-¿Dónde nace este concepto y la teoría de la "Economía Naranja" o creativa?

-En el año 2002, John Howkins, destacado profesor de creatividad, de la Universidad de Londres, escribe un libro que se llama "The Creative Economy". Ahí plantea que había que buscar una salida al hecho de que la robotización y la digitalización incipiente, en ese momento, iba a borrar del mercado laboral un sinnúmero de puestos de trabajo que en un tiempo más iban a ser ocupados por robots. Y postuló en su libro que había que buscar otra "salida o camino", y que la alternativa o la otra vía era apuntar las economías hacia un modelo que las dirigiera hacia a la creatividad.

Eso tiene asociado un hecho bastante curioso: en 1938, el destacado economista John Maynard Keynes postulaba que los modelos económicos debían estar basados en situaciones coyunturales. Y eso es parte de lo que plantea Howkins, porque qué más coyuntural hoy en el mundo que el avance de la digitalización. Y curiosamente, cinco años después de los planteamientos de Maynard, Winston Churchill dice que a futuro los imperios serán “los imperios de la mente”. Entonces, tienes una serie de antecedentes que van conformando un escenario económico a futuro, que es por cierto el que estamos viviendo hoy.

-¿Cuáles son los antecedentes de la llegada de esta concepción de la economía en la región?

-Si vemos los antecedentes de una Economía Naranja en la región, en el año 2013, en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), había un profesional encargado de la división de Cultura, de nombre Iván Duque. Duque, en conjunto con un economista de nombre Felipe Buitrago, escriben un libro que titulan "La Economía Naranja", bajo el auspicio del BID. Ahí, unos de sus planteamientos centrales era el aprovechamiento de la cultura para la creación de empleos, para lo que se debía potenciar todas las actividades culturales, con la intención de crear un modelo económico robusto.

La idea de Duque y Buitrago, según ellos, surge del impacto que ha tenido un evento como el Carnaval de Río, que se realiza todos los años en Brasil y que, a modo de dato, en 2018, tuvo un impacto positivo en la economía de US$ 2.000 millones. El análisis del carnaval les permitió extrapolar teorías y estrategias para concretar la aplicación de medidas económicas de otro tipo.

Duque, después de abandonar su puesto en el BID, alcanzó un escaño como senador en el Congreso colombiano y desde ahí promueve un proyecto que se convierte en ley durante 2017, que impulsaba medidas para potenciar una Economía Naranja.

-¿Qué importancia le da Duque a la Economía Naranja en un país como Colombia?

-Evidentemente, el proyecto de la economía naranja para Duque pasa a convertirse en la joya de la corona; transformándola en base de su gobierno. Hoy, ya como presidente de Colombia, es base de su plataforma de desarrollo económico, que plantea que todos los proyectos de la Economía Naranja deben ser impulsados a través de los ministerios de Cultura y de Economía, para poder darles fuerza real a estas ideas.

En otros países de la región, el concepto ha tomado otras derivaciones. Algunos llaman a estas iniciativas "Economía Creativa", o como se conoce en Argentina, "Economía del Conocimiento". En Chile, plaza importante de crecimiento económico en los últimos años, se realizó un estudio a finales de la administración de Michelle Bachelet, donde un equipo multidisciplinario de gobierno se pronunció a favor de este tipo de caminos financieros, lo que tuvo como consecuencia el fortalecimiento y la conformación institucional del actual Ministerio de Cultura.

-¿Colombia está a la vanguardia  en el desarrollo de la Economía Naranja en la región?

-Más que Colombia, es Iván Duque el que está a la vanguardia en la región en Economía Naranja o creativa. Colombia tiene el mejor programa de incentivos de producción audiovisual de todo el hemisferio; es más, existe mucha actividad y estudios grandes de Hollywood están mirando cómo invertir en Colombia por la realidad favorable que existe para estos nuevos negocios. Por eso, en cierto modo, cómo maneje el gobierno de Duque el desarrollo de la Economía Naranja va a ser un factor desequilibrante en la economía del país.

Ahora, no podríamos decir que Colombia es el padre de este tipo de economía en la región, sino que el padre es Iván Duque en gran medida. De igual forma, todavía le falta un trecho bastante amplio por recorrer. Yo sé que han existido conversaciones entre la industria y el gobierno, sobre aquellas cosas faltantes en el proyecto de Economía Naranja.

-¿Cuáles son las barreras que ha visto en la región para el desarrollo de una Economía Naranja?

-Hay alrededor de doce países latinoamericanos aplicando alguna medida de este tipo de economía, pero hasta ahora en todos los países se han dedicado a crear incentivos de inversión, y estos se han quedado en una etapa inicial. No han avanzado hacia todas las características de la Economía Naranja, ya que para que estas medidas puedan funcionar correctamente, no se pueden limitar a un fondo de inversión o a un incentivo contributivo para el desarrollo de actividades culturales que produzcan industria.

