Montevideo. Cuando el torneo clasificatorio para la Copa América de básquetbol comenzó el mes pasado en medio de la pandemia, los anfitriones colombianos de Cali no se arriesgaron.

Los integrantes de las selecciones nacionales masculinas que llegaron de todo el continente vivieron en una "burbuja" local, sin contacto con personas ajenas al evento, y todos se sometieron a pruebas periódicas de COVID-19.

Pero Brasil faltó a la competencia. El país ha sufrido tanta devastación por el coronavirus, incluyendo la aparición de una nueva variante local altamente contagiosa conocida como P1, que Colombia no le permitió a los brasileños aterrizar en su territorio.

Este mes también se suspendió la fecha doble de la eliminatoria para el Mundial de fútbol, después de que el ministro de Salud de Colombia dijera que no permitiría la llegada de un vuelo chárter con jugadores brasileños para el partido.

Los deportes son apenas un comienzo. Los vecinos y socios comerciales de Brasil están tomando medidas para limitar el contacto con el gigante sudamericano y contemplando otras más severas.

El temor es que el progreso que han logrado muchas naciones sudamericanas contra el COVID-19 pueda revertirse por nuevas olas de contagios de Brasil, donde la pandemia fuera de control está incubando nuevas cepas virulentas que preocupan a los expertos en todo el mundo.

En Uruguay, los hospitales de los pueblos y ciudades cercanos a la frontera con Brasil se están quedando sin camas. El país, que fue considerado el mejor de América Latina para contener el virus, está sufriendo ahora una explosión de casos. La tasa diaria de infección per cápita de 47 casos por 100.000 supera a la de Brasil.

"Es una situación muy alarmante y una amenaza regional", dijo Leda Guzzi, experta en enfermedades infecciosas y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología.

Incluso Venezuela, devastada por la crisis, se manifestó. El domingo, el presidente venezolano Nicolás Maduro calificó a Brasil como "una amenaza para el mundo" en cuanto al coronavirus y reprendió a su líder, Jair Bolsonaro, por su actitud "irresponsable".

Bolsonaro, que contrajo COVID-19 el año pasado y solo usa mascarilla de forma esporádica, ha restado importancia a la crisis en varias ocasiones a pesar de que su país registra más de 12 millones de casos y 300.000 víctimas mortales. El mandatario se opuso a los confinamientos y promovió tratamientos no probados, como el medicamento antipalúdico hidroxicloroquina.

La oficina de Bolsonaro no respondió una solicitud de comentarios. El presidente ha defendido en repetidas ocasiones el manejo de la pandemia por parte de su gobierno.

En el mediterráneo Paraguay, donde los casos de COVID-19 están alcanzando niveles récord, el Gobierno instó a las personas a descartar viajes no esenciales al exterior citando la "alta cantidad de infectados y récord de fallecidos por COVID-19" en Brasil.

A principios de marzo, el Gobierno de Chile ordenó que todos los visitantes de Brasil fueran llevados a hoteles de cuarentena administrados por el Estado para hacerse una prueba de PCR de COVID-19, y se los mantuviera allí si daban positivo. Esas reglas se endurecieron la semana pasada para imponer una estadía obligatoria de 72 horas en un hotel de tránsito, incluso con una prueba negativa.

En el departamento Beni en Bolivia, un área similar a un Estado que comparte una larga frontera terrestre con Brasil, los casos de COVID-19 están explotando en las ciudades de Riberalta y Guayaramerín, según Ernesto Moisés, secretario de Desarrollo Humano de Beni.

Muchos bolivianos de esta región del norte viven del comercio y la interacción con Brasil. El funcionario está pidiendo cierres de fronteras para ayudar a salvar vidas.

"Pienso que ahora es un momento en que las autoridades deben olvidarse de política y de todas las cosas y hay que meterle duro a esto (de la prevención) porque no se puede hacer política si todos están muertos", afirmó Moisés.

Restricciones drásticas. El brote mortal de Brasil se debe a una variante más contagiosa del coronavirus, conocida como P1, que surgió en la región amazónica del norte a finales de 2020 y ahora predomina en gran parte del país. Los primeros estudios sugieren que puede vencer algunos anticuerpos y aumentar las posibilidades de que una persona se reinfecte.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS), brazo regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dijo el martes que la variante P1, que según los expertos es más contagiosa que la cepa original del coronavirus, se había detectado en 15 países de las Américas y es un motivo importante de preocupación.

