-¿Cuándo decidió ser arquitecto?

-No hubo un momento en particular en que decidí ser arquitecto. Soy un japonés arquetípico: un día me miré a mí mismo y ya era arquitecto.

-¿Pero estudió arquitectura?

-Sí, pero solo lo hice porque mi profesor de secundaria me decía: "Te gusta la música y el cine, y eres bueno en matemáticas. Entonces, anda a la arquitectura". No estaba realmente muy interesado, pero yo era como la mayoría de los japoneses y simplemente... seguí lo que me dijeron. Me puse a trabajar y antes de darme cuenta era un arquitecto.

-¿Qué pasa con la arquitectura en Tokio? ¿Qué edificios en Tokio recomienda a las personas que van por primera vez a la ciudad?

-Tal vez, el Gimnasio Nacional de Kenzo Tange, en Yoyogi (construido para los Juegos Olímpicos de 1964), o la Casa del Cielo, de Kiyonori Kikutake, un gran ejemplo de la arquitectura japonesa moderna. Aunque es una casa privada, por lo que realmente no se puede ir y mirarla.

-Estuvo junto a Kazuyo Sejima tras el diseño y construcción del Nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Manhattan, en Nueva York. El edificio tiene una apariencia singular, como cajas apiladas, una encima de la otra. ¿De dónde vino esa idea?

-Primero, con una porción de terreno tan pequeña, como son esos 740 metros cuadrados, no había otra alternativa que apilar las galerías, una encima de la otra. Pero cuando pones galerías, una encima de la otra, terminas con un edificio alto, ¿verdad? En esa situación, lo más provechoso es hacer lo que se conoce como un "plano de planta típico". En otras palabras, todos los pisos terminan igual y, como consecuencia, el edificio termina pareciéndose más a una torre de oficinas que a un museo de arte. Así que decidimos que cada piso debía verse diferente de los otros, tener su propia personalidad, y para lograrlo necesitábamos variar sus tamaños, hacerlos desiguales, únicos en sí mismos.

-¿Cómo han reaccionado los neoyorquinos ante el Nuevo Museo?

-Nueva York, y si lo ves en relación al resto de los Estados Unidos, es un lugar realmente especial y diferente. Me parece una ciudad muy interesante. Porque las cosas siempre están cambiando en Nueva York. Es una ciudad constantemente en tiempo presente-continuo, moviéndose hacia adelante. Tú vas allí y puedes sentir el mundo cambiando, siempre en velocidad. Y, por supuesto, el Nuevo Museo es, ya sabes... nuevo.

-¿Qué idea o concepto primó en el diseño de ese espacio?

-Para nosotros (SANAA), la idea de llevar a cabo este Nuevo Museo fue la misma que la que tenemos de la ciudad. Cuando miras a Nueva York, la mayor parte fue construida en el siglo XIX. Queríamos hacer un edificio realmente nuevo, del siglo XXI, apropiado para un museo en una ciudad que siempre está en el negocio de definir lo que es nuevo. Un edificio que siempre tenga la idea de “lo que vendrá”.

 

NO "CENTRO", NO "PERIFERIA"

-Para explicar su trabajo, ¿siempre parte mostrando una pintura de una antigua ciudad de Kyoto del siglo XVIII? ¿Por qué?

-Sí, porque creo que esa pintura es el ejemplo más importante sobre cómo es hoy la arquitectura en Japón. Esto porque creo que hay dos cosas muy importantes en la conformación de la construcción de las ciudades: primero, que no hay un "centro" de la ciudad como lo conocemos hoy, y por tanto, también desaparece el concepto de periferia.

-¿Qué pasa cuando desaparece el concepto del "centro" en una ciudad?

-Hay dos cosas interesantes en el modelo del siglo XVIII que hoy hemos ido manteniendo en la arquitectura japonesa: la desaparición del centro, y con ello, vemos cómo la inclusión de la naturaleza está presente en todas las ciudades, y no solo en lugares determinados, sino que aparece en toda la ciudad.

-¿La naturaleza y la ciudad, entonces, podrían convivir armónicamente?

-Sí, con la planificación adecuada pueden existir ambas, tranquilamente. Si vemos la planificación de la arquitectura japonesa, no existe el "centro", sino muchos centros y pocas periferias.

-¿En que se transforma una ciudad sin centros?

-Sin centros, una ciudad en más democrática, con usos de espacios más igualitarios y con la convivencia de la naturaleza, lo que tiene un profundo significado en mejorar la calidad de vida de las personas que la habitan. Podemos tener a muchas personas haciendo diferentes actividades en diferentes partes de la ciudad y no concentrados solo en un espacio. Todos usan la ciudad en una forma más democrática.

-¿Podemos en Latinoamérica tener estas ciudades de arquitectura democrática?

-Sí, están todas las condiciones en Latinoamérica para promover este tipo de arquitectura democrática. Además, el mundo está girando hacia una dirección más inclusiva, donde todos los habitantes de una ciudad puedan aprovecharla de igual forma.