política exterior de China hacia la región se comenzaba a ajustar desde un proceso de re-posicionamiento a uno de re-significación. 

De este modo, nuestra región será parte, en especial con el proceso iniciado por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de dos procesos interconectados. Por un lado, un Estados Unidos menos activo en América Latina. Por el otro, una más activa presencia China. Esto debería generar, a lo menos, seis preguntas para actores de gobierno, políticos y académicos: (1) ¿está América Latina y el Caribe preparada para interactuar con las ideas políticas de China?, (2) ¿qué es lo que la Política Exterior de China significa (y significará) realmente para la región?, (3) ¿está América Latina preparada para un proceso de “retiro” (restraint) de Estados Unidos?, (4) ¿están los países de nuestra región preparados para moverse desde el Consenso de Washington hacia un Consenso de Beijín?, (5) ¿de qué forma los temas de seguridad global serán reformulados por el nuevo acuerdo que debe suceder entre Estados Unidos y China? y (6) ¿cómo esta situación afectará las políticas de seguridad internacional de América Latina?