Te agrego un dato más: en lo que se relaciona a la Economía Naranja, durante el año 2015, la Unesco y Ernst & Young realizaron un estudio que demostró que en ese momento el 3% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial venía desde la generación de actividades culturales (música, cine, televisión, diseño, desarrollo de contenidos, teatro, etc.), aunque los ejes que más mueven las entradas en esta economía son televisión, cine y artes visuales. Lamentablemente, vemos con preocupación cómo dentro de algunos países hay algunos factores que pueden incidir de forma negativa a la hora de invertir en cine o televisión.

-Y en la región, ¿cómo afecta el mercado del trabajo a la Economía Naranja?

-Desde mi punto de vista, el desarrollo de la Economía Naranja en la región se está quedando cojo porque no está atendiendo la flexibilidad laboral, en términos de contratación. Se podría avanzar en la gestión rápida de visado de talento de trabajo para cine o televisión.

También hay algunas áreas donde Latinoamérica aún tiene un déficit, como la de seguridad jurídica y la de cumplimiento de tratados internacionales; también hay un desfase de leyes, y un caso muy claro es Argentina, donde la ley de propiedad intelectual data del año 1932, el siglo pasado... Ahí no tengo que seguir mi argumentación en cuanto a atrasos, porque cuando se promulgó esa ley de propiedad intelectual no existía ni la televisión.

 

PIRATAS DEL PACÍFICO

-La piratería, que atenta contra la propiedad intelectual, ¿ha sido una piedra para el desarrollo de la Economía Naranja?

-Absolutamente. El mayor obstáculo para el desarrollo de la Economía Naranja en la región es la ausencia de una buena ley de propiedad intelectual en los países. ¿Por qué van a venir a invertir desde el extranjero o desde el sector privado en una película, serie o producto cultural del cual no hay control de su propiedad? Otra cosa preocupante es que de los 36 países que aparecen en la lista del representante comercial de los Estados Unidos por no cumplimiento de políticas de protección de propiedad intelectual, doce corresponden a países latinoamericanos, entre los cuales está uno de los más avanzados económicamente en la región: Chile.

Es bueno recordar que el mal de la violación de la propiedad intelectual no solo afecta al que produce la obra, sino también a los gobiernos, pues con ello dejan de percibir importantes impuestos. Entonces, lo que le falta al proyecto de la Economía Naranja, en términos latinoamericanos, es una visión holística, una visión amplia y multidisciplinaria que sea vea como si fuera una marca país, sin entrar en la falla que tradicionalmente tienen ese tipo de proyectos, que solo se piensan como una campaña de turismo.

-¿Qué está en juego al no regular las leyes sobre propiedad intelectual en la región?

-Lo que está en juego acá no es más ni menos que el futuro de la industria audiovisual en América Latina. Ya que la forma y las medidas que resuelvan los problemas de propiedad intelectual van a marcar la marcha de la industria audiovisual en la región.

-Si miramos los problemas de la región, el de la propiedad intelectual está abajo en la escala de prioridades de los gobernantes ¿Por qué debería cobrar relevancia?

-Porque uno de los problemas más graves que tenemos en América Latina, en cuanto a la generación de un desarrollo adecuado de una Economía Naranja, es la corrupción. Y hoy no hay mayor corrupción en Latinoamérica que la piratería.

-Hace unos meses se tomó en Chile la decisión, por parte de BancoEstado, de no seguir apoyando las producciones audiovisuales. ¿Un ataque a la Economía Naranja?

-Va en contra. Yo no sé los detalles del porqué se tomó dicha medida en Chile, y no me gustaría comentar algo que no sé, pero lo que sí te puedo decir es que hay que ser creativos en la producción de los ejes que van a mover la inversión. Porque lo más fácil es pensar darle dinero a alguien para que produzca algo, pero si no hay cierto soporte legislativo o institucional del material o producto que se va a sacar al mercado, es como comprar un automóvil sin frenos, ya que tarde o temprano se va a estrellar.

Un problema importante que existe en América Latina, para proteger medidas que mejoren las inversiones, ya sea estatales o privadas, es que la lenta aprobación de leyes que podrían estimularlas. Para su aprobación, suelen tomar de cuatro a cinco años. Entonces, los cambios en innovación que vivimos hoy en el mundo, cuando los parlamentos de Latinoamérica vienen a legislar… la mayor parte queda obsoleto cuanto termina la discusión. La región debe encontrar la forma de agilizar las respuestas a los desafíos de las transformaciones de la tecnología. Por ejemplo, en Chile, la discusión y aprobación de la ley para la televisión digital duró ocho años en el Congreso.