En Argentina, que se ha mostrado reacia a cerrar fronteras con su principal socio comercial, los pedidos de reglas más estrictas son cada vez más fuertes por parte de científicos y líderes regionales.

En una reunión por video el lunes entre el ministro del Interior, funcionarios de salud y gobernadores regionales, se discutieron posibles medidas, incluido el fortalecimiento de las fuerzas de seguridad fronterizas, con un enfoque en áreas cercanas a Brasil, Paraguay y Bolivia, dijo una fuente del Gobierno familiarizada con los procedimientos.

También se está discutiendo la posibilidad de acelerar las vacunas para el personal fronterizo, endurecer las reglas para los camioneros que transportan carga a través de las fronteras y tomar medidas enérgicas contra los viajeros, incluidos los argentinos que vienen desde Brasil.

"Se trabaja en restringir fuertemente el ingreso desde Brasil con drásticas restricciones de la frecuencia de vuelos desde el vecino país", dijo una fuente del Gobierno el martes, agregando que las medidas se definirían en los próximos días.

Guzzi, la argentina experta en enfermedades infecciosas, se encuentra entre los especialistas en salud que piden cierres de fronteras, restricciones a las personas que vienen de Brasil o períodos de confinamiento obligatorios.

"Lo que le pasa a Brasil tiene una incidencia muy importante sobre lo que sucede en nuestro territorio nacional", dijo a Reuters. "La realidad es que si esta variante (P1) se instala en Argentina, puede ser muy peligrosa".

En Uruguay, un lugar de vacaciones popular para los brasileños, los hospitales de los pueblos y ciudades cercanos a la frontera con Brasil se están quedando sin camas.

El país, que fue considerado el mejor de América Latina para contener el virus, está sufriendo ahora una explosión de casos. La tasa diaria de infección per cápita de 47 casos por 100.000 supera a la de Brasil, de 35 por 100.000, según datos oficiales.

En Montevideo, las autoridades sanitarias lanzaron la semana pasada un grupo de trabajo de especialistas para analizar muestras que ayuden a rastrear la entrada de nuevas variantes, incluida la P1. Las autoridades uruguayas confirmaron que habían detectado las variantes brasileñas P1 y P2 por primera vez el lunes.

"Se prendieron luces de alarma", dijo Julio Pontet, presidente de la Sociedad Uruguaya de Medicina Intensiva, quien resaltó que el aumento de casos de COVID-19 en la región noreste de Uruguay que limita con Brasil fue mucho peor que en otros lugares.

 

Marzo rojo. Mientras tanto, Brasil va camino de su peor mes en la pandemia con más de 40.000 muertes en lo que algunos periódicos locales han calificado como "marzo rojo". Las unidades de cuidados intensivos en algunas ciudades están desbordadas y tienen escasez de medicamentos.

Bolsonaro, quien rechazó la vacuna contra el coronavirus, se opone al cierre de empresas y a las medidas de distanciamiento social.

Varios gobernadores estatales, que endurecieron las restricciones el año pasado, lo han vuelto a hacer en las últimas semanas a pesar de las protestas del presidente. Las empresas brasileñas también han comenzado a exigir medidas más firmes, y algunas como el fabricante de automóviles Volkswagen AG paralizaron sus operaciones.

Sin embargo, muchos países siguen siendo reacios a aislarse por completo de Brasil, la principal economía de América Latina y el mayor socio comercial de la mayoría de sus vecinos.

La OPS, aunque preocupada por el impacto de Brasil en la región, sugirió que el cierre total de fronteras no era la respuesta.

Jarbas Barbosa, subdirector de la OPS, dijo a Reuters que las medidas de salud pública como el uso de mascarillas, el distanciamiento físico, una mejor vigilancia y cierres cuando sea necesario, siguen siendo la mejor esperanza para detener la propagación.

En Paraguay, sin embargo, las autoridades locales dicen que su país continúa en riesgo mientras el vecino Brasil siga siendo un vector del coronavirus.

"Siempre decimos que cuando Brasil estornuda, Paraguay tiene una neumonía", dijo Guillermo Sequera, director de vigilancia de la salud del Ministerio de Salud del país.