Evaluación de empleados: ¿qué tan odiosas pueden ser las comparaciones?
Vivimos en un mundo lleno de comparaciones y de rankings. El consumidor recurre a ellos para, por ejemplo, comparar los aparatos de alta tecnología más recientes. Los padres y legisladores confían en ellos para evaluar escuelas y otras instituciones públicas; los aficionados a los deportes los utilizan para analizar las oportunidades de su equipo. Pero, ¿qué pasa cuando el ranking se usa en la oficina para evaluar el rendimiento de los empleados?





